Versión podcast de la entrada anterior… «Un patinete a cien por hora https://go.ivoox.com/rf/89276266

Hace unas semanas se hacía viral un vídeo, en el que un conductor denunciaba a un patinete que circulaba a gran velocidad. Un coche circula por una carretera y un patinete le adelanta a gran velocidad. No voy a convertir el blog en una crónica de noticias y sucesos, sino que desde que vi el vídeo no he parado de darle vueltas a lo mismo y ahora lo he vuelto a confirmar visionándolo varias veces: ¿Cómo denuncias que un patinete te adelanta a 90 por hora y vas conduciendo y grabando con el móvil?

Versión podcast del blog…

Si lo que quieres es vivir cien años… como dice la canción de Sabina, lo mejor es cultivar el optimismo. Y no es broma porque la revista “Journal of the American Geriatrics Society” ha publicado un estudio en el que deja patente que el optimismo es una variable a tener muy en cuenta si se quiere tener una vida longeva. De modo que sale a debate el tan traído y llevado tema del optimismo y la actitud de vida como forma de vida y, en este caso relacionándola con la salud.

El otro día andaba como un loco buscando las gafas por todos sitios y no la encontraba. Si me las quité para cocinar, porque se me empañan con el vapor y no veo ni torta ¿Dónde las habré puesto? Ciertamente, en casa, la mejor manera para no perder las cosas son tener un lugar fijo para dejar los objetos y así lo hago. Sin embargo, las gafas son un caso aparte, las puedo soltar en cualquier lugar como me ocurrió ahora, porque iba a cocinar y no podía tenerlas puestas. Lo mismo me ocurre cuando voy a hacer deporte o hacer alguna chapuza, con las gafas, el sudor y todo lo demás, hace que las deje en cualquier sitio y, así me pasa como ahora, que me vuelvo loco buscando.

A la tan discutida felicidad le crecen más enanos. La Cherofobia. La cosa consiste en personas que tienen aversión a la felicidad. Como decía antes: tanta felicidad me pone enfermo. Y no es para menos, visto que todo el mundo aparenta ser feliz en sus perfiles, en sus vacaciones, con sus bailes y con todo lo demás.

Pero hay que sanarlas. Todos/as tenemos heridas de distinta consideración. Unas más grandes que otras. Unas más profundas, otras más superficiales, pero hemos de tratar de curarlas de sanarlas y, sobre todo, lo más importante es no seguir hurgando en ellas, porque de ese modo nunca cicatrizarán, nunca se curarán.
