Escuché a una persona, cada vez son más, los que dicen estar cansados/as de esta época del año. Un despilfarro absoluto, comidas abundantes, bebida a tropel y obligados a estar felices. Así que debe ser serio lo de no estar felices en Navidad, sino todo lo contrario: aburridos de empezar con la alocada carrera de compras que empieza desde noviembre, siguiendo por las fiestas, luces, alegría obligada y tantas otras cosas.

Sin embargo, la cuestión es más bien, ser coherente y consecuente con lo que hacemos y decimos durante este periodo de tiempo y también durante el resto del año. Si no quieres estar feliz, no pasa nada, tampoco si no quieres comprar o regalar, si no te gustan los reyes magos o san Nicolás.
No quieres ir a la cena de Navidad de la empresa: no vayas. No te apetece la comida con la familia: no la hagas. Pero si que es más que recomendable que aquello que hagas o dejes de hacer te haga más feliz y esto es muy importante.
Si decides no ir a la comida de empresa, pero luego te lo vas a pasar en tu casa sentado en el sillón, pensando en lo bien que se lo estarán pasando, mal asunto. Si decides no acudir a la Cena de nochebuena o nochevieja pero estarás en casa pensando si la comida estará buena o el karaoke será divertido y lo bien que están tu familia o amigos… pues tampoco estará bien.
La clave en estos días es que hagas lo que hagas, pásatelo bien. Yendo o quedándote; en un lugar o en otro, hagas lo que hagas, disfrútalo y sé feliz. El mayor problema que se detecta a veces es que quienes no quieren ir, quienes lo pasan mal por estar contrariados, quienes no le gusta la fiesta, no se lo pasan bien en ningún sitio. Da igual que vayan como que no, no serán felices en ningún lado.
Por tanto la propuesta es ser coherente. Disfruta de lo que decidas por todo lo alto. Celebra lo quiera que hagas: yendo a la fiesta, comprando o sin comprar. Celebra la vida y todo lo bueno que nos ofrece. Y no, no hay que ser feliz en Navidad; Hay que ser felices siempre, cada día o al menos intentarlo.
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