Dicen los neuropsicologos y quienes entienden de eso, que nuestro cerebro no es un pen drive, ni un disco duro. Esto es que en una unidad de guardado informático, ponemos una foto, un documento, un vídeo o cualquier cosa y la recuperamos pasado el tiempo en idénticas condiciones a las que pusimos. Sin embargo, con nuestros recuerdos no pasa lo mismo.

Me pareció super curiosa y reveladora una entrevista a un neuropsicologo y su reflexión ante la pregunta de como funciona nuestra memoria para guardar los recuerdos. El hablaba de dos difuminados: el que le ponemos cuando guardamos la información en un momento concreto, con una forma de pensar concreta, añadiendo los matices del momento y otro difuminado, de cuando lo extraemos. Tenemos otra forma de pensar, otra visión del mundo, así por tanto el recuerdo permanece, pero seguramente no es igual al momento vivido. Es más, aseguraba, cosa que me parece bastante lógica, que dos personas no tienen el mismo recuerdo de una vivencia idéntica. Cada cual pondrá sus matices….
Pero personalmente le doy una vuelta de tuerca más. Entonces, si difuminamos al guardar y difuminamos al recordar ¿por qué demonios nos torturamos con los recuerdos? Es posible, que en una situación traumática o una vivencia fuerte, rodeada de emociones, guardemos con cierta precisión algunos datos importantes. Es normal, recordar con más o menos acierto, el nacimiento de un hijo, una boda, un cambio de casa —por no poner situaciones negativas— o un ascenso o vivencia importante. Sin embargo, no es descabellado pensar que las emociones y sensaciones de aquel momento no son las mismas que las de ahora, por tanto, el recuerdo no puede ser igual, cuando lo extraemos que cuando se produjo. Seguramente una semana después de los hechos recordamos o tenemos algunos matices que hoy desde luego no aparecen.
Pero mirando hacia el lado positivo, nos encontramos con que muchas veces sufrimos con recuerdos que no fueron exactamente como pensamos. Es posible que nos sintamos mal por una respuesta, por una conversación, por algo que dijimos, cuando lo que sucedió no fue exactamente así y, encima, lo seguimos recordando con angustia.
Lo peor de esos recuerdos es que nos nublan en el presente para tomar nuevas decisiones y nos provocan miedo de cara al futuro. Tal como decía al principio. Recordar una mala experiencia y seguirla rumiando, dando vueltas, cuando seguramente no sucedió tal cual pensamos, es un tremendo error que nos quita la paz y nos imposibilita seguir creciendo.
Por eso la propuesta será olvidarnos de las cosas pasadas. Especialmente de las «rumiaciones negativas» aquellas que frecuentemente empiezan por: Y si no hubiera dicho, y si hubiera hecho, y si aquello que pasó no hubiera sido así, y si hubiera tomado otra decisión. Por tanto cuando oigo la pregunta ¿Cambiarías algo de tu pasado? o ¿Qué harías si pudieras cambiar algo del pasado? Siempre respondo en voz alta: Nada. No cambiaria nada. Es bastante sencillo, si tocamos algo del pasado, no seríamos nosotros/as, se alteraría todo y no estaríamos donde estamos ahora sino en otro lugar.
Me encanta decir «el pasado pisado» Se acabó. No hay que darle más vueltas. Céntrate en el presente que es el único momento del que disponemos. No hay más. No dejes que el pasado ensucie tu presente y difumine tu futuro.
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