Categoría: Vivir Feliz

Reflexiones y propuestas, que bajo mi humilde punto de vista, nos pueden ayudar a ser un poquito más felices…

  • ¿Tiene sentido hacer el bien hoy en dia?

    Es una pregunta oportuna, porque precisamente no vemos alrededor un comportamiento exquisito. Vemos que la competitividad es feroz entre personas, hay quienes apenas saludan en las calles, algunos no se dirigen la palabra por alguna ofensa. En el otro polo, personas que tratan de hacer las cosas lo mejor posible, aunque se encuentran con la burla, el descrédito, la mofa de quienes no entienden que hacer el bien es mejor que lo contrario.

    20120831-171433.jpg
    El bien, no obstante, es un problema complejo porque lo que para mi está bien, puede que para otros no lo es tanto. Entonces habría que ponerse de acuerdo primero sobre lo que significa hacer el bien. Entonces, mejor hablar de el mal. ¿Por qué hacer las cosas mal? En este caso no hay engaño, porque casa cual sabe cuando está fallando. Nuestra conciencia nos enciende una lucecita de alarma cuando algo no va bien en nuestro comportamiento. Aunque, por otra parte, hay una especie de «colchones» para ese mal y tratan de justificarlo con distintas frases. «por esta vez no pasa nada», «se lo mecía», «me quedé tan a gusto» y tantos otros.

    Lo terrible de acometer el mal es que, pese a que sabemos que no está bien lo que hacemos, perseveramos en él. Con lo que nuestro carácter, nuestra actitud va cambiándonos, haciéndonos una mala persona. Nos va alejando de nuestros iguales, minando nuestras amistades, llegando a una encrucijada difícil de resolver y de la que solo saldremos con un cambio de actitud radical.

    Por eso, nuestra propuesta diaria debe ser HACER EL BIEN. ¿Cómo saberlo? Cuando hacemos algo bien, una sensación de tranquilidad y satisfacción nos invade. Aunque sea nuestro bien subjetivo, si creemos de corazón que nuestra decisión fue la correcta, nuestra mente estará tranquila. No habrá preguntas, ni pesadillas, ni malas noches, porque estaremos en paz con nosotros mismos. Que, dicho sea de paso, es con quien debemos estar en paz, porque tratando de hacer. Que otros nos imponen o imponer nuestras reglas solo genera infelicidad.

    Por tanto hagamos el bien. Ese bien que nos hace sentirnos dichosos. Felices con nosotros mismos, sin mirar lo que dicen los demás. Hagamos el bien que da la paz a nuestra alma. Hagamos el bien que nos da la felicidad. Siguiendo como único indicador o brújula la señal del Amor…

  • Encaprichados sin más

    Algunas conductas de los niños perseveran en nosotros indefinidamente. El encaprichamiento es una de ellas. A veces nos antojamos en cosas, que si las pensamos bien no son tan importantes, pero acallar el deseo del encaprichamiento es tan difícil como sofocar un incendio, donde la actitud y el deseo tienen un papel muy importante.

    20120829-173826.jpg
    Me gustó un teléfono móvil, porque tiene un buen diseño, una pantalla proporcionada, es fácil de manejar y tienen todo lo que necesito. ¡pero lo quiero ya! Ese tipo de instrucciones que, sin demasiado acierto le damos a nuestra mente, es una bomba que únicamente cesará cuando nuestro deseo esté satisfecho. Porque pasaremos largo tiempo pensando qué haríamos con ese móvil, desarrollando sus posibilidades, conectándome a mis redes y recibiendo el correo, con la mensajería, etc, Luego, si algún familiar o amigo tiene un dispositivo igual o parecido, se me saldrán los ojos y le pediré que me lo deje usar. Llegaremos casi a obsesionarnos con tener ese objeto y nuestra felicidad dependerá de si soy capaz de conseguirlo o no. Puede parecer una tontería o exagerado, pero muchos se encaprichan en una prenda de vestir, un móvil, un complemento para la casa, un televisor…

    No está mal desear cosas, ni tampoco tener metas pero debemos controlar ese tipo de impulsos porque pueden llegar a convertirse en enfermizos. Está bien que quiera tener cualquier objeto y que, con la finalidad de cumplir mi deseo, empiece a ahorrar, reconozca públicamente que deseo y estoy en marcha para conseguir mi propósito. Sin embargo, no es bueno ni positivo el ¡lo quiero ahora!, que puede aparecer con muchos disfraces como: luego no estará la oferta, sacarán un modelo mejor, la próxima temporada ya no estará, porque estamos perdiendo el control y cediendo al encaprichamiento.

    El encaprichamiento, solo indica que somos muy volubles a los estímulos que recibimos diariamente, denotan falta de personalidad y que somos muy manipulables. Ser capaces de controlar nuestros encaprichamientos, por legítimos que estos sean, es una clara muestra de madurez y crecimiento personal, que proporciona mayor autoestima y perseverancia a la persona.p

  • Haciendo escala de valores y metas en la vida

    Todas las personas tenemos nuestra propia escala. Aunque, generalmente, no lo tenemos apuntado en una libreta sí que sabemos qué cosas nos gustan más y cuales menos. A cada cosa le atribuimos un valor. Es decir, lo que para algunos significa mucho, para otros no supone nada. Así, cada cual tiene su forma de ser y de pensar, otorgando a cada cosa un determinado valor, que, generalmente no suele coincidir en esa determinada escala para todas las personas. (más…)

  • El primero, que se ponga a la cola

    Nuestro entorno es una sociedad visual y de apariencias. Figurar, colocarse en primera fila, ser vistos, es algo que algunos desean, porque estamos “programados” para vivir colectivamente, donde el que sobresale “parece ser el mejor”. Me da la impresión que este es uno de los instintos más básicos de las personas, tratar de ser el “rey de la manada”. A algunos les gusta ser reyes, destacar. Y a pocos, sin embargo, empujar del barco y hacer los trabajos sucios. Indiscutiblemente, hay pocos tronos y muchos candidatos, por eso los puestos de relevancia social siempre han sido muy deseados y controvertidos. (más…)

  • Ni comen ni dejan comer

    Es un viejo dicho que se aplica a personas que abundan en nuestro entorno. Gente que únicamente busca destacar, tener mucho y más, ser el objeto de todos los elogios, sin caer en la cuenta que ninguna de esas cosas son importantes en la vida. Ni comen ni dejan comer se dice de quienes ocupan algún lugar destacado en el entorno y no quieren dejarlo por nada del mundo, porque consideran que sin esa distinción dejan de ser importantes, sin darse cuenta que el destacar no tiene es relevante…

    20120827-163544.jpg
    La sociedad hoy nos inclina a una serie de valores que no generan la felicidad, al menos no nos dan una felicidad duradera. Hoy admiramos a quien luce un cuerpo bonito en la playa, a quien la vida le sonríe porque ha tenido suerte, a quien tiene dinero y puede permitirse ciertos lujos. Pero, si pensamos un poco y le quitamos a esas personas esas situaciones accidentales, ¿Que ocurriría? Al guapo lo despojamos de la belleza, al que tiene suerte de su fortuna y al rico de sus lujos, nos quedaríamos con pobres personas que no saben vivir, necesitan recibir la aprobación de los demás para ser quienes son. Si pierden esa distinción pierden la vida. Son individuos que demandan alimentar su ego con nuestra aprobación y admiración. Se convertirían en quienes ni comen ni dejan comer.

    La felicidad no se encuentra en lo que opinen de nosotros. La felicidad está en lo que tu opines de ti. De tu autoestima. No puedes esperar que los demás aprueben tu conducta, tu suerte, tu físico para poder ser feliz. Así muchos se afanan en machacarse en el gimnasio, en trabajar como negros para conseguir tener el coche último modelo y así gozar de cierto prestigio, pero si se desposeen de todo lo que les rodea, ni comen ni dejan comer.

    Por eso hay quienes se empeñan en darnos esos falsos ideales de felicidad. El placer da la felicidad. Lo mejor es unas vacaciones de ensueño en el Caribe, lo ideal es consumir. Y muchos siguen comiendo de esa falsa felicidad, que nos alegra y nos hace sentirnos bien mientras dura el éxtasis de las vacaciones o con la ultima adquisición. Perro en cuanto nos aburrimos volvemos a la misma monotonía. A no tener hambre ni ganas de comer.

    Por eso la libertad y la felicidad no está en hacer caso a los que «ni comen ni dejan comer», sino en el diálogo interior, en la autoestima, en tu fe y tus creencias, siendo critico con todo aquello que nos rodea. Teniendo muy claro que lo material no es eterno y que debemos buscar nuestro «yo» alejado de todos nuestros accidentes para no convertirnos en personas que ni comemos ni dejamos comer.

  • Por no molestar a los demás

    Las personas nadamos entre muchas aguas. Elegimos comportamientos en función del lugar en el que nos encontremos. De ese modo, no hacemos absolutamente lo mismo cuando estamos con compañeros de trabajo que en casa. No es igual una comida familiar que una de empresa. Siempre nuestro comportamiento se mueve por una serie de objetivos. Y, en general, lo que tratamos es de no escandalizar, mostrando aquello que se espera de nosotros. (más…)

  • No hagas lo que los demás te dicen

    Continuamente estamos recibiendo consejos, indicaciones, normas que debemos cumplir. Muchas personas, especialmente los educadores, dicen a sus pupilos lo que deben hacer, de forma que todo nuestro aprendizaje se configura en torno a lo que los demás nos dicen, pero ¿es correcto hacer siempre caso a lo que nos piden? (más…)

  • Nuestra Vida, sucesivos actos de confianza

    20120824-090945.jpg
    En un entorno donde cada día está menos de moda las creencias y la fe, las personas estamos llamadas a creer en muchísimas cosas. Habrá quien diga que no cree absolutamente en nada. Sin embargo, nuestra existencia es una sucesión de creencias, sin las cuales no podríamos vivir. (más…)

  • Vivimos despistadamente

    20120823-122645.jpg
    La vida se nos pasa sin darnos cuenta. Las horas, los días, las semanas, van transcurriendo, a veces de manera monótona, sin disfrutar el momento. Algunos, atrapados en el pasado o agobiados por el futuro ven desfilar las jornadas sin prestar mucha atención. Lo que ocurre es que cuando empezamos a darnos cuenta que la vida se nos escapa de las manos, quizá ya es demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido. (más…)

  • Todos buscamos prestigio

    A nadie le gusta ser el último. Es raro encontrar personas que no quieran ser los mejores en lo que hacen y destacar por ello. Es natural que nos esforcemos en destacar en los estudios, el trabajo, los amigos… tanto de forma positiva como negativa. Hay quienes llaman la atención por hacer cosas buenas y los hay quienes destacan por lo malo. Llamar la atención, destacar, ser el primero, es algo, probablemente consustancial a la persona. El ser humano está necesitado, no sólo de la relación con los demás, sino de ser valorado por los otros. (más…)