Algunas personas quieren que cambiemos. Ocurre con cierta frecuencia en las parejas. Alguien nos atrae y empezamos una relación con el deseo de que cambie aquellas cosas que no nos gustan. Hay quien tiene la terrible manía de pretender cambiarnos, moldearnos, hacernos a su medida, cuando por suerte o por desgracia, los verdaderos cambios nacen únicamente del interior.
¿Son las emociones controlables o campan a sus anchas? Leía una reflexión sobre el amor. Una persona se mostraba preocupada porque aseguraba había perdido el amor que sentía hacia la otra persona. Un consejero le decía que lo mejor, ante esa situación es amar a la persona que ya no ama. ¿Pero como voy a amar a alguien que ya no amo? —insistía— Amándola, respondió. Entonces surge la pregunta ¿amar es una emoción o una decisión? ¿Puedo elegir amar o es algo instintivo e incontrolable?
Lo quiero ahora, lo quiero ya. Todo era para ayer. El nivel de exigencia es máximo hoy en día, vivimos en la sociedad de la inmediatez. Todo es urgente, todo es inmediato. Esa forma de vida se convierte en una locura, donde apenas disfrutamos de lo que se nos presenta día a día. Tal vez, debiéramos pensarlo bien, poner pausa en la vida y recomenzar a vivir de otra manera, tomarnos la vida con más tranquilidad, con paciencia, dejando que lo inmediato pase de largo, sin importarnos demasiado.
No somos compartimentos estancos. Esa es una gran lección para vivir con sentido. A veces, vivimos la vida separadamente, diferenciando momentos y espacios, etiquetando a unos como buenos y otros como malos, cosa que es un tremendo error. Separamos el trabajo o los estudios de la vida y lo consideramos como una mala cosa. Vivimos el fin de semana, por ejemplo como otra fase de la vida, como algo muy bueno. La vida entendida así, es una pesadilla, porque nos pasaremos el tiempo huyendo de un lugar, buscando algo mejor que nunca llega. La vida es una sola y tenemos que vivirla y disfrutarla en todas las facetas que nos presenta.
Ha empezado la vacunación para detener esta pandemia que nos afecta. Rara vez he hablado de este asunto porque me parece que darle importancia a lo negativo, a lo malo, a la enfermedad, no es mi estilo. Prefiero centrarme en todas las cosas buenas que han brotado a partir de la enfermedad que han sido muchas. Ahora mismo la vacunación, me parece algo maravilloso, porque abre las puertas del fin de esta situación. Sin embargo, me llama la atención el uso de pastillas para prevenir. Algunas personas, me cuenta que se han tomado tratamiento antes de la vacuna para prevenir los efectos secundarios, algo que me descoloca.
No es que lo haya dicho ningún estudio de una universidad famosa, ni que se haya analizado a personas que saluden y otras que no. Simplemente es una impresión personal, por lo que veo en el día a día. Por el trato con los demás, tengo la sensación y convencimiento que aquellas personas que más saludan, que dan alegremente los buenos días, buenas tardes…, luego en el trato personal, son o, al menos a mi me parecen personas más positivas, felices y alegres. Cosa, que tiene sentido, bajo mi humilde opinión, porque no saludar o, lo que es peor, no devolver el saludo, supone hacer un esfuerzo en negativo para no saludar, es evitar o tratar de no ver, saludar, hablar, lo cual, creo nos hace más infelices y negativos/as
Nos acostumbran y nos enseñan para ser los mejores o los primeros/as. En las competiciones, en la enseñanza, en casi situaciones hay que ganar. Nadie nos enseña para el fracaso. Sin embargo, de los logros, de lo que conseguimos no aprendemos demasiado. Sin embargo, de lo que verdaderamente aprendemos, es de los fracasos.
Presencié una escena llamativa hace unos días. Una persona que no veía bien le pide a otra que se quite. Una opción válida, pero que, sinceramente, me sorprendió. Seguramente es una forma de actuar habitual en algunos/as. Pero seguro que mi elección habría sido, moverme yo para buscar un mejor ángulo y poder ver sin dificultad. “Quítate tu, pa ponerme yo” no es una opción válida para vivir en sociedad, ni para nuestra felicidad y paz interior
Hace tiempo que se habla de inteligencia emocional y de las emociones. A través de películas y diferentes situaciones se nos pone de relieve la importancia de gestionar adecuadamente nuestras emociones. Sin embargo, en los ritmos días he estado leyendo y, han llegado por varios canales la necesidad de sobreponer la razón a las emociones como manera de ser feliz. Quienes sostienen esta idea proponen que, si dejamos nuestra vida en mano de lo emocional, podremos parecer un poco marionetas. Vamos a estar con altibajos frecuentes, con cambios de humor constantes y con poca estabilidad porque estaremos en manos de las conocidas emociones básicas (la sorpresa, la tristeza, el desprecio, el miedo, la ira, la alegría y el asco) que, dependiendo a quien sigamos pueden ser desde cuatro hasta siete. Así que las cité todas para no dejar atrás nada.
Emociones ¿Sólo siete? Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com(más…)
Tengo mis dudas. No soy ningún experto en psicología ni en sociología. En este espacio, simplemente reflexiono sobre cosas que me llaman la atención, sin que sienten cátedra. Lo cierto es que últimamente he escuchado que para ser felices necesitamos vida social, lo cual me chirrió un poco. Por varias razones: la primera la pandemia que nos aisló de todo contacto social y nos sigue restringiendo esas reuniones sociales. La otra cuestión que todo el mundo da por hecho que la persona más feliz del mundo es un monje tibetano quien, seguramente no será pródigo en relaciones sociales. Entonces ¿la vida social es una clave de la felicidad?