Tenemos muy claro cuales son los sentidos que tenemos las personas. Pero es probable que nos estemos olvidando de uno muy potente: nuestra cabeza. No es que sea un sentido por el que recibimos cosas, sino que es capaz de imaginarse cosas, de completar aquello que los sentidos no nos dan. Por tanto, nuestra cabeza tendríamos que tenerla sujeta de algún modo para que no se invente, rellene, cree cosas, especialmente, cuando no queremos.








