Nadie sabe nada o nadie se lo sabe todo. Nadie puede saberlo todo, eso está claro. La idea es considerar que nuestra vida es un proceso de aprendizaje, que tenemos mucho que aprender que, como dice el refrán, cada día se aprende algo nuevo y, muy probablemente, el día en que no aprendemos nada, seguramente será un día perdido.

Es probable que valoremos a alguna persona erudita que es capaz de contestar muchas preguntas con acierto o quien gana un premio en la televisión. Es cierto que hay personas que entienden mucho de una materia y pueden asombrarnos con sus conocimientos. Sin embargo, es digna de admiración y una maravilla la afirmación socrática “sólo sé que no sé nada” y deberíamos hacerla nuestra.
No se trata de considerar únicamente el desconocimiento sobre un tema o aspecto, sino que siempre he entendido esta idea como el deseo de aprender. No sé nada, pero estoy dispuesto a aprender a conocer a saber más. También es muy interesante la idea que nos invita a pensar que todavía hay mucho por saber, por conocer por aprender. Nuestro conocimiento es limitado e insignificante, en relación con todo lo que podemos saber y aprender en nuestra vida.
En ciertos momentos siento la dicotomía del saber en relación con los eruditos. Es decir, se valora muchísimo a quien domina, quien conoce en profundidad un tema. Un médico especializado en cirugía de los pies, un policía experto en interrogatorios y saber si el sospechoso engaña o tal vez una matemática capaz de hacer comp lejísimos cálculos. En el otro lado de esta dicotomía nos encontramos con quien domina muchas disciplinas o quien tiene ciertas habilidades para tocar música, cantar, se defiende en algún deporte, escribe más o menos bien… ¿Qué es mejor especializarse y tener una vida dedicada a una sola disciplina o tener cierta multidisciplinariedad?
Personalmente me inclino por las múltiples disciplinas y es lo que trato de promover personalmente. La razón es bastante sencilla. Si un mecánico especializado que dedica toda su vida a los coches, tiene un taller, por las tardes y tiempo libre estudia los coches, corre en alguno que tiene preparado. Si por un revés de su vida, tuviera que dejar de ser mecánico, probablemente se sentiría desdichado. Sin embargo, una persona que tiene su pasión dividida que dedica tiempo a la música, su trabajo es en otra actividad diferente, le encanta y practica algún deporte. Sucederá que si, por casualidad pierde alguno de las actividades que desarrolla, siempre tendrá alguna otra con la que motivarse.
Por tanto, la cuestión será aprender, diversificar nuestro aprendizaje, desde la formación en nuestro empleo, pasando por la música o un nuevo idioma. Y de un modo especial, nunca dejar de aprender. Existía la creencia terrible de que a cierta edad ya no se podía aprender. Sin embargo hoy se sabe que podemos aprender siempre, que nos mantiene vivos y felices. Por tanto, recordemos la frase de Sócrates: “Sólo sé que no se nada” porque es poco lo que conozco y porque tenemos siempre tener sed de conocimiento
Un último apunte podría ser la necesaria humildad para poder aprender. Si lo sabemos todo, si consideramos que somos eruditos, si creemos que no hay nada más que aprender, la cosa será bastante complicada. Así que en relación al saber, será necesario finalmente algo de humildad, para entender que no lo sabemos todo y nos queda siempre mucho por aprender.
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