Prefiero ser independientemente independiente

 ¡Vaya juego de palabras se te ocurrió!  Pues no.  Tiene su razón de ser. Esta medio de moda, es medio chic ser Financieramente independiente.  Seguro que lo han escuchado. Esta semana, precisamente, escuché el tercer o cuarto podcast sobre esta propuesta, moda, tendencia, novedad, estilo de algunos/as… que supone para entendernos rápido y bien no tener que depender de una nómina externa mensual, sino que se depende únicamente de sus negocios o, como suelen decir, de sus activos, que son capaces de producir los rendimientos necesarios para no tener que tener un trabajo por cuenta ajena ¿Estoy puesto en esto… no?

Financieramente independiente

Bueno pues ante esta tan llamativa y tentadora idea de tener recursos suficientes para no tener que odiar el despertador cada mañana, ni levantarse arrastrando los pies cada día, ni tener que ir más a regañadientes a trabajar que un niño en su primer día de cole, se me ocurre que podemos ser independientemente independientes. 

La frase de marras, me vino a la cabeza, como ya dije después de escuchar el tercer o cuarto podcast sobre esta temática. ¿A quién no le gusta ser financieramente independiente? ¡A cualquiera!  Pero ahí me viene la duda ¿Qué pasa si estoy feliz como una perdiz con el trabajo que tengo? ¿Qué pasa si quiero seguir yendo a trabajar porque soy feliz y me siento desarrollado/a, competente y el trabajo me gusta? Porque, claro, se habla de las ventajas de ser independiente económicamente, no recibir un salario, decidir lo que hago cada día, sin depender de los demás…  Pero somos seres sociales, nos necesitamos… cooperamos. El trabajo casi lo veo como una necesidad social.  

¿Está todo el mundo preparado para quedarse indefinidamente jubiloso?  Tengo mis dudas. No son pocos los casos de personas que llegadas a la tan ansiada jubilación y entran en una depresión profunda porque no saben que hacer con su vida. Hay quien mira el trabajo como una pesada carga y nos enfocamos en la jubilación, vacaciones o cualquier otra meta, cosa que es un tremendo error porque mientras buscamos esos momentos especiales de futuro, nos estamos perdiendo el presente que es el único momento del que disponemos.  

Volviendo al título, existe la paradoja de si un prisionero, puede ser libre o no. ¿Es posible que una persona limitada en algunas de sus dimensiones individuales, pueda sentirse libre? Hay quien opina que sí que es posible, porque hay una libertad interior que nadie nos puede arrebatar. Pues esa es la misma idea sobre ser financieramente independiente.  Puedo sentirme así aunque tenga un trabajo.  Puedo sentirme así, porque no le doy un valor absoluto al dinero o a los recursos, como es mi caso, que estoy centrado en otras cosas.  En la vida hay otros temas que valoro más que el dinero o el tener una nómina. Da igual de donde venga el dinero, no es un asunto capital.  Veo el sistema como un intercambio de habilidades.  Soy capaz de desarrollar una profesión que me da los recursos necesarios para pagar a otras personas que me dan suministros de alimentos o cualquier otro servicio. Si fuera independientemente financiero, el dinero tendría otro origen, pero en mi vida, la percepción sería la misma. 

Ser independiente va más con una actitud frente a la vida que en una situación personal financiera.  Me siento libre con mis obligaciones. Me centro en el momento de hoy en el que desconozco el dinero que tengo en el banco, pero que es el suficiente para vivir hoy. El resto son anhelos que no nos llevan a ningún lado.  Así que te propongo que antes de ser financieramente independiente, seas independientemente independiente y el resto ya vendrá. 

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