Conócete a ti mismo es una frase atribuida a Sócrates y que está escrita en el Templo de Apolo en Delfos, que nos invita a la introspección. Lógicamente tenemos y debemos conocernos. Sin saber cómo somos, qué queremos, no podemos encontrar la felicidad. Es un poco como ir a ciegas. En el caso del amor, se suele decir que no podemos amar a otros/as si no nos amamos primero. No podemos comprender el mundo sin comprendernos primero. Seguramente si me conozco, si sé de qué van mis sentimientos y emociones, podré, por analogía, saber cómo son los demás.

El conocerse a sí mismo o autoconocimiento lo considero fundamental en nuestra vida. No es que lo diga yo, desde antiguo lo afirmaba Sócrates, que de eso sabía mucho más que yo. Pero el autoconocimiento no es ensimismarse y subir a lo alto de una colina para aislarnos y olvidarnos del mundo como eremitas, sino que es un viaje de ida y vuelta. Es mirar hacia adentro y hacia afuera en relación con el mundo. No es igual, por ejemplo, el autoconocimiento hoy que hace cincuenta años. Desde muchos ámbitos se nos propone la reflexión y meditación, como forma de seguir caminando en la senda de la felicidad. Es reconocernos y valorar nuestras propias emociones, fortalezas, debilidades y valores. Fundamental para nuestro bienestar y para la felicidad.
Me atrevo a pensar y poner por escrito algunas claves o pasos para ese autoconocimiento. Lógicamente no hay que obsesionarse, ni agobiarse con ese conocimiento, sino que ha de ser un proceso mediante el cual podamos vivir de manera más serena, en paz, felices y satisfechos/as.
Observar. Es la primera clave. Tenemos que mirar. Si vamos por ahí como pollos sin cabeza, es difícil que seamos capaces de ver algo en nuestro interior o fuera. Por tanto. Es bueno mirar, observar, dialogar con aquello que sentimos. Es muy bueno, por ejemplo, saber cuándo y por qué nos sentimos felices o tristes, porque si somos capaces de descubrir esos patrones, podemos repetirlos o evitarlos cuando lo consideremos.
Actuar. Movernos. Es fundamental para cambiar. Cuando hay alguna cosa que no nos gusta y deseamos modificar, lógicamente tenemos que actuar. Algo habrá que hacer. Me considero una persona muy de acción, por eso me parece importante actuar y no quedarnos en una simple meditación o pensamiento. No es posible. Si hay algo que no nos gusta y, claro está, tomamos la determinación de cambiar, hemos de actuar, ponernos en marcha. Si queremos estar en plena forma, no basta con pensar o meditar sobre hacer deporte, sino que tendremos que hacer alguna actividad. Si no nos gusta un pensamiento, forma de ser o cualquier otra, tendremos que actuar. Algo habrá que hacer. ¿No?
El cuerpo te habla. Cada vez más se propone y, creo que estaremos de acuerdo en que no hay una división entre cuerpo y cerebro. Somos un todo, no sólo pensamos con una región determinada del cerebro, sino que somos unidad. Por eso hay que estar atentos/as a las señales del cuerpo. Una de las cosas que más me llama la atención es la alimentación. Muchas veces no preguntamos a nuestro cuerpo si quiere comer más. Le enviamos comida sin consultar y, muchas veces nos manda señales para que paremos, pero aún nos cabe el postre y luego un dulce con el café y luego… Pero el cuerpo nos ha dicho basta hace rato. De esa misma manera debiéramos estar atentos a muchas sensaciones y estímulos que nos da el cuerpo que nos indican muchas cosas sobre nuestro entorno. Es más, creo que tenemos súper claro que es la forma de relacionarnos con el mundo, por tanto, hagamos caso a lo que nos cuenta.
El mundo. La sociedad. También nos da señales de comportamiento, de lo que es correcto, de lo que no. Formas de comportamiento y saludo, relaciones. No nos comportamos de igual modo en nuestro ambiente habitual en una sociedad urbana que si estuviéramos en una tribu o en un país oriental. Podemos, además, pedir retroalimentación a personas de confianza, para mejorar nuestra forma de estar en la sociedad, pero no como una crítica sin más, sino con preguntas poderosas que nos ayuden a mejorar como ¿Qué crees que es lo que más me limita? o ¿En qué momento me notas más auténtico?»
El silencio. Indudablemente. Ya hemos compartido varias veces la importancia del silencio y la reflexión. Para el autoconocimiento es indispensable. Si no hay reflexión no puede haber una buena acción. En un mundo tan híper estimulado, se hace necesario más que nunca buscar espacios o tiempos de silencio para poder poner a punto nuestra brújula y seguir caminando en la senda de la felicidad y el bienestar.
Deja una respuesta