Un viejo dicho nos propone que recoges aquello que cosechas. Si plantas tormentas, cosechas tempestades, dice otra afirmación parecida. Me gusta plantearlo más en positivo: Planta aquello que quieras ver florecer. Pero no se trata sólo de lo que dices o haces, sino también tus deseos y preocupaciones… todo eso que haces con tu vida es lo que florecerá a tu alrededor. Planta en ti, lo que quieres que crezca a tu alrededor.
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Cuando no puedes perdonar
Estaba viendo una película en la que una de las protagonistas no era capaz de perdonar a su madre. Ella, la madre, la abandonó de pequeña y, aunque había regresado para verla y recuperarla nuevamente, era incapaz de perdonarla. Por más que avanza la trama, pese a que el resto de la familia sí que la perdona, esta muchacha no puede. Así que pensé en lo terrible que es no poder perdonar. Debe ser tremendo cuando no puedes perdonar.
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Necesitamos muy poco para ser felices
Si hay algo que ha quedado claro durante estos días es que no necesitamos tanto para vivir. Ni siquiera ha sido falta, de momento, la tonelada de papel higiénico, sino que lo hemos ido gastando, supongo, poco a poco. Es tiempo de valorar lo pequeño, el día a día, los detalles. Fijarnos y amar esas pequeñas cosas nos pueden dar mucha felicidad cada día. Porque la velocidad, ir deprisa nos hace perder de vista lo realmente importante: los pequeños detalles.
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Ser agradecidos y recrearnos en lo pequeño, claves para seguir adelante
Estamos encerrados y hay muchas cosas de las que podemos disfrutar. Sobre todo, lo que prefiero es celebrar cada día la vida, lo mínimo, lo sencillo. Cuando pregunto sobre lo bueno de estar en casa durante tanto tiempo, algunas grandes personas me dicen que se recrean en lo mínimo ¡esa es la actitud! Antes nunca fue tan maravilloso ir a buscar el pan, llevar la basura o limpiar la casa, sobre todo en equipo, con nuestros seres queridos ¡que maravilla estar en casa!
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El descontrol nos hace más felices
Parece una tontería, pero no lo es. Vivir una vida en la que no tengamos todo atado y bien atado, produce bienestar. La razón es sencilla, si todo está controlado, si tenemos todo pautado, preparado y previsto, vamos a vivir entre el aburrimiento y la rutina. Para evitarlo hay que soltar las riendas a la improvisación y al cambio. No tenemos, ni debemos tenerlo todo controlado.
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Pero cuando te falta esa persona que te hace super feliz…
Hace unos días en uno de los perfiles de «Ser Positivo», a la frase “y de pronto te das cuenta que todo lo que necesitas para ser feliz está dentro de ti”, alguien respondía que “cuando te falta esa persona que te hace feliz es difícil serlo”. Obviamente, ante una pérdida, ante una ruptura o cualquier otra situación, debe ser complicado. Si esa separación es reciente, más complicado aún. Pero, si perdura en el tiempo, no cabe duda que la felicidad está mal enfocada. La felicidad siempre está dentro de nosotros/as, tal como propone la frase que ponía en aquella: “Todo lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros”.
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El arte de amargarse la vida
Parece que algunas personas tienen verdaderas cualidades para amargarse solas. ¡Con lo fácil que es ser felices! Hay personas que están enfadadas con otras, amigos o conocidos que, por alguna situación dejan de hablarse, lo cual genera un estado interior de infelicidad que podemos llamar “amargarse” o “ser un amargado/a”. Hace más de un año escribía una entrada sobre este aspecto en la que proponía que nadie te puede amargar la vida si no quieres. Sin embargo, hay personas que se complican la vida en su relación con los demás, por rencillas y problemas que acaban amargados.
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¿Se acabó lo bueno?
Realmente ¿se acabó lo bueno? Empezar o volver al trabajo, terminar las vacaciones con esa mentalidad no nos ayuda absolutamente en nada. Considerar que los tiempos de descanso, los fines de semana, cuando salimos del trabajo, o las vacaciones, son los mejores momentos es un grave error. Especialmente porque un tercio de nuestra vida lo pasamos generalmente en ese ambiente. Trabajando, estudiando, cosas que, según una errónea creencia social, hemos de odiar.

