Nos fiamos muchos en los objetivos, en los lugares a dónde queremos llegar, queremos ser, queremos tener, queremos, queremos y queremos… mientras tanto la vida pasa junto a nosotros sin darnos cuenta. No podemos estar pendiente sólo de lo que queremos conseguir sin disfrutar del momento. Es, sin duda, una clave fundamental para una vida feliz, plena y positiva.
Casi como en el ADN se nos va metiendo la idea que «debemos ser alguien en la vida», «hemos de luchar por estar en primera posición», ser los jefes, los mejores, ascender en la carrera profesional y en la vida. Por tanto, algunos creen que hemos de ser muy importantes para que nuestra vida tenga sentido. Pero, ¿para quién hemos de ser importantes? ¿Es importante en nuestra vida ser importante?
He escrito mucho sobre la felicidad de las personas. Sin embargo, no pierdo la capacidad de asombro cuando doy un repaso a las informaciones diarias y encuentro entre mis suscripciones titulares opuestos. «La felicidad está en el matrimonio», unos titulares más abajo: «Lo mejor que te puede pasar es estar soltero», ¿Entonces en qué quedamos? También desde hace algún tiempo hay una corriente contraria a la psicología positiva. Afirman algunos que tratar de estar positivo o ser positivo, como escribía hace unas semanas, no sirve de nada. Entonces, ¿Dónde está la felicidad?
En forma de viñeta recibí esta frase hace unos días y me dejó impactado por la verdad lapidaria que nos muestra. No debería hundirnos el mar que está a nuestro alrededor, sino lo que dejamos que entre en nuestras vidas. A nuestro alrededor hay un océano inmenso lleno de cosas maravillosas, pero también de mucha negatividad. Como ocurre en el mismo mar, hay especies animales afables y bonitas, unas son comestibles y otras son verdaderos depredadores que dan miedo ¿Cuál dejas entrar en la barca de tu vida?
Ayer leía un tweet que decía: «Ya vienen los tres reyes Magos: Comprar, Gastar y Malgastar». Es verdad que el consumo se dispara en esta época del año. Probablemente gastamos más de lo que deberíamos en estos días de diciembre y enero. Sin embargo, me gusta ver las cosas con optimismo y sigo considerando, especialmente el día de Reyes el día de la ilusión.
La alegría es uno de los sentimientos o emociones básicas. Reconocemos su forma visible en forma de sonrisa y felicidad en el rostro. El diccionario de la lengua, define alegría como «Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores«. Sin embargo, la alegría no es fácil de encontrar. Normalmente solemos ver más personas contagiada de otros sentimientos más negativos como la tristeza, el enfado o la ira. Por tanto, la búsqueda de la alegría, como también de la felicidad, se ha convertido para muchos en un desafío para sus vidas.
Las redes sociales nos invitan a contarlo todo. Pocas cosas quedan para la intimidad. Todo o casi todo debe ser público y comentando en el mundo digital para que los conocidos y no tanto sepan como celebras tu cumpleaños, como adornas la casa por navidad o lo bien que lo estás pasando en una fiesta. En contraposición hay otro modelo de felicidad interior, silenciosa, de bienestar que nos invita a disfrutar de nuestra vida en lo íntimo en lo personal, sin exteriorizarlo todo ¿con cuál te quedas?
Nos acostumbraos con demasiada facilidad a lo bueno. Disfrutamos de muchísimas cosas que día tras días nos ayudan a incrementar la felicidad. Sin embargo, desde algunas corrientes se nos propone renunciar a cosas para ser más felices. Dejar, solar, cambiar, no sólo nos proporciona bienestar, sino también seguridad en nuestra vida, porque cuando decidimos renunciar somos conscientes de tener el control sobre nuestra vida.
Estoy convencido que una de las cosas que nos hacen felices, ser positivos y optimistas es la ayuda a los demás. Por eso, no como receta para obtener esas cosas, sino como algo que llevo interiorizado desde muy joven, presto mi colaboración y solidaridad hacia otras personas de manera individual y también en Organizaciones estructuradas. Sin embargo, en los últimos años detecto que ese tipo de ayuda y cooperación ha descendido. Las asociaciones vecinales cierran sus puertas, las agrupaciones apenas cuentan con voluntarios, ¿existe una crisis de lo humano?
Algo se ha hablado esta semana de la felicidad y del placer. Algún estudio ha tratado de analizar la las diferencias que existen entre estas sensaciones y de la tendencia a confundir una cosa con otra. Obviamente, no tienen casi nada en común y, sin embargo, las confundimos. Especialmente, desde el punto de vista comercial se tiende a hacernos creer que la felicidad está en el placer. De esa manera, algunas personas se pasan la vida buscando placer como sinónimo de felicidad, algo que conduce a una callejón sin salida.