Se habla mucho de felicidad, pero hoy en día casi prefiero el bienestar. La felicidad parece en principio inalcanzable, un objetivo que aplazamos y que se encuentra a cierta distancia. Algunos dirán, incluso, que no es posible. ¿Me considero feliz? Sí. Pero sigo prefiriendo hablar de bienestar. La felicidad para mí es bienestar ¿Por qué? Básicamente si puedes moverte con normalidad —y si encima puedes hacer deporte o algo más es maravilloso—. Si tienes comida para cada día, si además tienes un lugar donde dormir y puedes pagar sin demasiado apuro tus cuotas y facturas, tienes bienestar, debieras ser feliz.

Es posible que envidies a quien tiene una mansión o un Ferrari, pero el tener esas posesiones no te asegura la felicidad. Hay un dicho que escuché recientemente: “con el cargo, la carga”. Quien tiene responsabilidad, quien tiene grandes cosas también tiene grandes retos que afrontar. Es por eso que la puerta del bienestar está en nuestra forma de ser, de ver el mundo, de mirar hacia nuestro corazón y de ningún modo se encuentra en el exterior, en posesiones ni siquiera en prestigio.
La puerta del bienestar se abre hacia adentro, está en ti. Es una idea que sí que tengo clara desde hace mucho tiempo. No depende de lo que digan los demás, de lo que sucede a mi alrededor, sino de cómo interpreto lo que me ocurre. Es así de simple y nos cuesta tanto entenderlo, puesto que nos pasamos la vida buscando y lo cierto es que nadie sabe dónde está la felicidad —si es que es algo que se encuentra o se posee—, pero en las cosas externas obviamente no está.
Lo ideal es buscar más el bienestar que está en tu interior. Para ello, obviamente, tienes que hacerte algunas preguntas. Una reflexión clave es: ¿Qué me produce bienestar? ¿Cuáles son mis valores más importantes? A partir de ahí podemos profundizar en ello, dedicando más tiempo y esfuerzo a aquellas cosas que nos dan bienestar que las que nos lo quitan. Pero, aunque resulte repetitivo e insistente: no está fuera de nosotros/as. Nada fuera de nosotros debería darnos felicidad o bienestar.
Casi todos los estímulos externos son más bien placer. Cualquier cosa que esté en el exterior es efímera, porque no depende de cada cual, sino que habrá circunstancias que lo produzcan. Un día soleado o de lluvia no depende de nosotros para alegrarnos. Encontrar aparcamiento a la primera, que haya colas de tráfico o que nuestro jefe esté de mal humor, no es cosa nuestra. Es por eso que deberíamos valorar más nuestro mundo interior, nuestra reflexión, nuestra espiritualidad, nuestro ser, que sólo está dentro de nosotros. Abre la puerta de tu bienestar, ¡mira hacia adentro!
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