Tan fácil como un simple “Gracias”. Tan sencillo como un “por favor”. Tan lógico como un: “Buenos días, buenas tardes o buenas noches” y sin embargo, nos cuesta mucho decir cosas buenas cada día. ¿Será que el estado natural o casi natural de la persona es andar un poco contrariado, enfadado o alerta? Es probable que hayamos heredado a lo largo de muchos años ese estado permanente de inquietud, de alerta ante posibles amenazas para nuestra supervivencia y, lógicamente, nuestro cuerpo no está programado para la felicidad ni la alegría, sino para sobrevivir. Seguramente por eso andamos de bastante mala leche cada día porque no estamos diseñados para ser felices, sino para sobrevivir y la supervivencia está más asegurada con agresividad que con felicidad.

Sin embargo, habitualmente no tenemos que salir corriendo calle abajo porque nos persigue un león o tenemos que levantarnos cada mañana para ver qué conseguimos para alimentarnos. Es por eso que deberíamos ir dando algunos pasitos para dejar esos agobios y preocuparnos de ser felices. Todo eso se empieza con pequeños pasos. Y por eso te propongo decir algunas cosas bonitas. Un simple cumplido alegra la vida de cualquiera. Cuando felicitamos a cualquier persona por su trabajo, por cualquier cosa o simplemente das las gracias, su autoestima aumenta, se siente feliz y contenta por compartir tiempo y espacio con una persona amable.
La admiración genera muchas cosas maravillosas. La admiración tiene muchas vertientes y genera en cada cual un montón de cosas buenas. Generalmente admiramos a personas muy lejanas. Gastamos nuestro tiempo y nuestra energía en valorar el trabajo de un cantante, actriz, persona popular —que no digo que no lo merezcan—, pero a lo mejor también tendríamos que dedicar un poquito de esa misa admiración a las personas más cercanas. Fundamentalmente porque, muy probablemente, a esa persona famosísima, no la vamos a conocer nunca y no podremos mostrarle nuestra admiración y, sin embargo, a quienes tenemos a nuestro alrededor sí que podemos regalar un poquito de esa admiración.
Por eso te propongo que admires a las personas que tienes cerca. Un gesto amable, un gracias, un por favor, es absolutamente maravilloso. Gracias por la comida, está muy buena la comida, te ha quedado perfecta ese lugar que has decorado, es perfecta esa chapuza que realizaste en casa y tantas otras cosas son fantásticas para una buena relación y la autoestima.
Admira a las personas con las que te relacionas habitualmente. Agradece y admira a la persona que te atiende en el supermercado, a quien hace la limpieza, a quien te atiende en la cafetería. Dar un cumplido mejora, no sólo la autoestima de quien lo recibe, sino también la nuestra porque generamos una cadena de buen rollo que no tiene fin. Una vieja historia dice que el empleado fue insultado por su jefe en el trabajo, fue lanzando improperios hasta llegar a casa e insultó a su mujer, la cogió con su hija mayor por alguna tontería y la hermana con su hermano pequeño que terminó maltratando a su mascota. Imaginemos esta historia al revés. El jefe hizo un cumplido a su empleado, él fue saludando y alegre hasta llegar a casa…
También es verdad que cuando se empieza una cadena de mal rollo, podemos cortarla simplemente con un cumplido a alguien, diciendo algo bonito a otra persona, con un simple gracias o por favor… Hay una clave importante: Somos responsables de nuestros sentimientos. Las emociones son inevitables, pero lo que hacemos con ellas —con nuestros sentimientos— eso sí es responsabilidad nuestra y romper una cadena de malas vibras, depende de cada uno. Es verdad que nos tomará cierto tiempo. Si nos abroncan por cualquier cosa, nos sentiremos mal durante un tiempo, pero pasado ese necesario momento, somos nosotros/as los que debemos decidir cortar e insertar en nuestra vida cosas bonitas. Así que la propuesta es fácil ¿Te atreves a decir cosas bonitas?
Deja una respuesta