Tatuarte el alma

Nos encanta la observación. Es probable que observar sea una virtud o un defecto, según como se mire. Observar desde un punto de vista neutral mirando, sin fisgar ni obsesionarse, puede ser una buena cosa. Observando, mirando, vemos en cualquier ambiente en el que nos movamos, mucha gente tatuada. Puede ser un signo de cuidado exterior, de embellecernos, de tener presentes algunas ideas, fechas o símbolos importantes. No entramos a valorar los motivos ni los dibujos tatuados. Simplemente el hecho de tatuarnos de embellecer nuestro cuerpo de una manera especial y llamativa pero ¿y quién tatúa el alma?

¿Nos tatuamos el alma?

Nos referimos al alma como ese espacio interior, de conciencia, de fe, de sentimientos, nuestro verdadero yo. Es verdad que nos tatuamos por fuera, nos depilamos, vamos a un spa, nos damos un masaje, nos bronceamos, nos cortamos el pelo, las cejas, las uñas, vamos al gimnasio, cuidamos la dieta para tener un buen cuerpo, nos vestimos y arreglamos de la mejor manera posible… Nuestro cuerpo está perfecto por fuera pero ¿y por dentro?

Tratamos de agradar a los demás, no rechazamos una invitación, nos vestimos adecuadamente para cada ocasión, nos comportamos, no gritamos ni decimos malas palabras, tratamos que nuestra apariencia y comportamiento externo sea irreprochable… pero ¿y por dentro? ¿nos tratamos igual?

Es probable que a lo largo de nuestra vida, con quien más tiempo pasamos es con nosotros/as mismos/as. No nos tatuamos el alma, no cuidamos la interioridad. Para nuestra alma no hay tiempo, siempre hay algo más importante que tenemos que hacer. Siempre hay una serie que ver, música que escuchar, fiesta a la que acudir, lugar en el que debemos encontrarnos con amigos, apagamos, silenciamos nuestro mundo interior, para que no hable, para que no se escuche, para que no diga nada inapropiado, para que no se manifieste, para que no nos diga que no estamos tatuando, que no está bella, que no le hacemos mucho caso.

Cierto día los colores del tatuaje del cuerpo empezarán a degradarse, los músculos van cayendo, las uñas están débiles y no soportan más tratamientos. Por más masajes, gimnasio y spas a los que vayamos, no hay manera de recuperar una piel envejecida, porque el tiempo inexorablemente, pasa y no podemos ser eternamente jovenes.

Ese día, al mirarnos al espejo, iremos a buscar la felicidad, miraremos aquellas cosas que tatuamos en el alma y estará limpia, sin nada, vacía. Es probable que no la reconozcamos, que pensemos que no somos nosotros/as que hay una enorme disonancia entre lo que nos tatuamos en el cuerpo y lo que nos tatuamos en nuestro interior.

Por eso quizá deberíamos dedicar tanto tiempo y tanto esfuerzo al mundo interior, a nuestro verdadero yo, a nuestra alma a quien siempre va estar con nosotros. Quizá deberíamos tatuarnos el alma. Quizá deberíamos dedicar a nuestro interior tanto tiempo como dedicamos a los tatuajes exteriores, al gimnasio, a la dieta, al cuidado de la imagen. Quizá deberíamos tatuarnos el alma de las cosas verdaderamente importantes, aquellas que, cuando nos miremos al espejo, seamos capaces de reconocer, como verdaderas, como propias, como nuestro verdadero yo…

¿nos tatuamos?

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *