Parece una tontada o dicho de otra manera una perogrullada, pero no es tan obvio. Porque hay muchísimas cosas que sabemos pero no le hacemos caso. Por ejemplo, sabemos que hacer deporte, cuidarnos, tener unos hábitos saludables y una dieta adecuada es bueno para nuestra salud, pero…
Parece otra burrada contradictoria, pero no lo es. Tus emociones no están aquí para hacer tu vida más difícil, sino para decirte algo. Sin ellas, no podrías crecer. A veces no nos gusta sentir nada malo, sino que preferimos un estado de felicidad y bienestar ¡A todo el mundo le gusta estar happy todo el día! Pero la vida no es así, nuestra vida no es así, porque nos encontramos de todo. Tenemos cosas buenas y malas, tenemos momentos mejores y peores, tenemos situaciones con las que vivimos mejor y otras peor. No existe, o al menos no debería existir, una vida siempre feliz, siempre happy —por mucho que nos lo quieran hacer creer—, como tampoco existe, ni debería existir una vida que es un drama continuo, porque sería insoportable.
Dicen los neuropsicologos y quienes entienden de eso, que nuestro cerebro no es un pen drive, ni un disco duro. Esto es que en una unidad de guardado informático, ponemos una foto, un documento, un vídeo o cualquier cosa y la recuperamos pasado el tiempo en idénticas condiciones a las que pusimos. Sin embargo, con nuestros recuerdos no pasa lo mismo.
Si tenemos que tratar de demostrar algo, aparentar algo, seguramente algo no estaremos haciendo bien. Lo ideal es ser transparentes, que lo que hacemos, decimos y pensamos estén en consonancia. Así no hay nada que demostrar, no hay nada que fingir, porque todo en nuestra vida es igual, es una persona misma, no distintas formas de ser dentro de un mismo cuerpo.
Está entre interrogantes, si. De las tantas cosas que leemos y vemos para hallar la felicidad está la ayuda. Está demostradísimo que hacer algo por los demás, participar en un acto solidario, ayudar al vecino, a quien nos solicita algo, nos genera felicidad. Lo que llame la atención es que, de algún modo, se está pervirtiendo esa ayuda. Por tanto ¿tiene sentido practicar la solidaridad para conseguir mi bienestar? ¿Es normal ayudar a quien lo necesita para mi placer y mi mejora personal? ¿No sé está siendo algo egoísta?
Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad actual es la independencia e individualismo. Nos envían muchos mensajes del “happy wonderful” que nos dice que “tu puedes”, “primero yo” “hágalo usted mismo” y así consideramos que la autosuficiencia y la independencia ha de ser una de las características fundamentales de la persona.
Somos un país deseoso. Tenemos sueños, aspiraciones y metas que hemos de cumplir. Nos hacemos expectativas, planeamos la próxima escapada, las fiestas o la Navidad. Estamos en continuo planeamiento o deseo. Todo eso está muy bien sino fuera porque nos estamos olvidando un poquitito de vivir el presente.
No paramos. No tenemos tiempo ni para respirar ¡Estoy super agobiad/a! Y alguna versión más moderna de este cansancio ¡No me da la vida! ¡Necesito más horas al día! Estoy disponible 24/7 y eso es mucho. ¡No puedo más! Seguramente esas frases nos resultarán familiares. La habremos escuchado en alguna ocasión. Vamos por la vida bastante cansados, deseando que llegue el fin de semana para cansarnos de ver series o para salir con amigos y cansarnos un poco más con cualquier otra actividad.
Ya lo sabíamos ¿no? Cuanto más lo piensas, mas te cuesta. La verdad es que bien visto, parece una extraña paradoja. Cuando más deseamos algo parece como que más se aleja. Pero no siempre es así, porque si no, nadie lograría sus metas. Por eso que es algo realmente extraño. Por un lado si queremos conseguir algo, pensemos por ejemplo en los deportistas, no paran de visualizar, pensar y prepararse para su objetivo, como forma de lograrlo. Y por otro lado, sucede que por mucho que queramos conseguir la lotería o la felicidad, parece que sólo que pensarlo y desearlo no basta.
Cuanto más pensamos en la felicidad, más se nos escapa(más…)
En la vida tenemos algunas drogas buenas. La retroalimentación es una de ellas. Nos produce cierto bienestar el que seamos capaces de nutrirnos de experiencias que pueden hacer la vida mejor. Recientemente hablábamos de la fuerza de voluntad o de la escasez de esta. Alguien proponía «no tengo fuerza de voluntad ninguna, me resulta casi imposible hacer una dieta, aprender algo nuevo o hacer deporte. Es como si toda la desgana para todo me invadiera.