Siempre En Positivo

Siempre en Positivo

  • A veces, a nuestro alrededor suceden cosas maravillosas como esta

    A veces ocurren cosas maravillosas. Lo que sucede es que tenemos que disponer del «tiempo» (maldita palabra), para detenerte y admirar una maravillosa puesta de sol, como la que esta tarde aconteció en este norte de Tenerife. No escribo más, simplemente dejo las fotos…

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  • Hay mucho charlatán suelto…

    El charlatán, dice el Diccionario que es aquella persona que habla mucho y sin sustancia. Un hablador indiscreto, un embaucador y también una persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía. Esta última referencia es una profesión loable, sin embargo los realmente preocupantes son los que hablan mucho y sin sustancia. Aquellos que gozan del prestigio de conseguir atraer la atención de las personas, pero que su discurso está absolutamente vacío.

    Los medios de comunicación, especialmente la tele, nos muestra un modelo de comunicador que no debiéramos imitar pero, probablemente porque goza de la simpatía del público, de los aplausos programados, nos hemos ido convenciendo de que el charlatán es un ejemplo a seguir. El charlatán es aquel que habla más alto que los demás, muchas veces se abre paso en los debates mediante insultos y provocaciones. El charlatán es rápido y audaz en sus apreciaciones de manera que provoca la risa fácil y se gana la simpatía del público. El charlatán, como modelo televisivo es aquel que dice lo que tiene que decir y no tiene pelos en la lengua. Todo esto, lógicamente, tiene repercusión en todas los que siguen la televisión y está provocando una serie de patrones comunicativos entre personas que reproducen aquello que se ve en televisión y que, no siempre es acertado. (más…)

  • Nadie es profeta en su tierra

    Es una afirmación muy antigua que sirve para la reflexión y para pensar que somos mejores acogidos lejos del lugar de donde procedemos. Pero ¿Por qué se da esta situación? ¿Por qué generalmente nos valoran más lejos de nuestro ámbito? En primer lugar hay que señalar que no siempre es correcta esta afirmación. Es decir, si tu trabajo es normal, desarrollas ciertas habilidades importantes, eres un investigador, el trabajo es dentro de la cultura, pero calladamente. Es muy probable que nadie te reconozca. Sin embargo, si la persona realiza un trabajo deslumbrante dentro del mundo de la comunicación de masas, es valorado en el ámbito del espectáculo, el deporte, etc., entonces sí será profeta en su tierra. (más…)

  • Trauma post-vacacional

    Seguramente es una de las cosas de las que más se habla en estos días. Al finalizar las vacaciones, con la vuelta al trabajo, algunos experimentan algún tipo de estrés al incorporarse nuevamente a las tareas cotidianas. También creo que cada año me repito en esta reflexión al llegar septiembre. Porque, aunque es lógico que nos cueste adaptarnos a la nueva situación, hablar de estrés, trauma, me parece algo exagerado. ¿Hubo estrés, trauma, cuando empezaron las vacaciones? Si no ocurrió en el comienzo del periodo estival, que también supuso un cambio de horarios, rutinas, etc., no debería haberlo ahora.

    Lógicamente hay que dejar de lado las situaciones en las que, por la delicada situación económica que atravesamos, la dificultad en las empresas, la inestabilidad laboral, haga que algunos recomiencen su periodo laboral sin saber a ciencia cierta cuál es su futuro. Ahí, lógicamente, el estrés está más que justificado. Sin embargo, es bastante poco comprensible cuando se trata de alguien que tiene su trabajo asegurado y simplemente tiene que empezar de nuevo, hable de problemas para incorporarse al trabajo.

    Los problemas de la vuelta al trabajo están relacionados con falsas creencias que, desde muchos ámbitos, se nos han dado como buenas. Se trata de una serie de afirmaciones que van modelando nuestro pensamiento y, al final, terminamos creyendo en cosas absurdas. ¿Es mejor estar ocioso que trabajar? Algunos responderán afirmativamente, sin embargo, está demostrado que el trabajo, la ocupación, el desarrollar alguna tarea es muy bueno para la persona, porque se siente útil, miembro de un grupo de trabajo activo, cooperador en la sociedad, aparte que recibe una remuneración con la que hacer frente a sus necesidades. Nuestros mayores, cuando se jubilan sí que entran en una depresión, porque dejan de trabajar y casi son apartados como objetos inútiles que no sirven en la sociedad.

    Pero se nos siguen dando mensajes dirigidos a unificar el pensamiento como ¡Qué bueno el fin de semana!, ¡Qué buenas las vacaciones! ¿Entonces el que esté encantado con su trabajo es un lunático? Al que disfruta de su trabajo y le encanta lo que hace, ¿es un loco? La clave está, bajo mi humilde punto de vista, en disfrutar de aquello que hacemos, justo en el momento en el que lo hacemos. Algo que, en general, no efectuamos. Es decir, el lunes estamos pensando en que llegue el viernes y, cuando llega el viernes, estamos pensando que el lunes habrá que trabajar, con lo cual ni disfrutamos del trabajo ni tampoco de las vacaciones. Lo bueno y saludable, por tanto sería disfrutar muchísimo de las vacaciones y del tiempo libre y hacer lo mismo cuando trabajamos, porque en cada una de esas tareas es maravillosa.

    Pensemos por tanto en todo aquello bueno que tenemos y disfrutémoslo. Hay muchos refranes que apoyan esta teoría a la que no hacemos mucho caso, tales como “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse”, “La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada”, “Celebra tu vida antes de que sea demasiado tarde”, “Carpe Diem”, “la vida no consiste en querer tener cosas sino en disfrutar de lo que tenemos” y podríamos llenar mil libros con frases como esta. Lo bueno sería que tomáramos una y le hiciéramos caso.

  • El mar… Siempre maravilloso

    Algunas fotos del atardecer de ayer… El mar, la mar siempre tan presente en nuestras vidas…

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  • ¿Tiene sentido hacer el bien hoy en dia?

    Es una pregunta oportuna, porque precisamente no vemos alrededor un comportamiento exquisito. Vemos que la competitividad es feroz entre personas, hay quienes apenas saludan en las calles, algunos no se dirigen la palabra por alguna ofensa. En el otro polo, personas que tratan de hacer las cosas lo mejor posible, aunque se encuentran con la burla, el descrédito, la mofa de quienes no entienden que hacer el bien es mejor que lo contrario.

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    El bien, no obstante, es un problema complejo porque lo que para mi está bien, puede que para otros no lo es tanto. Entonces habría que ponerse de acuerdo primero sobre lo que significa hacer el bien. Entonces, mejor hablar de el mal. ¿Por qué hacer las cosas mal? En este caso no hay engaño, porque casa cual sabe cuando está fallando. Nuestra conciencia nos enciende una lucecita de alarma cuando algo no va bien en nuestro comportamiento. Aunque, por otra parte, hay una especie de «colchones» para ese mal y tratan de justificarlo con distintas frases. «por esta vez no pasa nada», «se lo mecía», «me quedé tan a gusto» y tantos otros.

    Lo terrible de acometer el mal es que, pese a que sabemos que no está bien lo que hacemos, perseveramos en él. Con lo que nuestro carácter, nuestra actitud va cambiándonos, haciéndonos una mala persona. Nos va alejando de nuestros iguales, minando nuestras amistades, llegando a una encrucijada difícil de resolver y de la que solo saldremos con un cambio de actitud radical.

    Por eso, nuestra propuesta diaria debe ser HACER EL BIEN. ¿Cómo saberlo? Cuando hacemos algo bien, una sensación de tranquilidad y satisfacción nos invade. Aunque sea nuestro bien subjetivo, si creemos de corazón que nuestra decisión fue la correcta, nuestra mente estará tranquila. No habrá preguntas, ni pesadillas, ni malas noches, porque estaremos en paz con nosotros mismos. Que, dicho sea de paso, es con quien debemos estar en paz, porque tratando de hacer. Que otros nos imponen o imponer nuestras reglas solo genera infelicidad.

    Por tanto hagamos el bien. Ese bien que nos hace sentirnos dichosos. Felices con nosotros mismos, sin mirar lo que dicen los demás. Hagamos el bien que da la paz a nuestra alma. Hagamos el bien que nos da la felicidad. Siguiendo como único indicador o brújula la señal del Amor…

  • Quedan todavía en este mundo muy buenas personas

    Estamos inmersos en una sociedad donde lo que manda es la negatividad y el mal humor. No somos nada cordiales, apenas saludamos y mucho menos sonreímos a las personas con las que habitualmente tratamos. Somos proclives a aporrear el claxon cuando otro vehículo hace una mala maniobra, somos capaces de encontrar fallos en los otros con enorme soltura, generando una cadena de rencor que se contagia tan rápidamente com el fuego en nuestros bosques.

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    Sin embargo, en este mundo desventurado, siempre aparecen personas que son una especie de oasis de los que debemos beber para seguir nuestro camino. Esta mañana, mientras paseábamos una señora mayor nos detuvo en medio de nuestra caminata. No la conocíamos de nada pero nos paró para decirnos que le parecía maravilloso que fuéramos caminando cogidos de la mano. Nos felicitó nos dio besos y nos pidió que no dejáramos nunca de cogernos las manos. Ella, muy emocionada recordaba a su marido, ya fallecido, del que siempre iba cogido de su mano. Emocionados, después de aquel pequeño encuentro seguimos nuestro paseo diario.

    Podría explicar ahora que Bea y yo siempre hemos ido de la mano y logotipos por los que desde novios siempre, cuando estamos solos vamos de la mano. No obstante lo llamativo es la actitud de aquella mujer, es comprobar como todavía hoy quedan muy buenas personas en este mundo maravilloso. Observar que ante el pesimismo que pueda existir en esta sociedad, siempre hay quien sigue creyendo en que la alegría, el amor la positividad como manera de engendros entre las personas.

    Suelo mencionar la película MONSTRUOS S.A., como un autentico modelo para todas las personas. La conclusión de la película de animación, me parece increíblemente bueno. En el film, para quien no lo conozca, los monstruos se dedican a extraer energía del terror de los niños que asustan, en concreto de sus gritos. Pero al final descubren que la risa genera mucha más energía, lo que nos viene a dar una tremenda lección sobre nuestra sociedad. Estamos acostumbrados al odio, al rencor, al «me las pagarás» sin caer en la cuenta que el amor es mil veces más saludable y beneficioso. Sin ir más lejos, aquella mujer esta mañana nos alegró la mañana y nos lleva a comprender que todavía queda muy buena gente por este mundo de Dios

  • Encaprichados sin más

    Algunas conductas de los niños perseveran en nosotros indefinidamente. El encaprichamiento es una de ellas. A veces nos antojamos en cosas, que si las pensamos bien no son tan importantes, pero acallar el deseo del encaprichamiento es tan difícil como sofocar un incendio, donde la actitud y el deseo tienen un papel muy importante.

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    Me gustó un teléfono móvil, porque tiene un buen diseño, una pantalla proporcionada, es fácil de manejar y tienen todo lo que necesito. ¡pero lo quiero ya! Ese tipo de instrucciones que, sin demasiado acierto le damos a nuestra mente, es una bomba que únicamente cesará cuando nuestro deseo esté satisfecho. Porque pasaremos largo tiempo pensando qué haríamos con ese móvil, desarrollando sus posibilidades, conectándome a mis redes y recibiendo el correo, con la mensajería, etc, Luego, si algún familiar o amigo tiene un dispositivo igual o parecido, se me saldrán los ojos y le pediré que me lo deje usar. Llegaremos casi a obsesionarnos con tener ese objeto y nuestra felicidad dependerá de si soy capaz de conseguirlo o no. Puede parecer una tontería o exagerado, pero muchos se encaprichan en una prenda de vestir, un móvil, un complemento para la casa, un televisor…

    No está mal desear cosas, ni tampoco tener metas pero debemos controlar ese tipo de impulsos porque pueden llegar a convertirse en enfermizos. Está bien que quiera tener cualquier objeto y que, con la finalidad de cumplir mi deseo, empiece a ahorrar, reconozca públicamente que deseo y estoy en marcha para conseguir mi propósito. Sin embargo, no es bueno ni positivo el ¡lo quiero ahora!, que puede aparecer con muchos disfraces como: luego no estará la oferta, sacarán un modelo mejor, la próxima temporada ya no estará, porque estamos perdiendo el control y cediendo al encaprichamiento.

    El encaprichamiento, solo indica que somos muy volubles a los estímulos que recibimos diariamente, denotan falta de personalidad y que somos muy manipulables. Ser capaces de controlar nuestros encaprichamientos, por legítimos que estos sean, es una clara muestra de madurez y crecimiento personal, que proporciona mayor autoestima y perseverancia a la persona.p

  • Haciendo escala de valores y metas en la vida

    Todas las personas tenemos nuestra propia escala. Aunque, generalmente, no lo tenemos apuntado en una libreta sí que sabemos qué cosas nos gustan más y cuales menos. A cada cosa le atribuimos un valor. Es decir, lo que para algunos significa mucho, para otros no supone nada. Así, cada cual tiene su forma de ser y de pensar, otorgando a cada cosa un determinado valor, que, generalmente no suele coincidir en esa determinada escala para todas las personas. (más…)

  • El primero, que se ponga a la cola

    Nuestro entorno es una sociedad visual y de apariencias. Figurar, colocarse en primera fila, ser vistos, es algo que algunos desean, porque estamos “programados” para vivir colectivamente, donde el que sobresale “parece ser el mejor”. Me da la impresión que este es uno de los instintos más básicos de las personas, tratar de ser el “rey de la manada”. A algunos les gusta ser reyes, destacar. Y a pocos, sin embargo, empujar del barco y hacer los trabajos sucios. Indiscutiblemente, hay pocos tronos y muchos candidatos, por eso los puestos de relevancia social siempre han sido muy deseados y controvertidos. (más…)