Si tenemos que tratar de demostrar algo, aparentar algo, seguramente algo no estaremos haciendo bien. Lo ideal es ser transparentes, que lo que hacemos, decimos y pensamos estén en consonancia. Así no hay nada que demostrar, no hay nada que fingir, porque todo en nuestra vida es igual, es una persona misma, no distintas formas de ser dentro de un mismo cuerpo.

Escuché esta frase y me llamó mucho la atención. Ya verás —dijo una persona— voy a demostrarle que no soy como piensa, cambiaré y verá lo que se ha perdido. Al escuchar la frase un montón de pilotos rojos se encendieron en mi panel de control. Estaba diciendo cosas que no tenían mucho sentido. Vamos a ver cuáles son esas luces que se encendieron:
No podemos controlar/cambiar los pensamientos de otros/as. Es evidente. Yo podré presentarme de cualquier manera, como la persona más guay, interesante, inteligente… pero nada de lo que haga, hará que alguien con su forma de ser, percibir, entender el mundo tenga una imagen de mi. La que sea, buena, mala o regular. Yo no puedo influir en cómo esa persona me percibe. Por tanto, por mucho que trata de demostrar que… ya esa otra persona tendrá una imagen que no puedo modificar. Bueno… pensándolo bien, sí que podría modificarse, cuando alguien no nos conoce bien y se forma una opinión errónea de nosotros/as y luego con el tiempo se da cuenta realmente de quienes somos y puede cambiar de parecer. Pero, en general, no puedo influir en la percepción que tienen las otras personas de su mundo y de cómo nos ven.
No debería cambiar mi conducta para otras personas. No tiene mucho sentido. No es normal. No debería serlo, al menos. Cambiar mi forma de ser para agradar a cualquier persona, va contra nosotros mismos. Hace que pierda mi propia identidad porque estoy fingiendo. Significará que cuando esté en un ambiente, me presente de una manera, luego en otro lugar, de otra, en otro momento de otra y así sucesivamente, teniendo múltiples caras. Cosa que no es bueno para nadie, ni para nosotros/as. De ser así, acabaremos algo confundidos/as, sin saber muy bien quienes somos o como marionetas en manos de alguna persona o grupo.
Nos hace infelices. Tener que demostrar que valemos, que somos de una determinada manera, requerirá un esfuerzo que no tiene ningún sentido. Tendremos que estar siempre sobreactuando, tratando de aparentar, lo cual produce un tremendo desgaste que nos producirá infelicidad. Si queremos ser felices, lo normal es actuar como nos dicta nuestro corazón o nuestra conciencia. Sin fingir, sin aparentar y a quien no le gustemos, pues lo sentimos. Eso no significa, no obstante, que vayamos por ahí machacando a toda persona que sea diferente o que no nos muestre agrado. Se trata simplemente de vivir coherentemente, donde se encuentren en una misma línea: Pensamiento—acción—y palabra, de modo que mi voz interior no me cuestione en cada momento alguna mala actuación.
No demostremos nada, simplemente, seamos normales y felices.
Deja una respuesta