A la muchacha le costaba tomar decisiones. Siempre pedía opinión a su grupo de amigas. Su ropa, la música que escucha, los lugares a los que salen, casi todo contaba con la aprobación de otras personas. Así, su vida transcurría casi como una marioneta, que necesita, en todo, la aprobación, la ayuda, de otros.
En cierta ocasión, casi como en una Epifanía, toma conciencia de su vida, que es capaz de tomar decisiones para bien para mal, con errores o sin ellos, empieza a darse cuenta que ella es ella, que yo soy yo, que tu eres tu.









