Es cierto. Es algo que se nos enseña desde niños: si haces algo mal o bien, tienes un castigo o un premio. Así, supongo, aprendemos lo que es nuestra responsabilidad. Nuestros actos tienen consecuencias, causa y efecto. Eres responsable, si no, no haber hecho lo que hiciste. En general, se nos pide ser responsable. Tienes que cumplir con las tareas que se te ponen de pequeño, tienes que ser responsable con tus actos —si haces algo malo o bueno debes asumir las consecuencias—. De mayores esa forma de funcionar también tiene su desarrollo en nuestra vida. Si cumples con tu trabajo no te despiden, si no cometes ninguna infracción llevarás una vida normal y no serás castigado. De ese modo nos acostumbramos a ser responsables. Es seguro que no hay ninguna duda a ese respecto.

Pero la idea de la reflexión de hoy es pensar en nuestra propia responsabilidad con nosotros/as mismos/as. ¿Qué pasa con tus sentimientos? ¿Te responsabilizas de ellos como de tus actos? Probablemente no. Es bastante fácil asumir una infracción cuando hemos aparcado mal o cuando hemos rebasado un límite de velocidad, pero, sin embargo, es más complicado ser responsable de lo que sentimos y las consecuencias que tiene para nosotros/as. Aprender a ser responsables de nuestras emociones y sentimientos es un paso gigantesco para nuestro bienestar y felicidad.
Nadie puede sentirse mal por ti. Nadie puede estar alegre por ti. Nadie puede ser feliz por ti. Eres responsable de cómo te sientes, eres totalmente responsable de tus sentimientos. Hago un paréntesis para explicar, aunque hay quien no esté de acuerdo en que para mí existe una distinción personal sobre emociones y sentimientos. Las emociones son inevitables: sentir miedo, asco, ira, alegría por un estímulo externo, no se puede evitar. Son emociones. Lo que hacemos con ello: yo lo llamo sentimientos, es lo que sí está en mi mano y puedo modificar. Lo que hago con mis emociones son mis sentimientos y de eso, soy totalmente responsable.
Es por eso que deberíamos desterrar de nuestro pensamiento y vocabulario frases como “tu me haces sentir bien o mal” o “por lo que me dijo o me hizo tal o cual persona me siento fatal o feliz”. Lo que nos dice o nos hace alguien nos en ese momento nos produce una emoción: buena o mala, justo en ese momento, pero luego lo que hacemos horas después con esa emoción es responsabilidad únicamente nuestra. No nos podemos pasar tres días o tres semanas rumiando lo que me dijo o me hizo tal o cual persona. Nos hizo sentir bien/mal en ese momento, sí. Pero tiempo después es nuestra responsabilidad cómo nos sentimos.
Tomar conciencia de ello nos hace más felices. Está más que dicho que siempre hay dos opciones ante una situación: Una cola inesperada ¿cómo te lo tomas, con calma o te desgañitas? Un imprevisto en tu día ¿Qué haces? Muchos nos aconsejan tomar con humor, relativizar todas aquellas situaciones inoportunas o molestas ¿y qué pasa con tus sentimientos? Tenemos que fustigarnos continuamente por algo que sentimos o algo que ocurrió. Recuerda: ERES RESPONSABLE. Y tenerlo claro nos ayuda en muchos problemas: Nadie se siente bien o mal por ti. Tú eliges cómo te sientes, especialmente a largo plazo. Y vamos con dos herramientas.
Primera: pon en duda esos sentimientos ¿de verdad tengo que sentirme así por eso que ocurrió? ¿Quién manda a sentirme así? ¿Por qué? Pregúntate, no te dejes llevar por la simple sensación, sino trata de dominar mediante preguntas si eso que sientes es lo adecuado y lo que quieres sentir.
Segunda: recuérdatelo con frecuencia: La tecnología tiene sus cosas negativas, pero también muchas buenas. Existen aplicaciones que te pueden mandar mensajes que programes. Así por ejemplo, puedes enviarte un mensaje para recordarte eso: “SOY RESPONSABLE”. Tengo varios programados con distintas cosas que me interesa recordar: unos a primera hora de la mañana y otros de forma aleatoria y funcionan. Nos recuerdan cosas importantes, nos traen al presente, etc.
Con todo, sentirnos responsables y ser responsables es una prueba de madurez. Por tanto, es una buena cosa responsabilizarnos, no sólo de nuestros actos, sino también de nuestros pensamientos y sentimientos. ¿Te atreves?
Deja una respuesta