No es fácil pensar y hacer, no es fácil que estemos alineados entre lo hacemos y lo que pensamos, entre lo que planeamos y lo que ocurre verdaderamente. Sin embargo, llevar una vida alineada no es lo más común. Cuando nos encontramos con que nuestros planes no salen como estaban previstos, nos enfadamos y lo cambiamos todo. Llevar una vida alineada consiste en seguir adelante pese a las dificultades, pese a que no salga todo como estaba previsto.

Los diferentes acontecimientos hacen que cada situación cambie. Puede que planeemos un maravilloso día en la playa y de pronto empiece a llover. Puede que queramos ir de paseo a un determinado lugar y un accidente impida el paso y no podamos llegar. Puede que espere vender algo en una tienda de segundas oportunidades y no lo quieren ni regalado.
Lo fundamental en situaciones en las que todo se desalinea, cuando se tuercen nuestros proyectos, cuando sucede el peor de los imprevistos es pensar en nuestra meta. Es posible que no podamos ir a la playa, pero lo haremos en otro momento. Si nos encontramos un atasco que va a estropear una fantástica tarde, podemos buscar un atajo, si no nos compran ese producto que consideramos valioso, es posible que debamos conservarlo, porque para nosotros tiene un valor importante que otras personas no han tenido en cuenta.
Es normal que cuando algo sucede de forma repentina, nos enfademos momentáneamente. No somos máquinas y si de pronto, se desbaratan nuestros planes nos sentiremos mal. Sin embargo la idea es más bien volver, en un tiempo prudencia, a nuestra estabilidad y seguir adelante a por nuestros objetivos.
Lo que no debería ser normal es que si hacemos algún plan, si nos proponemos alguna meta, cuando surge algún inconveniente, dejemos atrás la meta y tiremos todo por la borda. Si llueve, disfrutemos de la lluvia, si hace sol, disfrutemos del día. No tiene mucho sentido que hagamos un plan y ante un pequeño inconveniente, nos volvemos a casa muy enfadados y pasemos el resto del día de mal humor y enojados.
No perdamos el objetivo de nuestra vida y de nuestros planes, que no siempre son en línea recta. No hay nada perfecto. No siempre llegamos por el camino más fácil, sino que hay que bordear, cambiar, improvisar y todo eso forma parte de la vida, de una vida alineada.
Deja una respuesta