Mucho se habla en estos días del comienzo de curso. No sólo en el ámbito escolar comienzan las clases, sino que en otros muchos aspectos se empieza, se recomienza: el curso escolar, el curso político, el curso o temporada deportiva. Nuestra vida está marcada por la reincorporación al trabajo, tras las vacaciones. Una vuelta que no está exenta de críticas y etiquetas del estilo «vuelta a la rutina», «se acabó lo bueno», «empieza lo aburrido» y otras lindezas que en nada ayudan a nuestro bienestar.
Etiqueta: alegría
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Invertimos demasiado en cosas
Estamos en verano, un tiempo propicio para disfrutar, para ser felices. Sin embargo, este periodo a veces lo malgastamos persiguiendo cosas que no son tan importantes. A veces, nos centramos más en hacernos la foto del lugar donde estamos, antes que disfrutar verdaderamente de ese espacio. En otras ocasiones invertimos mucho en elementos materiales que, teóricamente, dan más bienestar a nuestra vida, pero que finalmente, quedan arrimados en un rincón de la casa.
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Este es mi mejor…
De esta manera empezamos algunas frases para elogiar el buen momento en el que nos encontramos, Este es mi mejor verano, mis mejores vacaciones, este ha sido mi mejor curso, este es mi mejor amigo… Sin embargo este tipo de sentencias, más que ayudar pueden perjudicarnos porque ¿después del mejor qué viene? ¿Algo peor o más mediocre? La solución está, por tanto, en el equilibrio.
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¿Todas las desgracias vienen juntas?
Ayer estaba en un establecimiento, cuando empiezan a tener problemas con una cañería que no estaba bien, teniendo que cerrar el aseo. Luego, se estropea el ordenador generando confusión al no poder atender adecuadamente a la clientela. Finalmente optan por cerrar porque todas las desgracias se juntan ¿o no?
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¿Somos negativos por naturaleza?
En una lectura me encontré con una afirmación psicológica tremenda: generalmente somos negativos. Técnicamente se llama «sesgo de negatividad» y que propone que involuntariamente prestamos más atención a sentimientos desagradables como el miedo, la tristeza, la rabia porque afirman son más fuertes que los positivos. Por tanto, podríamos decir que ¿somos negativos por naturaleza?
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Debes ser un líder
No sabia si poner un signo de interrogación al titular porque la intención es reflexionar sobre la necesidad o no de popularidad. Los medios, las redes nos sobrexponen a un publico próximo o lejano. La nueva forma de comunicación promueve la existencia Influenciadores (o influncers), famosos por un día en un reality, youtubers que quieren encontrar en la red un medio de subsistencia, queriendo «influirnos» o «ser populares» entre un determinado grupo social.
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La alegría tiene fecha de caducidad?
La alegría caduca. Probablemente es uno de esas sensaciones que van y vienen como las olas del mar. Sin embargo, no debería ser así. Reciamente los titulares de periódicos y medios de comunicación se llenan con la palabra alegría, por ser agraciados con la lotería de Navidad. ¿La lotería es verdadera alegría? ¿Qué sucede semanas o meses después con esa alegría? Probablemente se habrá diluido y volvemos a nuestra mundana existencia. Por tanto ¿Tiene la alegría fecha de caducidad?
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La vida como un reto y no como un problema
En ocasiones, cada dificultad que surge en el camino la enfrentamos como si fuera un problema a resolver. ¡Una cosa menos!, ¡Por fin he terminado esto!, ¡Menos mal ya lo he pasado! y frases así se instalan en nuestro vocabulario y nuestro pensamiento. Afirmaciones que no son inocuas porque cualquier cosa que nos digamos a nosotros mismos tiene una carga emocional importante.
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¿Como se lo pongo… de buen rollo o de mala leche?
La actitud es determinante en todo lo que hacemos. En algunos establecimientos encontramos dependientes que nos atienden amablemente y con una sonrisa y otros, en cambio, que parecen forzados a estar allí, haciendo su trabajo a regañadientes y con mal humor.
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La felicidad no llegará cuando… sino mientras…
Escuché esta frase y me pareció maravillosa: «La felicidad no llegará cuando… sino mientras…» Solemos pensar que la felicidad tendrá lugar en un momento posterior al presente. Es decir, creemos que seremos felices el próximo fin de semana o cuando volvamos a tener vacaciones, cuando encuentre el trabajo que deseo. De esa manera, vamos dejando para otro momento disfrutar, sonreír y, al final, la felicidad nunca llega.