Autor: suso.marrero@gmail.com

  • El arte de elegir bien

    Continuamente elegimos. Seguro que ya lo sabemos, no es una novedad. Sin embargo, lo realmente importante es saber elegir.  En muchas ocasiones, en la mayoría, se podría decir, no elegimos de manera consciente ni conveniente.  Es, probablemente, porque vamos casi siempre en piloto automático. Nos dejamos llevar por las circunstancias, por lo que nos rodea y así, no elegimos demasiado. Pero resulta que en nuestras elecciones “se nos va la vida” como se suele decir. Elegir bien, elegir de manera responsable y consciente, es clave para nuestra vida.  

    El arte de elegir bien
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  • ¿Perdemos mucho el tiempo?

    Es una buena pregunta. En ocasiones tenemos la sensación de haber perdido el tiempo. En una reunión inútil, viendo series o películas que no nos decían nada, aburriéndonos, jugando con las pantallas… es terrible esa sensación de habernos perdido algo, que se nos fue un día, un fin de semana o cualquier otro instante en el que aparentemente no pasó nada. Sólo el tiempo poco aprovechado.  

    ¿Perdemos demasiado tiempo?
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  • Prefiero la alegria

    Puestos a elegir, prefiero la alegría. Pero no una alegría ruidosa, que escandaliza o llama la atención en forma de risotada para que los demás crean que somos felices, no. Prefiero una alegría serena, calmada, pacífica que brota del interior como un manantial de agua fresca. Una alegría que nos hace caminar con paz interior, con mirada firme y atentos al presente.  Una alegría que no se escenifica necesariamente con la sonrisa o el postureo que se pone explícitamente para las redes sociales o cuando hacemos una foto.  No una alegría externa maquillada de superficialidad y sin consistencia. Me gusta la alegría como desafío cada día y como motivación para seguir caminando hoy en el sendero de la mejora personal. 

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  • Un paso más hacia el autoconocimiento

    Conócete a ti mismo es una frase atribuida a Sócrates y que está escrita en el Templo de Apolo en Delfos, que nos invita a la introspección. Lógicamente tenemos y debemos conocernos. Sin saber cómo somos, qué queremos, no podemos encontrar la felicidad. Es un poco como ir a ciegas. En el caso del amor, se suele decir que no podemos amar a otros/as si no nos amamos primero. No podemos comprender el mundo sin comprendernos primero. Seguramente si me conozco, si sé de qué van mis sentimientos y emociones, podré, por analogía, saber cómo son los demás.

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  • Cosas sencillas y mente curiosa

     Dos claves más para la felicidad, la sencillez —algo de lo que cada vez estoy más convencido— y una mente curiosa, ocupada, despierta y crítica, son otras claves que me parecen interesantes para lograr un poco más de bienestar.  No cabe ninguna duda de que recibimos muchísimas influencias y, aunque no queramos reconocerlo, hay muchas personas interesadas en manipularnos para conseguir beneficios.  Desde crear productos que no nos hacen falta para nada, pero que nos venden como híper necesarios para beneficios de algunos pocos. Por eso es que una combinación de sencillez y darle una vueltita a las cosas nos va a aportar muchísimos beneficios. 

    Lo sencillo nos aporta felicidad
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  • Lo que te enfada, te controla

     Consideramos absolutamente normal enfadarnos por cosas que suceden en nuestro día a día. Somos humanos y no podemos evitar que una situación injusta nos moleste y nos enfade. «es que me saca de mis casillas», «es que no lo puedo evitar» En alguna ocasión, además, normalizamos los ataques de ira. «Es normal después de lo que le hicieron» o ·está justificada la venganza, por todo lo que tuvo que soportar» Y así podríamos añadir una lista de justificaciones para nuestros enfados que, algunos/as consideran absolutamente normal. 

    Lo que nos enfada nos controla
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  • ¿Te atreves a ser el dueño de tus emociones?

    Es cierto. Es algo que se nos enseña desde niños: si haces algo mal o bien, tienes un castigo o un premio. Así, supongo, aprendemos lo que es nuestra responsabilidad. Nuestros actos tienen consecuencias, causa y efecto. Eres responsable, si no, no haber hecho lo que hiciste. En general, se nos pide ser responsable. Tienes que cumplir con las tareas que se te ponen de pequeño, tienes que ser responsable con tus actos —si haces algo malo o bueno debes asumir las consecuencias—. De mayores esa forma de funcionar también tiene su desarrollo en nuestra vida. Si cumples con tu trabajo no te despiden, si no cometes ninguna infracción llevarás una vida normal y no serás castigado. De ese modo nos acostumbramos a ser responsables.  Es seguro que no hay ninguna duda a ese respecto. 

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  • Nuestra felicidad depende más de lo que tenemos en la cabeza que en los bolsillos

    No es una frase mía, es de Schopenhauer. Pero son de esas que te encuentras por ahí, no sé muy bien dónde fue, si fue un grafiti, en algún titular, en algún sobre de azúcar. Lo que está claro es que no me dejó indiferente. Son de esas frases que te impactan y que te apuntas, porque sabes que tienen mucha miga. En principio viene a recordarnos aquello que algunos —no todos— tienen claro: la felicidad no está en el dinero sino en otras cosas. Algo con lo que estoy de acuerdo, la felicidad está en nuestra forma de pensar, de ser y existir, no por lo que tengamos ¿y eso qué supone?

    La felicidad está en nuestra cabeza…
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  • La soledad es buena consejera

    Nacimos solos y morimos solos. Vivimos solos . Bueno, me dirás que no, que no vivimos solos, sino que casi siempre estamos acompañados. Vivimos solos porque nadie puede vivir nuestra vida por nosotros/as. Somos los que tenemos que tener la conciencia de nuestra propia vida, algo que no pueden hacer otros/as. Es por eso que contradecimos el refrán para decir que la soledad es buena consejera. Tenemos el deber y la obligación de desarrollar una buena vida en soledad. Si no estás bien contigo mismo/a, ¿entonces con quién?

    Estar a solas de vez en cuando está bien
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  • Ayuda bien, sin saber a quién

    ¿Para qué haces deporte? Para bajar de peso y estar más “fit”… ¿Por qué llevaste al compañero a casa? Porque estoy seguro de que otro día, si yo lo necesito, él me llevará. ¿Por qué invitaste al cortado ayer? Porque así otro día me invitan ustedes… Así podríamos hacer una retahíla de preguntas y respuestas que no terminan y que tendrían respuestas parecidas. Casi siempre hacemos cosas porque esperamos tener un beneficio a cambio. Es probable que algunos piensen que el mercantilismo es la mejor forma de relación. Siempre hay que esperar algo a cambio. Por desgracia, nuestra sociedad casi está pensada así: trabajo por dinero, compro porque quiero darme un capricho, yo no voy a ese sitio a perder el tiempo. El fenómeno de la productividad, aunque tiene cierto envoltorio de algo nuevo, es tan antiguo como la persona. Queremos que todo lo que hacemos produzca algo. Si planto alguna semilla, espero que produzca mucho fruto. Obviamente, todo esto es bastante normal. No quiero plantar para que simplemente sea bonito, si construyo algún producto o limpio o pinto mi casa, es porque quiero que quede bien… espero algo a cambio. Por eso esa idea de productividad o mercantilismo está en la base de casi todo.

    Ayuda sin esperar nada a cambio
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