Cuando queremos evitar algo…

¿Cuántas veces no nos ha pasado que quiero agradar a alguien y sucede que le tiro mi bebida encima? ¿No les ha pasado que cuando quieren organizar algo lo más perfecto posible, justamente sale al revés? Seguramente habremos respondido que si, en alguna ocasión las cosas han sucedido así. También ocurre que imaginamos que algo va a suceder de alguna forma y luego no ocurre así.

Sufrimos por lo que ni siquiera sabemos si ocurrirá

El cartel de la autopista en muchas ocasiones nos hace reflexionar. Hace unas semanas se mostraba la frase “Sufres más por no sufrir”, puesto que en no pocas ocasiones ocurre aquello que queremos evitar. Es más, nos pasamos la vida elucubrando sobre situaciones futuras que seguramente nunca llegan a ocurrir.

En muchas ocasiones hemos hablado de nuestra “cabezota” que nunca deja de funcionar, siempre está ocupada haciendo cosas. Pero el problema no es que trabaje —si dejara de funcionar sería un problema serio—, sino que se va a momentos pasados o futuros.

La frase hace alusión al futuro. Sufrimos para no sufrir. Nos imaginamos cosas que casi nunca suceden. Hay quien ha medido científicamente las cosas que suceden tal como realmente las imaginamos, encontrando que sólo es así en un diez por ciento de las ocasiones. En la total mayoría, un noventa por ciento, las cosas no ocurren tal como creíamos que iban a suceder.

Sufrimos, esperamos, deseamos por cosas que nunca ocurren. Nos imaginamos como será esa cita, como será la entrevista de trabajo, de cómo será el examen, la oposición, el viaje, la excursión, la persona con la que quedamos… (podríamos hacer una lista enorme) y nunca ocurre tal como lo habíamos soñado. Y, lo que es peor, no ocurre tal como lo habíamos sufrido.

Pero queremos una solución. De eso se trata en este espacio. Así que la clave está en situarnos en el presente ¡vaya que fácil! Como todo, precisa de entrenamiento, pero lo que hemos de tener muy claro es un indicador, una especie de luz roja en el cerebro que se enciende cuando nuestra mente divaga. Aprender a ver esa luz a encenderla es fundamental, de modo que cada vez que detectemos que nuestra “cabezota” se va del momento presente “bip” suena algo y se enciende la luz para volver al presente y centrarnos en lo que estamos haciendo.

No proponemos que no hagamos planes, ni preparemos la comida de mañana, ni la ropa que vamos a vestir, porque eso supone ir al futuro, sino evitar cuando viajamos hacia delante sin sentido con pensamientos del estilo “que pasaría si…” “Como será ese momento de…” etc. Ahí se enciende la luz roja y venimos al presente.

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