Autor: suso.marrero@gmail.com

  • Di algo bonito

    Tan fácil como un simple “Gracias”. Tan sencillo como un “por favor”. Tan lógico como un: “Buenos días, buenas tardes o buenas noches” y sin embargo, nos cuesta mucho decir cosas buenas cada día. ¿Será que el estado natural o casi natural de la persona es andar un poco contrariado, enfadado o alerta?  Es probable que hayamos heredado a lo largo de muchos años ese estado permanente de inquietud, de alerta ante posibles amenazas para nuestra supervivencia y, lógicamente, nuestro cuerpo no está programado para la felicidad ni la alegría, sino para sobrevivir.  Seguramente por eso andamos de bastante mala leche cada día porque no estamos diseñados para ser felices, sino para sobrevivir y la supervivencia está más asegurada con agresividad que con felicidad. 

    Photo by Lisa from Pexels on Pexels.com
    (más…)
  • ¿Dónde está mi atención?

    Ando buscando la atención por todos lados. Está dispersa. No la encuentro.  Trato de centrarme y no puedo, intento concentrarme en leer un párrafo y parece como si estuviera escrito en otro idioma. ¿Alguna vez te ha pasado eso? Parece que no puedes concentrarte, que todo te distrae, que nada es capaz de mantenerte en una actividad en un tiempo, que siempre estás cambiando. Es más, necesitas estar cambiando continuamente de actividad para sentirte bien, porque cualquier cosa mantenida en el tiempo te aburre. ¿Te sucede esto?

    (más…)
  • Una vida desde el aprecio

    Vamos demasiado rápido, ¿no crees? Más ahora que pasó la Navidad y ya estamos con el Carnaval encima. Es como un sinvivir, como dirían algunos. Parece como si fuéramos a 200 kilómetros por hora en la autopista, todo el rato y con deseo de parar, de salir, de detenernos en un área de servicio y tomarnos un descanso, respirar.  Pero parece que hay algo que nos obliga a mantener pisado el acelerador a fondo, siempre, todo el rato, sin mirar atrás y sin disfrutar del paisaje.  

    Apreciar lo que nos rodea…
    (más…)
  • Peor solo, mejor bien acompañado

    El dicho no dice eso, sino justo todo lo contrario. Hoy, parece que lo que vale es el individualismo y el estar bien yo, cuidarme yo, tener buen físico yo, comer bien yo, viajar yo con quien yo quiero a donde yo quiero y hacer lo que me plazca. Sin embargo, ahí no encontramos la felicidad, sino que se demuestra que las personas más felices y longevas son aquellas que tienen buenas y largas relaciones. Por tanto, peor solo y mejor bien acompañado. Aunque no hay que quitarle mérito al dicho, antes que estar en una relación tortuosa, que nos agobia, que no nos permite ser felices… pues mejor solos/as, que estar aguantando estupideces.

    (más…)
  • ¿Cuánto te quieres?

    Seguramente poco. Y la cuestión es ¿por qué nos queremos tan poco? La verdad es que si lo consideramos en profundidad nos queremos poco y mal. ¿Te has fijado en las cosas que te dices? Que sí un desastre, que sí no doy una, soy incapaz, todo lo hago mal… entre otras lindezas que cada día se nos pasan por la cabeza. Y es por eso por lo que quizá, no sé si como propósito de año nuevo, deberíamos aprender a querernos un poco. 

    (más…)
  • Ser feliz a pesar de…

    Podemos poner en los puntos suspensivos cualquier cosa. Lo que queramos, todo aquello que nos imposibilita la felicidad o que nos hace un poco —o un mucho— infelices. Los problemas, esa relación complicada, el trabajo, el estrés, los políticos corruptos, el desempleo, la falta de recursos, el no llegar a fin de mes, el no poder cumplir con todos los compromisos y no poder llegar a todo, esa relación tortuosa, el pasado terrible o el futuro incierto.  La cuestión es tratar de ser felices a pesar, o mejor dicho, con todos esos ingredientes. Cosa que no es fácil ni muchísimo menos. Pero si nos pasamos la vida esperando a que cambie en esa relación, a que tenga más recursos, a que encuentre un trabajo, a que tenga todo aquello que anhelamos, seguramente, no seremos nunca felices, cosa que, me da la sensación, ocurre con mucha frecuencia. 

    Ser feliz con lo que tenemos…
    (más…)
  • Los excesos y los encuentros de Navidad

    Mucho cuidado. Hay que tener mucho cuidado con todo lo que se nos avecina en las próximas semanas. Fiestas, encuentros, desencuentros, excesos y, esperamos, que mucha alegría, sin problema. En ambos casos la recomendación es muy estoica. Usar la moderación, siempre.  Sin excesos, no tendremos ningún tipo de problema. Sin irnos hacia cualquiera de los extremos la cosa irá muy bien.  En estas celebraciones, usando la moderación todo irá perfectamente. Vamos a compartir algunos de esos excesos. 

    Tiempo de encuentros y de excesos
    (más…)
  • Siempre huyendo 

    ¿Nos pasamos la visa huyendo? A veces parece que sí, que estamos tratando de escapar. Parece que andamos en situación de evitación, como de equilibrio en un campo lleno de minas o situaciones negativas. Ante todo ese mal que nos agobia, puede existir esa sensación de huida, de agobio, de cansancio. Este modo de escape se ve incrementado al tratar de evitar cosas: si no me hace feliz, no lo quiero; si no me motiva, no me interesa; si no está de moda, es importante o lo que todo el mundo hace, tampoco lo quiero. Andamos, seguramente, en ese modo de huida, evitación, corriendo, perdiendo nuestra paz y alegría. 

    Parece que vamos siempre huyendo…
    (más…)
  • Un buen menú

    Tiene que tener muchos ingredientes deliciosos: unos buenos entremeses y un postre delicioso. Un buen libro, por ejemplo, tiene también otros ingredientes llamativos, lo mismo que una película.  Pero si nos ponemos a mirar con detenimiento, es probable que todos tengan algo en común. Un buen comienzo y un buen final.  Algunos lo llaman el bocadillo, en el sentido de que se debe empezar y terminar bien. Eso, según los entendidos, deberíamos extrapolarlo a nuestra vida. Si queremos una buena vida, deberíamos valorar tener un buen comienzo y buen final en cada día. 

    Un buen menu debe contener….
    (más…)
  • Hay que cuidar al copiloto pero sin hacerle mucho caso

    ¡Casi nada con los copilotos! En algunos casos son buena gente, van a nuestro lado tranquilos/as disfrutando del paisaje, hablando de alguna cosa interesante, compartiendo sensaciones, tiempo, alegrías, preocupaciones.  Pero, en cambio, hay otros copilotos que nos dan ganas de lanzarlos fuera.  Hay casos en los que probablemente nos gustaría que el sillón de al lado fuera eyectable, como el de los aviones, y apretar un botón y lanzarlos fuera. Es aquel que nos va diciendo continuamente: ¡cuidado!, ¡mira ese que se mete!, ¡frena!, ¡ya puedes!, ¡ahora no!, y, si lo dejas, apenas pones el intermitente para aparcar, se baja del coche para avisarte, aunque tengas sensores, cámaras y aparcamiento automático. ¡Madre mía, qué sufrimiento!

    Hay que cuidar al copiloto
    (más…)