Etiqueta: sociedad

  • Lo que te enfada, te controla

     Consideramos absolutamente normal enfadarnos por cosas que suceden en nuestro día a día. Somos humanos y no podemos evitar que una situación injusta nos moleste y nos enfade. «es que me saca de mis casillas», «es que no lo puedo evitar» En alguna ocasión, además, normalizamos los ataques de ira. «Es normal después de lo que le hicieron» o ·está justificada la venganza, por todo lo que tuvo que soportar» Y así podríamos añadir una lista de justificaciones para nuestros enfados que, algunos/as consideran absolutamente normal. 

    Lo que nos enfada nos controla
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  • Nuestra felicidad depende más de lo que tenemos en la cabeza que en los bolsillos

    No es una frase mía, es de Schopenhauer. Pero son de esas que te encuentras por ahí, no sé muy bien dónde fue, si fue un grafiti, en algún titular, en algún sobre de azúcar. Lo que está claro es que no me dejó indiferente. Son de esas frases que te impactan y que te apuntas, porque sabes que tienen mucha miga. En principio viene a recordarnos aquello que algunos —no todos— tienen claro: la felicidad no está en el dinero sino en otras cosas. Algo con lo que estoy de acuerdo, la felicidad está en nuestra forma de pensar, de ser y existir, no por lo que tengamos ¿y eso qué supone?

    La felicidad está en nuestra cabeza…
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  • La soledad es buena consejera

    Nacimos solos y morimos solos. Vivimos solos . Bueno, me dirás que no, que no vivimos solos, sino que casi siempre estamos acompañados. Vivimos solos porque nadie puede vivir nuestra vida por nosotros/as. Somos los que tenemos que tener la conciencia de nuestra propia vida, algo que no pueden hacer otros/as. Es por eso que contradecimos el refrán para decir que la soledad es buena consejera. Tenemos el deber y la obligación de desarrollar una buena vida en soledad. Si no estás bien contigo mismo/a, ¿entonces con quién?

    Estar a solas de vez en cuando está bien
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  • Ayuda bien, sin saber a quién

    ¿Para qué haces deporte? Para bajar de peso y estar más “fit”… ¿Por qué llevaste al compañero a casa? Porque estoy seguro de que otro día, si yo lo necesito, él me llevará. ¿Por qué invitaste al cortado ayer? Porque así otro día me invitan ustedes… Así podríamos hacer una retahíla de preguntas y respuestas que no terminan y que tendrían respuestas parecidas. Casi siempre hacemos cosas porque esperamos tener un beneficio a cambio. Es probable que algunos piensen que el mercantilismo es la mejor forma de relación. Siempre hay que esperar algo a cambio. Por desgracia, nuestra sociedad casi está pensada así: trabajo por dinero, compro porque quiero darme un capricho, yo no voy a ese sitio a perder el tiempo. El fenómeno de la productividad, aunque tiene cierto envoltorio de algo nuevo, es tan antiguo como la persona. Queremos que todo lo que hacemos produzca algo. Si planto alguna semilla, espero que produzca mucho fruto. Obviamente, todo esto es bastante normal. No quiero plantar para que simplemente sea bonito, si construyo algún producto o limpio o pinto mi casa, es porque quiero que quede bien… espero algo a cambio. Por eso esa idea de productividad o mercantilismo está en la base de casi todo.

    Ayuda sin esperar nada a cambio
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  • Una vida desde el aprecio

    Vamos demasiado rápido, ¿no crees? Más ahora que pasó la Navidad y ya estamos con el Carnaval encima. Es como un sinvivir, como dirían algunos. Parece como si fuéramos a 200 kilómetros por hora en la autopista, todo el rato y con deseo de parar, de salir, de detenernos en un área de servicio y tomarnos un descanso, respirar.  Pero parece que hay algo que nos obliga a mantener pisado el acelerador a fondo, siempre, todo el rato, sin mirar atrás y sin disfrutar del paisaje.  

    Apreciar lo que nos rodea…
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  • ¿Cuánto te quieres?

    Seguramente poco. Y la cuestión es ¿por qué nos queremos tan poco? La verdad es que si lo consideramos en profundidad nos queremos poco y mal. ¿Te has fijado en las cosas que te dices? Que sí un desastre, que sí no doy una, soy incapaz, todo lo hago mal… entre otras lindezas que cada día se nos pasan por la cabeza. Y es por eso por lo que quizá, no sé si como propósito de año nuevo, deberíamos aprender a querernos un poco. 

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  • Ser feliz a pesar de…

    Podemos poner en los puntos suspensivos cualquier cosa. Lo que queramos, todo aquello que nos imposibilita la felicidad o que nos hace un poco —o un mucho— infelices. Los problemas, esa relación complicada, el trabajo, el estrés, los políticos corruptos, el desempleo, la falta de recursos, el no llegar a fin de mes, el no poder cumplir con todos los compromisos y no poder llegar a todo, esa relación tortuosa, el pasado terrible o el futuro incierto.  La cuestión es tratar de ser felices a pesar, o mejor dicho, con todos esos ingredientes. Cosa que no es fácil ni muchísimo menos. Pero si nos pasamos la vida esperando a que cambie en esa relación, a que tenga más recursos, a que encuentre un trabajo, a que tenga todo aquello que anhelamos, seguramente, no seremos nunca felices, cosa que, me da la sensación, ocurre con mucha frecuencia. 

    Ser feliz con lo que tenemos…
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  • Los excesos y los encuentros de Navidad

    Mucho cuidado. Hay que tener mucho cuidado con todo lo que se nos avecina en las próximas semanas. Fiestas, encuentros, desencuentros, excesos y, esperamos, que mucha alegría, sin problema. En ambos casos la recomendación es muy estoica. Usar la moderación, siempre.  Sin excesos, no tendremos ningún tipo de problema. Sin irnos hacia cualquiera de los extremos la cosa irá muy bien.  En estas celebraciones, usando la moderación todo irá perfectamente. Vamos a compartir algunos de esos excesos. 

    Tiempo de encuentros y de excesos
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  • Un buen menú

    Tiene que tener muchos ingredientes deliciosos: unos buenos entremeses y un postre delicioso. Un buen libro, por ejemplo, tiene también otros ingredientes llamativos, lo mismo que una película.  Pero si nos ponemos a mirar con detenimiento, es probable que todos tengan algo en común. Un buen comienzo y un buen final.  Algunos lo llaman el bocadillo, en el sentido de que se debe empezar y terminar bien. Eso, según los entendidos, deberíamos extrapolarlo a nuestra vida. Si queremos una buena vida, deberíamos valorar tener un buen comienzo y buen final en cada día. 

    Un buen menu debe contener….
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  • Hay que cuidar al copiloto pero sin hacerle mucho caso

    ¡Casi nada con los copilotos! En algunos casos son buena gente, van a nuestro lado tranquilos/as disfrutando del paisaje, hablando de alguna cosa interesante, compartiendo sensaciones, tiempo, alegrías, preocupaciones.  Pero, en cambio, hay otros copilotos que nos dan ganas de lanzarlos fuera.  Hay casos en los que probablemente nos gustaría que el sillón de al lado fuera eyectable, como el de los aviones, y apretar un botón y lanzarlos fuera. Es aquel que nos va diciendo continuamente: ¡cuidado!, ¡mira ese que se mete!, ¡frena!, ¡ya puedes!, ¡ahora no!, y, si lo dejas, apenas pones el intermitente para aparcar, se baja del coche para avisarte, aunque tengas sensores, cámaras y aparcamiento automático. ¡Madre mía, qué sufrimiento!

    Hay que cuidar al copiloto
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