Puestos a elegir, prefiero la alegría. Pero no una alegría ruidosa, que escandaliza o llama la atención en forma de risotada para que los demás crean que somos felices, no. Prefiero una alegría serena, calmada, pacífica que brota del interior como un manantial de agua fresca. Una alegría que nos hace caminar con paz interior, con mirada firme y atentos al presente. Una alegría que no se escenifica necesariamente con la sonrisa o el postureo que se pone explícitamente para las redes sociales o cuando hacemos una foto. No una alegría externa maquillada de superficialidad y sin consistencia. Me gusta la alegría como desafío cada día y como motivación para seguir caminando hoy en el sendero de la mejora personal.










