Si andas buscando la felicidad, no te preocupes, no la encontrarás. Ella sabe donde encontrarte. Un estudio realizado por la Universidad de Toronto y publicado Applied Psychology: Health and Well-Being en concluye que la búsqueda de la felicidad nos deja poca vitalidad y energía para tomar buenas decisiones. Así que lo mejor será dejar que la felicidad nos encuentre, en lugar de buscarla.

Pero… ¿y si no me encuentra? Entonces ya eres feliz. Mucho se habla últimamente de la búsqueda de la felicidad —seguramente a raíz de la publicación de ese estudio— que constata lo que ya sabemos, aquello que buscas no lo vas a encontrar ¿Cuántas veces se te pierde un objeto en casa y por más que das vueltas no lo hallas? Y luego, justo cuando estás tranquilo o tranquila, buscando otra cosa, allí aparece.
Pues así de simple, así de idéntica es la búsqueda de la felicidad. Si estamos continuamente buscando como locos/as el bienestar, estar de la mejor manera posible, seguramente se alejará de nosotros. Es como el que va por el campo y encuentra una bonita mariposa que persigue pero no se está quieta para observarla. Cansado de correr tras ella, se sienta a descansar y entonces la mariposa aparece y se pone delante de nosotros.
Hay veinte mil ejemplos más de cómo funciona la cosa. Podríamos escribir novelas sobre lo mismo. Pero no cabe duda que la idea sigue siendo la misma que nos cuenta ese estudio. No por mucho buscar llega antes. No por obsesionarnos con la felicidad, vamos a ser más felices. No por tratar de recrear momentos felices en cada instante vamos a ser más felices.
Es probable que pensemos, por ejemplo, que si el chocolate me da felicidad, me atiborre a chocolate. No tiene sentido. Porque al final será un alimento tan normal en mi dieta que ni me daré cuenta. Al final ni siquiera me gustará el chocolate. La felicidad, como tantas otras cosas en la vida, vienen y van. No podemos estar en una felicidad perpetua, quien diga que siempre está feliz, miente. Tampoco es adecuado estar en un estado de tristeza permanente.
Lo normal es que se alternen ambos estados. Que existan momentos de alegría de felicidad y momentos más melancólicos. Ninguno de los dos es malos. El problema estaría, como ya hemos compartido alguna vez, pretender estar siempre en uno de los extremos. Para mi la felicidad no es el alegrón del día o la sonrisa del chiste o cualquier otra sensación placentera. Más bien la felicidad es un estado de mesura, de tranquilidad, de paz interior. Considero la felicidad más un estado de calma, que un momento de subidón.
Pretender correr detrás de la mariposa de la felicidad genera unas expectativas que nunca llegan o que cada vez han de ser superiores. Tratar de correr detrás de esa mariposa, nos cansa, nos agota y nos deja con una mayor sensación de infelicidad que si simplemente disfrutáramos de cada instante y ya. Simple, fácil eso es la felicidad. Lo otro puede ser placer, alegría momentánea, exaltación, fiesta… pero la felicidad es algo más sencillo… y ella te encuentra cuando menos te la esperas: en una puesta de sol, en un paseo por el campo, en una conversación, en un encuentro inesperado… en el olor a un buen café… en las cosas sencillas…
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