Las antenas del alma

No sólo los móviles y otros dispositivos tienen antena. Nosotros también tenemos antenas. No vamos a hablar de las ondas que emitimos y recibimos ni de comunicación telepática ni nada de eso. Sino de esa especie de “antenas” que tenemos en nuestro interior y que nos muestran muchísimas cosas. Podemos llamarlo intuición, sensaciones, pálpito, percepciones… pero en general, todos y todas, ante cualquier situación de la vida recibimos alguna emoción, que nos sugiere cosas. Esas podrían ser las antenas del alma.

Conectamos con las antenas del alma

Esas antenas son especialmente sensibles a las incoherencias, cuando sabemos que algo no va bien, cuando alguien trata de engañarnos y detectamos que hay algo raro, que no cuadra. No sabemos muy bien qué es, pero algo nos susurra, nos dice, que no lo hagamos, que no sigamos por ese camino, que algo no va bien.

Es probable que los entendidos en este tipo de comunicación descifren algunos indicios de esa falta de transparencia, pequeños movimientos de los ojos, algún movimiento con la mano que, de manera inconsciente, nos delata. Sinceramente, siempre me ha parecido este un campo de estudio y aprendizaje maravilloso y hemos leído algunos libros y documentos al respecto.

Pero no se trata ahora de proponer un curso de comunicación no verbal para tratar de analizar lo que nos comunican esas “antenas del alma” esa otra segunda comunicación que todos establecemos y notamos. Por ejemplo, cuando entramos en un lugar y hay un mal ambiente, enseguida lo percibimos, cuando un vendedor quiere que compremos algo y no estamos muy convencidos, cuando un camarero que nos atiende y le preguntamos ¿Cómo está el pescado? Nos dice que bueno y seguidamente le decimos ¿Qué nos recomienda? Y nos ofrece otra cosa… estamos viendo que hay algo que no funciona.

Así la propuesta positiva de esta ocasión será hacer caso a esas sensaciones a ese pálpito. No es que tengamos que obedecer siempre a todas esas sensaciones, porque puede que estemos afectados por otra emoción más fuerte y esta nos ciegue a cualquier otra cosa que podamos percibir. Es decir, si estamos enfadados con alguien, es posible que todo lo haga, nos diga, nos parecerá mal y le buscaremos algún fallo o error. No se trata de eso.

Más bien de lo que se trata es de en situaciones normales, sin estar afectados por nada, cuando esas antenitas del alma nos dicen algo, al menos démosle una oportunidad. Pensemos en esa sensación ¿Por qué no me cuadra? ¿Por qué no me parece coherente esa persona? ¿Por qué si me gusta esa otra que me da la sensación de transparencia?

Vamos por tanto a dejar que las antenas del alma reciban información y, simplemente, planteemos ¿por qué esa sensación? ¿Qué nos quiere decir?

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *