Hay quien dice mejor solo que mal acompañado. Pero resulta que todo apunta en lo contrario, mejor en compañía. Sin embargo esto genera cierta división interior si queremos ser coherentes o consecuentes con lo que se suele decir por el mundo del crecimiento personal. Vamos a ver ¿tenemos que meditar y desarrollar nuestra vida interior? Si. Sin duda. Pero también nos dicen que para lograr una vida feliz hemos de tener buenas compañías ¿Entonces en qué quedamos? ¿Solos o acompañados?

Pues está claro. Fácil. Como siempre hemos dicho por aquí. No hay que polarizar. No hay que irse a los extremos. Hay que llevar una vida con mesura, huyendo de los extremos, con serenidad. Obviamente, necesitamos tiempos de compartir con otras personas y tiempos en soledad, de reflexión y meditación. Las dos cosas son fundamentales y necesarias.
¿Qué pasaría si nos vamos a los extremos? Seguramente, aunque pueda funcionar un tiempo, a largo plazo y, de forma general, la cosa no iría bien. Hablo de general. Es decir, si ponemos por caso estar en soledad, el ascetismo, marcharnos a una montaña aislada del mundo y vivir allí como ermitaños, puede funcionar y, de hecho, para algunas funciona y es bueno. Pero en general no nos va bien. Es posible que no soportemos ese nivel de soledad y que acabemos algo “tarumbas”. Pero, hay que insistir que a lo largo de la historia y, también en la actualidad hay personas que deciden vivir una vida ascética y les va muy bien, con retiros de silencio y soledad. Pero hablamos en general, para la mayoría, puede que no nos funcione.
En el otro caso. Un exceso de relaciones sociales en las que estamos siempre con otras personas, tenemos una vida social increíble, llena de actividades en la que no tenemos tiempo ni para descasar. Nuestro día empieza en el trabajo o el estudio, siempre con personas, tomamos la comida en compañía —como debe ser— luego por la tarde al salir del trabajo tenemos múltiples compromisos sociales de deporte, ocio, actividades, llegamos a casa exhaustos con el tiempo justo de ir a dormir y al día siguiente lo mismo. Los fines de semana no cambian mucho porque siempre quedamos con personas con las que tenemos planes para realizar diferentes actividades deportivas y de ocio. Seguramente en este otro caso, terminaremos exhaustos, sin tiempo para pensar, como atrapados en una vorágine que no nos deja sentirnos bien porque parece como si no viviéramos nuestra propia vida. Es probable que nos encontremos cansados, exhaustos, sin conocernos realmente ni saber lo que queremos.
¿Tiene sentido alguno de los dos extremos? Seguramente no. Ni una cosa ni la otra. Ni quedarnos aislados en una cueva, ni tener tanta vida social que nos impide tener tiempo para nosotros/as mismos ni para pensar. El punto ideal es el central. Teniendo al día ciertos tiempos de meditación, tranquilidad, de calma y de interioridad y otros tiempos para compartir con ciertas personas.
Por cierto que los estudios no nos hablan de tener una intensa vida social, sino tener algunas buenas relaciones, estables y seguras. Es por eso que no hay que confundir una intensa vida social con mejor calidad de vida o mejor bienestar, sino tener relaciones buenas, estables en el tiempo, que nos aportan y con la que compartir nuestra vida.
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