Categoría: Reflexiones

  • Bravo por Mereset Defar y Sarah Attar

    En un mundo donde lo políticamente correcto es lo que impera, hay personas, en este caso deportistas, que rompen el guión y no pasan inadvertidos. Semanas antes de comenzar los Juegos Olímpicos de Londres 2012, se advertía a los participantes para que no utilizaran símbolos religiosos, ni hicieran ninguna referencia a sus creencias en la cita olímpica. Con el transcurso de los días hemos visto algunos testimonios de atletas que, una vez más, nos confirman que el fenómeno religioso no puede ser prohibido en la vida pública. Mereset Defar y Sarah Attar son dos muestras de lo importante que puede llegar a ser para la persona su religión. (más…)

  • Perdono, pero no olvido. Olvido, pero no perdono

    No sé muy bien en qué orden, pero muchas personas pronuncian alguna de estas frases. Siempre me han llamado la atención puesto que decir cualquiera de las dos cosas me parece algo contradictorio. Si perdono algo, me olvido, si no perdono, lo tengo siempre presente. Lo más lógico y sano mentalmente, me parece que es Perdonar y Olvidar, lo cual no supone borrar de nuestra memoria algún acontecimiento. (más…)

  • Robar para comer y otras paradojas de la vida

    Hoy observo incrédulo los noticiarios que publican el asalto a supermercados en Andalucía para repartírselo a personas necesitadas. Al tiempo, también leo en diarios locales de hoy, que se están detectando hurtos en pequeños supermercados de Tenerife. Evidentemente, la situación empieza a ser preocupante porque la próxima semana finaliza el periodo en el que se le proporcionaba 400 euros a personas sin recursos.

    Sin embargo, el objeto de la reflexión es otro, preguntarme una vez más, ¿cómo es posible conciliar estas situaciones de pobreza con la alegría de quienes viven holgadamente? ¿Cómo conjugar un noticiario donde se habla de estas situaciones de pobreza, con el programa que se emite a continuación en el que se muestran las viviendas de personas ricas?, ¿Es viable ver reportajes de pobreza en nuestro país y a continuación admirar como muchas personas se van de viaje en vacaciones? ¿Dónde queda la solidaridad entre personas?

    Hace días, también en televisión, esta vez en un documental, veía como una pequeña manada de jabalíes era atacada por depredadores. Los animales más grandes y rápidos , consiguen escapar. Lógicamente eran más hábiles y rápidos, mientras que las fieras se cebaron con el benjamín del grupo. Como suele ocurrir, son momentos desesperantes. El cachorro trataba de conservar la vida, ante los embates de las fieras. Seguramente en aquellas escenas podíamos ver reflejado el comportamiento de nuestra sociedad actual. Muchas personas lo pasan mal, como el cachorro, mientras los demás están a salvo. El tiempo del ataque se prolonga más de la cuenta, llegando a ser desesperante, hasta que este sentimiento se cambia por sorpresa. Los jabalíes que escaparon fueron a avisar a una enorme manada que acude al rescate del cachorro. Poco a poco, muchos poniendo en juego su vida, consiguen ayudar al pequeño.

    Este reportaje ilustra perfectamente la situación actual. Algunos apenas tienen para subsistir, están a punto de quedarse sin ningún ingreso en el caso de suspender la ayuda de los 400 euros y el resto nos vamos, seguimos a nuestro ritmo. No somos capaces, siquiera de organizarnos, como la manada, para ayudar a los que lo necesitan… Me pregunto ¿Dónde queda la solidaridad?

  • Los prejuicios que tanto enturbian las relaciones sociales

    En las últimas semanas he perdido algunos amigos en las redes sociales. No es algo que me quite el sueño, pero si que es digno de una reflexión, puesto que esas pérdidas se deben a prejuicios sobre los grupos sociales a los que pertenecemos. Los prejuicios aparecen, fundamentalmente porque el ser humano necesita generalizar, para poder, de esa manera, rentabilizar sus recursos mentales. Es decir, atribuimos a un determinado grupo social una serie de características que generalizamos al resto. Esto supone obviar la diferencia y la peculiaridad de cada uno perjudicando las relaciones sociales.

    Así, es frecuente pensar que todos los jóvenes son unos locos, que cualquier persona con mal aspecto es un delincuente, que todos los políticos son unos corruptos, que todos los que practican alguna religión son unos retrógrados, que todos los deportistas se dopan… y podríamos confeccionar una lista interminable.

    Los prejuicios enturbian las relaciones sociales, porque hemos abusado de esas etiquetas que ponemos a los diferentes grupos. Los amigos, que han dejado de interactuar conmigo, ha sido a raíz de descubrir mis creencias religiosas. Debo ser, a juicio de algunos, un retrógrado anticuado y aburrido por practicar una religión. No he conocido, como me decía un alumno, «un religioso que jugara al fútbol». Los «religiosos» lo que tenemos que hacer es rezar todo el día. No somos personas normales, con nuestras opiniones, con actividades, como cualquier otro, sino que tenemos una determinada etiqueta que pesa como una loza en nuestras espaldas.

    Los prejuicios enturbian las relaciones entre personas porque supone atribuir características que posiblemente no poseen. No todos los jóvenes que salen por las noches, son unos borrachos y drogadictos. Algunos abusarán de determinadas sustancias, pero no podemos generalizarlo. Igualmente, otro sector estigmatizado, aparte del religioso, es el educativo. Todos los profesores viven muy bien, con muchas vacaciones, poco trabajo… Pocos conocen que, en verano, muchos profesores aprovechan las vacaciones para seguir preparándose, que tienen que dedicar gran parte de su «tiempo libre» a preparar clases, sin añadir el nivel de presión del trabajo en el aula. Así podríamos seguir nombrando cada una de las profesiones y encontraríamos muchos prejuicios para cada una de ellas.

    Los prejuicios son negativos, porque limita nuestra capacidad de aprendizaje. Los hombres son machistas… ¿todos? Los agricultores son unos ignorantes ¿Seguro? Estoy convencido que un agricultor nos puede dictar una tesis sobre cultivos, ciclos de la naturaleza, temperaturas. Sin embargo, nuestros prejuicios nos limitan, impiden nuestro desarrollo. ¿por qué no nos dejamos sorprender por lo maravilloso que es cualquier persona? ¿por qué no podemos aprender de nuestros mayores, de los jóvenes o niños? Cada cual dentro de su ámbito, tiene mucho que aportarnos. No somos simplemente un número más dentro de un grupo, sino que somos únicos, especiales y diferentes.

    El día que abandonemos los prejuicios, comenzaremos a ser un poco más felices. ¿Por qué? Pues sencillamente porque seremos capaces de ver a las personas como tal. No diremos ¡este es un friki! ¿por qué? Por cómo viste, por la música que le gusta, ¿qué más da? Detrás de cada vestimenta, de cada grupo social, de cada sector, hay persona. Una persona maravillosa, única y diferente que debe ser respetada y amada, tal como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Por tanto eliminemos prejuicios y ¡dejémonos sorprender por las personas!

  • El brillo de los ojos no se opera

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    Hace unos días asistí a un taller de coaching en el que, en una de las sesiones, me llevé como aprendizaje esa frase. ¿Qué hemos aprendido hasta el momento? -preguntó el entrenador-, «que el brillo de los ojos no se opera», respondí con entusiasmo. ¡tremenda frase!

    «El brillo de los ojos no se opera» es una frase que acuñó Lola Flores. Desconozco el contexto en el que la pronunció, pero viene a ser, a mi juicio, algo así como que por mucho que queramos fingir, nuestros gestos, nuestro rostro, la mirada, los ojos, hablan mucho más que nuestras palabras.

    Hay otro dicho popular en este mismo sentido: «El rostro es el espejo del alma». No podemos ocultar nuestras emociones. Si estamos bien, nuestro rostro reflejará nuestra felicidad, pero si las cosas no van correctamente, nuestros gestos, nuestra cara, nuestros ojos, nos delatan. Podemos fingir durante un rato, pero no eternamente. Lo que muchos desconocen, es que ese brillo, además, se transmite casi de forma involuntaria entre las personas, con diferentes denominaciones.

    No obstante, la frase no concluye de esa forma, sino que podemos revertir esta situación. En el caso de sentir infelicidad, que se delata por nuestras expresiones, podemos cambiarlo. El brillo de los ojos no se opera, significa que nadie desde fuera puede cambiar lo que sentimos en nuestro interior. Nuestro brillo, es propio, es personal, es intransferible, aunque no es definitivo. Podemos cambiarlo.

    No hay nadie que haya nacido con estrella y otros estrellados, como también se afirma popularmente. Los estrellados pueden llegar al cielo y los que están en el firmamento se han desplomado, como atestigua toda nuestra historia reciente. Pero ¿quiénes son los que llegan lejos? Todo aquel que se lo proponga. «es que… Nunca he tenido suerte, todo me ha ido mal en la vida». No creo que exista tal situación. Pero, aunque así fuera, podemos cambiarla en cualquier momento, desde que nos lo propongamos. Lo que sucede es que no podemos cambiar cosas haciendo siempre lo mismo. Si quieres, si crees que algo no va bien, lo normal es, en primer lugar reconocerlo, después cambiar. No se puede obtener un resultado diferente haciendo siempre lo mismo.

    El entrenador, además, completó la frase cuando la mencioné. «pero se opera desde dentro», lo que significa que ningún estado es permanente. Todo cambia, todo pasa, podemos modificar aquello de nuestra forma de ser que no nos guste. No estamos «predeterminados de fabrica», somos cambiantes y mejorables, hasta donde cada cual quiera llegar, hasta donde nos lo propongamos. Tu felicidad depende de ti. Si hay cosas que no te hacen feliz, que te provocan desdicha, cámbialas, pero no continúes con las mismas rutinas y pensando «siempre me ocurre a mi».

    El color de los ojos no se opera, porque las cosas de fuera no cambian nuestro brillo. Tener dinero, una posición social, tener un/a … Esas cosas nos hacen sentir mejor durante un rato, pero no definitivamente. Sólo «lo de dentro» es lo que nos hace sentir bien, lo que da brillo a nuestros ojos, lo que da sentido a nuestra vida.

  • Hoy hace un año

    Muchas cosas cambiaron para siempre hace un año. No sé si para bien o para mal. Seguramente para bien, porque todo lo que nos ocurre, siempre lleva implícito un aprendizaje. Y ocurrió, como pasan estas cosas, en un segundo. En apenas unos instantes, un despiste, un traspié, una tontería que cambia tantas cosas para siempre. (más…)

  • Dicen que cierra hotmail

    Ayer por la tarde en las redes volaba un rumor que parece cierto, Hotmail cierra. Lo gracioso, como alguien apuntaba en sus agudos comentarios, es que tantas cadenas como han circulado por correo electrónico, advirtiendo de su cierre y, ahora que es verdad, nadie nos avisa. Por la información que tengo no es un cierre. Más bien es una mutación hacia otro nombre, Outlook, que además es el programa que gestiona el correo de Microsoft. Por tanto, no se puede considerar un cierre, sino un intento de reflotar un servicio que fue indispensable para muchos hace años. (más…)

  • Cuando las nubes tapan el verano

    A veces nos dejamos llevar por lo accesorio, lo necesario y cambiamos cuando las nubes tapan un espléndido día de verano. Nos olvidamos, con frecuencia, de las cosas realmente importantes y no valoramos todo lo bueno que tenemos a nuestro alrededor. Estar vivos, los niños, poder desplazarnos de un lado a otro con comodidad… Disfrutar de la visión, de escuchar, de sentir… Terminamos por acostumbrarnos a todo aquello que nos rodea, considerándolo normal y, cuando una nube nos estropea el día de verano, nos enfadamos, todo deja de tener sentido, perdemos el humor y nos quedamos sin deseo de vivir. (más…)

  • ¿Por qué somos tan ambiguos en la comunicación personal?

    No hay cosa más fastidiosa que la ambigüedad. Dicen que es un problema de los canarios, somos ambiguos por naturaleza. Me contaba un amigo que estando fuera de las islas, cuando era preguntado sobre algo debía responder con total sinceridad si o no. Algo que parece obvio no lo es tanto. Nosotros muchas veces cuando decimos si, es quizá. Y, cuando decimos no… ¡tiene un millón de posibilidades! La más frecuente se da en el contexto de una invitación. El no, en ese caso significa no quiero molestar, no estoy seguro, sólo en rara ocasión se trata de un No tajante. (más…)

  • ¿Envejece el cuerpo o la mente?

    Leí hace tiempo que los jóvenes preferían el amanecer porque ellos están más cerca de lo nuevo. Sin embargo, los que nos vamos haciendo mayores, preferimos las puestas de sol, porque se acerca más al ocaso de la vida. Me sorprende esta conclusión, que desde luego no comparto, porque, sin tratar de instalarme en un «soy siempre joven», creo que las personas, su esencia, su ser más profundo no envejece. No dejan de gustarles cosas por el mero hecho de envejecer, sino porque vamos cambiando. (más…)