Cuando faltamos a nuestras promesas…

Generalmente cumplimos.  La mayoría cuando decimos mañana nos vemos a tal hora, allí estamos.  Algunos nos retrasamos un poco, pero llegamos.  Si le damos la palabra a alguien con alguna cosa, también lo cumplimos. En condiciones normales, casi todo el mundo cumple sus promesas.  Creo que en eso estamos de acuerdo. Siempre hay personas que no se comprometen en nada, que siempre fallan, que engañan, pero como se suele decir son la excepción de la regla.  Normalmente nos gusta cumplir con aquello que nos comprometemos. Además, nos sentimos bien cuando actuamos de ese modo, cuando cumplimos y hacemos lo que habíamos dicho.  

¿Cumplimos las promesas?

Sin embargo, esta reflexión no va por los compromisos externos.  No tiene que ver con lo que decimos y hacemos con los demás, que insisto, en general, cumplimos, sino con lo que nos comprometemos con nosotros mismos.  Ahora viene lo bueno. Si generalmente cumples con la palabra dada, acudes a la cita con la que te comprometes, si ayudas, tal como dijiste a tu amigo/a, si llegas puntual a tu trabajo a tus estudios… ¿por qué nos fallamos tanto a nosotros mismos? ¿Por qué el compromiso que te das a ti no lo cumples?  Si, si… habías dicho que ibas a ir al gimnasio, habías dicho que ibas a caminar no sé cuantos pasos cada día, dijiste que ibas a no comer todo lo que había en la nevera, dijiste que ibas a… y ahí estás tumbado/a en el sillón tragando televisión como un campeón/a.  

¿Por qué no cumplimos las promesas que nos hacemos?

Gran pregunta con respuesta sencilla: porque nadie nos ve, nos juzga, nadie sabe de nuestros compromisos con nosotros/as mismos/as y por tanto nos los podemos saltar a la torera.  Porque nadie nos va a decir: “es que me fallaste en… “, “es que no llegaste…” No. No lo haces y te quedas tan pancho/a. Lo cual, obviamente, esta fatal. Porque la cosa es ¿Si no somos capaces de comprometernos con nosotros como lo vas a hacer con el resto? ¿Si no cumples contigo como vas a cumplir con los demás?

Tenemos la mala costumbre de maltratarnos.  Lo hacemos en muchos ámbitos.  Es decir, damos consejos, ayudamos, animamos a otras personas y a ti mismo/a ¿Por qué no haces lo mismo? ¿Por qué no te aplicas los consejos que das a otras personas? Que si tienes que cuidarte, que si tienes que hacer esto o lo otro, que si deberías… ¿Y tú?

Hay una afirmación contundente y cierta. No eres capaz de amar, si no te amas antes a ti mismo/a.  Lo equiparo al cuidado. No eres capaz de cuidar a los demás si no te cuidas a ti mismo. Lo pongo en el mismo nivel de los consejos: no puede dar consejos a otras personas si no los cumples en ti mismo.  

Me viene a la mente un epitafio dicen escrito en una conocida sepultura que decía algo así como que de joven quise cambiar el mundo y estuve en organizaciones y política, pero no fue posible, quise cambiar el país e hice lo propio, al ver que tan poco pude me esforcé por cambiar mi pueblo, pero no lo conseguí.  Así que traté de cambiar a mi familia y fue imposible.  En la madurez me di cuenta que si hubiera cambiado yo, habría modificado a mi familia, luego a mi pueblo a mi estado y mi país y así a lo mejor transformaba el mundo.  

Con todo. Cumple primero contigo mismo/a. Cámbiate a ti mismo/a, para que luego puedas ayudar a los demás.  No dejes tus propios compromisos, comprométete contigo para que luego puedas comprometerte con los demás.  Eres lo más valioso que tienes, eres tu principal activo y la mejor compañía que puedes tener, si te fallas, si no cumples tus promesas contigo mismo/a ¿Con quién te vas a comprometer?

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *