Un país llamado deseo

Somos un país deseoso. Tenemos sueños, aspiraciones y metas que hemos de cumplir. Nos hacemos expectativas, planeamos la próxima escapada, las fiestas o la Navidad. Estamos en continuo planeamiento o deseo. Todo eso está muy bien sino fuera porque nos estamos olvidando un poquitito de vivir el presente

¿Deseamos?

Planear no está mal. Necesitamos pensar lo que vamos a hacer mañana, dentro de unos días y prepararnos para cualquier situación. Pero el problema está en que no salimos de ese país que llamamos deseo. Pensamos en un móvil nuevo, en un coche nuevo o en una casa nueva. Nos imaginamos lo felices que seríamos cuando consigamos esas cosas y, lo cierto es que, igual que los niños, unas semanas después de navidad, arrimamos nuestros deseos—juguetes y ya no nos hacen tanta ilusión como el primer día. 

El problema se encuentra en la mezcla deseo—placer—felicidad que solemos mezclarlo y no tiene nada que ver una cosa con la otra. Pensamos que cuando obtenemos algo seremos felices, porque confundimos ese placer de lograr tener el móvil, el coche o cualquier regalo, con la felicidad. Sin embargo, eso no es felicidad es simplemente placer. 

Es probable que nadie nos haya enseñado la diferencia entre placer y felicidad y por eso a menudo lo confundimos. Cuando adquirimos algo, cuando nos regalan algo, nos invade cierta alegría, cierto placer, creemos que eso es felicidad, por el bienestar que produce. Sin embargo es un estado pasajero que dura sólo unos minutos, unos días o semanas, porque esa sensación no es duradera. Pero no cabe duda que esa situación es agradable y por eso queremos repetirla con frecuencia y de ahí que deseemos comprar, tener… y por eso hacemos planes, nos ilusionamos con nuestra próxima adquisición, con nuestro próximo deseo.  

Como si de una droga se tratase, nos metemos en una rueda de hamster deseando, deseando, deseando, porque cada vez que obtenemos esas recompensas experimentamos esa situación placentera.  Así que la cuestión será plantearnos ¿Cómo evitar esa rueda de desear?

Una primera clave sería evitar planificar demasiado. Improvisa de vez en cuando. Es verdad que tenemos que prever cosas importantes de nuestra vida, pero no podemos pasarnos el tiempo planeando—deseando el fin de semana, las vacaciones o nuestra próxima adquisición.  Así que valora el momento presente como mejor manera de disfrutar intensamente de la vida. 

Cuidado con los anuncios. Recibimos muchísimos impactos diarios. Miles de anuncios aparecen en televisión, en carteles, en redes sociales que nos hacen creer que la felicidad estará precisamente en ese nuevo producto que debes desear tener.  Grandes expertos en nuestra forma de ser y comportarnos manipulan para que caigamos en la trampa de creer que estaremos mejor, más guapos/as más felices con ese nuevo producto. 

Ahorra. Si, no es ninguna locura. La industria del deseo nos dice siempre, si lo quieres, lo puedes comprar, lo pagas en cómodos plazos o puedes pedir un préstamo y tenerlo ya, lo cual es un trampa. Ahorra para ese producto que deseas, de manera que mientras haces ese camino te preguntarás ¿de verdad lo necesito? Y además fortalecerás tu carácter, porque no caerás en un estímulo inmediato. Tampoco se trata de ahorrar para comprarte una casa, porque igual cuando tengas el dinero no podrás disfrutarla, pero una buena idea sí sería reunir una buena entrada. 

La verdadera felicidad es la que viene de dentro de ti y no la que proporcionan las cosas materiales. Busca por tanto ser feliz por lo que eres y por lo que tienes, nunca por cosas materiales y efímeras que caducan como un yogur.  Pero, sobre todo, para abandonar este país llamado deseo, huye de la inmediatez de la decisión, escapa a las garras de “Lo quiero o lo necesito ya”, centrándonos en el presente y en lo que tenemos, que probablemente son muchas buenas cosas. No hagas mucho caso de esta oferta es sólo hoy, porque si es así, seguramente no te hace tanta falta.

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