Aceptación VS Resignación 

No es lo mismo. Al menos no debería serlo. La aceptación es el lado positivo de la moneda; la resignación, el lado negativo.  Aceptar no es resignarse, aceptar es ver, comprobar, entender cosas, pero seguir luchando caminando. En cambio, la resignación es dar la vuelta, pensar que nada se puede hacer, que está todo perdido, que todo terminó.  

Resignarse o aceptar

Aceptamos que hay una dificultad en el camino que podemos salvar, tomando otro sendero, saltando, improvisando, buscando otra ruta o de cualquier otra manera.  Resignarse es llegar a esa dificultad y rendirnos, volvernos a casa con las manos vacías y los brazos bajos. 

De hecho, el mismo diccionario establece diferencias claras. Dice de aceptar, recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga. Aprobar, dar por bueno, acceder a algo. Sin embargo, de. Resignarse, dice es renunciar un beneficio eclesiástico o hacer dimisión de él a favor de una persona determinada, tiene como sinónimos renunciar, abandonar, dimitir, abdicar, retirarl , despedirse. Dicho de la autoridad  entregar el mando a otra en determinadas circunstancias.

Así que claramente, no es lo mismo. ¿Debemos aceptar una situación? pues si. ¿Tenemos que resignarnos? Pues no. Precisamente en eso estriba la diferencia. Cuando nos resignamos, no luchamos, nos rendimos, cuando aceptamos, vemos que tenemos enfrente una situación difícil, probablemente no es la que esperábamos, pero vamos a intentar vencerla o salir adelante. 

Por eso la resignación no debería estar en nuestro vocabulario. Decía Maro Aurelio  ¿Amargo es el pepino? Tíralo. ¿Hay zarzas en el camino? Desvíate. Pero no te empeñes en que el pepino endulce o en comértelo  aunque esté malo. No busques explicaciones de por qué hay zarzas en el camino fastidiándote la vida. Busca otro camino, y ya. Como dice el tan manido dicho: Si la vida te da limones haz limonada, o pónselos a un cubata. No te resignes a comerte los limones, acéptalos y utilízalos en tu beneficio, monta una fábrica de limonadas.

La cosa es que casi siempre nos quedamos en la resignación, en el lamento, en la maldición de todos los males de mundo mundial, porque todo nos sucede a nosotros. Nos resignamos, nos lamentamos, lloramos y no somos capaces de aceptar y continuar.  

¿Conocen la historia del burro, cuyo dueño quiso deshacerse del animal porque ya estaba viejo? El granjero hizo un hoyo grande, tiró al burro dentro y empezó a enterrarlo, porque ya no le servía de mucho, era viejo y no le era útil. Pero el burro, que de burro tenía poco, no se resignó. Aceptó esa situación y a cada palada de tierra que le caía encima para sepultarlo, iba haciendo un escalón, sobre el que se subía. Así, palada a palada llegó a la superficie, salió del agujero y se fue a descubrir mundo ya que no era útil para la labranza. Aceptó su situación, pero no se limitó a resignarse a morir en un agujero. Esa es la clave que debiéramos aprender. 

Así que ahora la pregunta es ¿acepas o te resignas?

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