Nos encontramos ante una situación inusual. Una enfermedad que se propaga y siembra el pánico, estado de alarma, clases suspendidas, calles vacías, aplausos en las calles, compras compulsivas en los supermercados. Ante toda esta situación surge la angustia, el miedo a lo que puede suceder, pero ante todo, no debemos perder la positividad y las ganas de seguir adelante, celebrando las dificultades.
Muchas situaciones de la vida nos invitan a trabajar en grupo. Como no me canso de decir, somos seres sociales y necesitamos relacionarnos. No podemos vivir aislados. Sin embargo, esa relación crea, en muchas ocasiones fricciones. No es fácil ver que un compañero de trabajo no se implica, no es fácil mirar como un vecino estropea un espacio común, no es fácil percibir que no todos vamos siempre con la misma intensidad y la misma dirección. Lo primero que nos viene a la cabeza es la crítica, pero ¿es saludable y positivo fijarse en lo que hacen los demás?
Terminamos un año y a punto estamos de comenzar otro. Es frecuente realizar balance de lo que ha supuesto el periodo que terminamos y hacer buenos propósitos para el siguiente. Hay mucha literatura de cómo afrontar lo que se nos viene encima, sin embargo no me preocupa demasiado.
Recuerdo que hace años este momento era muy importante. Anotaba los propósitos, miraba bien los errores y aciertos del año que termina. Sin embargo, hoy en día, no sé si por la edad o por el aprendizaje, ya no me traumatizo por ninguna de las dos cosas. Simplemente vivo el presente.
Esperamos que las cosas sucedan. Tentamos a la suerte, esperamos que nos caiga encima una sobredosis de felicidad y alegría. Rezamos, nos encomendamos a…, echamos cartas, pero ¿realmente esperas que todo suceda por arte de magia? La magia necesita de un mago. Por lo tanto, si queremos conseguir algo, tendremos que poner algo de nuestra parte y no esperar a que todo ocurra “por puro arte de magia”
Los modelos de felicidad y paz orientales tienen como hilo conductor la reducción o eliminación del deseo. Hay quien opina que parte de nuestra infelicidad reside en tener expectativas que no se cumplen. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se sitúan quienes afirman que, para tener éxito, tienes que visualizarlo. Es decir, imaginarte, ver como serás cuando consigas aquello que te propones. Entonces, ¿Quien tiene razón?
Parece que algunas personas tienen verdaderas cualidades para amargarse solas. ¡Con lo fácil que es ser felices! Hay personas que están enfadadas con otras, amigos o conocidos que, por alguna situación dejan de hablarse, lo cual genera un estado interior de infelicidad que podemos llamar “amargarse” o “ser un amargado/a”.Hace más de un año escribía una entrada sobre este aspecto en la que proponía que nadie te puede amargar la vida si no quieres. Sin embargo, hay personas que se complican la vida en su relación con los demás, por rencillas y problemas que acaban amargados.
Esta semana, por distintas circunstancias, me ha venido a la cabeza esta idea. Sucede que, muchas veces, nos centramos profundamente en un problemay no somos capaces de ver la solución. Por ejemplo, cuando nos duele algo, nos centramos en el dolor y no tratamos de pensar en cuál sería la forma de arreglarlo. Me gusta hacer deporte y, a veces, tengo algunas molestias. Precisamente iba subido en mi bici, cuando sentí alguno de esos dolores no muy fuerte, pero molesto. Pensé, no sé si equivocadamente, que la solución sería pedalear más rápido, dar «un poco más caña» por si acaso el problema fuera falta de uso… y así fue: la molestia desapareció. El resto del camino lo pasé pensando en esta frase: si te centras en el problema, nunca verás la solución, si me hubiera centrado en mi dolor, seguramente no habría terminado la ruta.
En forma de viñeta recibí esta frase hace unos días y me dejó impactado por la verdad lapidaria que nos muestra. No debería hundirnos el mar que está a nuestro alrededor, sino lo que dejamos que entre en nuestras vidas. A nuestro alrededor hay un océano inmenso lleno de cosas maravillosas, pero también de mucha negatividad. Como ocurre en el mismo mar, hay especies animales afables y bonitas, unas son comestibles y otras son verdaderos depredadores que dan miedo ¿Cuál dejas entrar en la barca de tu vida?
Desde muchos círculos se nos propone como forma de ser feliz: vivir el presente, nada más. Sin embargo, hay quien cuestiona este idea porque no podemos deshacernos de nuestro pasado, porque nos constituye, nos forma y nos hace llegar hasta donde estamos hoy. Tampoco es demasiado viable no mirar hacia el futuro porque debemos marcarnos metas y objetivos en nuestra vida. Además,, normalmente asumimos compromisos a largo plazo: una compra, un contrato, que nos obligan en un largo periodo de tiempo.
Seguramente, si un dermatólogo lee el título, se enfadará conmigo. Pero no me refiero al protector solar, que sí es necesario. Lo que sucede es que estos días, viendo el uso del protector solar, he pensado que quizá nos protegemos demasiado. Puede que nos estemos protegiendo mucho de la vida. No nos dejamos tostar por los sentimientos, nos protegemos por si los miedos, por el qué dirán. Usamos demasiado protector.