Que si el dinero no da la felicidad, pero otros/as digan lo contrario… que si la felicidad está en las relaciones personales… que si la felicidad anda en lo cotidiano… hay que practicar la calma y la paz… desarrollar la espiritualidad y el encuentro con nosotros/as mismos… practicar deporte y actividades al aire libre… Y así podríamos hacer una lista inmensa de ingredientes para la felicidad que si los ponemos en un caldero revienta de tanta alegría… y sin embargo, no hay forma, seguimos mustios, tristes, infelices… entonces ¿Cuál es el problema?

Sin duda la clave tiene que estar en la complejidad del ser humano. No es nada fácil entender el funcionamiento de nuestro cerebro, entre otras cosas porque, por más que busquemos ingredientes, soluciones, cosas que realmente funcionan… pero no a todos/as. Somos diferentes, somos distintos ¡menos mal! sino la vida sería aburidísima. Así, por tanto, lo que es válido para unos no sirve de nada para otros.
Otra clave podría estar en nuestra comodidad, pereza o como queramos llamarlo. Nos cuesta movernos. Nos cuesta terriblemente ser perseverantes, es más difícil añadir en nuestra vida un hábito que eliminarlo. Nos acostumbramos con una facilidad pasmosa a lo bueno que, nos resulta prácticamente imposible cambiar nuestra vida o mejorarla con una tendencia a la felicidad.
Es evidente, por ejemplo, que tumbarnos cada tarde a ver programas de televisión no es nada bueno, no aporta mucho, simplemente nos distrae, nos ocupa la mente, pero como un chicle, nos mueve la dentadura pero no alimenta nada. Nos cuesta muchísimo, en cambio, apagar la tele y salir a dar un paseo, caminar, reunirnos con amigos, hacer deporte… actividades todas ellas gratificantes y que contribuyen a la felicidad. Pero a ver quien es el guapo que se atreve a darle al botoncito de apagado de la tele.
Y quizá otra última cuestión podría ser el tener en nuestra genética la negatividad. Desde muy antiguo se vivía en continuo estrés. Que si un león te devoraba, o la tribu vecina te machacaba a garrotazos o que había que cultivar las tierras con mucha dificultad, sin tractores ni agua canalizada, por lo cual se estaba a la merced de las circunstancias y así la vida es dura, puede que se instalara entonces en nuestro cerebro que la vida es chunga y no había forma de ser felices y eso haya durado hasta nuestros días.
¿Qué hacemos entonces? ¿Seguir viendo la tele esperando nuestro final? Seguramente no es una buena opción. Lo que está claro que si queremos encontrar nuestro bienestar, como todo en la vida tiene un precio. Si quieres verte mejor deja de enchufarte tres tabletas de chocolate y muévete un poco. Si quieres estar mejor físicamente levanta el culo del sillón y ponte a caminar. Si quieres que la vida te sonría, deja esa cara de mustio/a y pon una sonrisa a la vida y así seguramente, las cosas podrían cambiar algo.
Lo que está claro es que por mucho que nos digan, si seguimos con el mismo plan, si seguimos haciendo lo mismo, los que tendremos serán las mismas cosas… como dice el viejo dicho: si quieres resultados distintos no sigas haciendo lo de siempre. Por mucho que nos digan, si no cambiamos algo en nuestras vidas… seguiremos siendo los mismos de siempre.
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