Los ritmos y las luces de navidad

Como cada año ya se huele la Navidad. En muchas ocasiones hemos hablado de la velocidad con la que en algunos lugares se prepara esta fiesta. Hay quien se queja de los agobios por este motivo y, no es para menos, porque apenas finaliza el verano y ya se empieza a colocar el alumbrado navideño. No es ninguna exageración, en algunos lugares del entorno, desde el mes de octubre empezaron a instalarse las iluminación, sin encenderse claro.

Sin embargo, la propuesta de hoy va en torno a los ritmos, nos movemos entre dos ambientes marcados. En el tiempo laboral generalmente en un mundo más urbano, no es una gran ciudad, pero limítrofe a la capital de provincia donde todo se contagia. Por allí se colocaba el alumbrado navideño bastante pronto. Ya está preparado para que el día señalado se encienda (que no faltará mucho) Mientras los fines de semana estoy en un ambiente más rural, con más calma, en un pueblo alejado, donde se descansa mejor, donde pare que el tiempo y el ritmo es otro.

Ahí viene la clave: en esos lugares más tranquilos, más alejados del ruido de la ciudad, todavía no hay rastro de luces de navidad. Es otro ritmo, es otro tipo, la cosa allí va con más calma, con más paz, de otra forma ¿Es que no van a poner alumbrado navideño? Si, claro que si. Pero lo pondrán a su debido tiempo. Cuando toque, cuando llegue. También habrá un alumbrado fantástico, pero con otro ritmo, con otra calma.

De ahí la reflexión, parece que queremos ir demasiado rápido poner las luces antes, llegar antes, todo pronto… todo rápido. Me pareció simpático en algunas tiendas ver como cambian de Halloween a Navidad, sin inmutarse y apenas quiten los árboles y luces, pondrán los disfraces de carnavales, vendrá el periodo de camping y luego los bañadores… y así parece como que no disfrutamos de nada, que todo va corriendo, de prisa.

Vayámonos a una isla real o inventada, de calma, de paz, donde las cosas vayan a otro ritmo, donde la vida sea distinta, donde disfrutemos de las cosas, sin prisa, con calma, con tranquilidad, donde los ritmos sean diferentes, sean otros, deán de calma y viviendo cada instante. Que no parezca esta vida la rueda del hámster que no tiene fin y que siempre andamos corriendo en ella.

Hago una apología a la paz, a la tranquilidad al otro ritmo, al de vivir con serenidad y calma, disfrutando de lo que toque en el tiempo que toque, sin prisa, con amor y sosiego. Será que ya nos estamos haciendo mayores y los ruidos, las prisas no nos parece una buena forma de vida

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