No podemos dejar la cabeza en blanco. Bueno, algunas personas si lo consiguen durante unos segundos de manera consciente y cuando dormimos que estamos en descanso aunque los procesos vitales siguen su curso. Generalmente en la mayor parte del tiempo nuestra mente trabaja en pensamientos buenos, malos o regulares, pero está todo el tiempo funcionando como una lavadora.
Darle vueltas a las cosas, pensar los pensamientos… (más…)
Puede parecer extraño, pero es así. Nuestra mente se adapta a los distintos momentos que vamos viviendo, de modo que lo que recordamos no es tal como creemos, no con total exactitud. Distintos estudios demuestran que nos vamos adaptando a las circunstancias y que, lo que recordamos no es exactamente como pensamos.
Manolo es un albañil que cada mañana acude a su puesto de trabajo “por obligación”. Tiene deudas contraídas de una vida normal: coche, hipoteca, algún préstamo. Cada día no ve la hora de salir del trabajo para irse a charlar con los amigos o realizar una actividad de ocio. En otra cuadrilla está Pedro, otro albañil que parece dejarse la vida en cada bloque que pone, cada día se enfrenta a un reto distinto: alicatar de la manera más proporcional posible, poner los pisos más alineados o sentar los bloques de la manera más perfecta. Al salir se reúne con sus amigos, hace deporte o cualquier otra actividad de ocio poniendo todo su corazón en lo que practica ¿Qué hace que dos personas con idéntico trabajo, derechos, vacaciones, etc, tengan visiones tan distintas de su vida y su trabajo?
Tenemos en casa la sana costumbre de celebrarlo casi todo. Digo casi porque seguramente habrá alguna cosa que se nos escapa. Cumpleaños, santos, aniversarios, el día de…, el final de trimestre, vacaciones, cualquier logro que tengamos, lo celebramos. Me di cuenta que era una buena cosa al leer una entrevista a integrante de una tribu que hablaba de la felicidad. Afirmaba eso: lo celebramos todo: Que llueve, lo celebramos, que hace sol, también. Cuando hay alimentos y cuando no lo hay. Siempre hay cosas que celebrar. Es una buena forma de invitar a la felicidad a nuestras vidas: celebrándolo todo.
Hace algunos días, el 20 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Felicidad. Desde 2013, las Naciones Unidas nos proponen celebrar el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la misma en la vida de las personas de todo el mundo. Sin embargo, la cuestión de la felicidad parece cada día estar más en entredicho. Hay quien afirma que es un utopía, en otros ambientes hablan de la tiranía de la felicidad porque parece una exigencia. Parece que no se concibe una vida sin sonrisas, sin mostrar una felicidad que algunos/as no acaban de encontrar.
Día internacional de la felicidad
Una de las cosas interesantes que leído en estos días es la relación de la temperatura y la felicidad. Parece ser que hay una relación directa entre el clima y esa sensación. Parece que en los lugares más cálidos la población es más feliz, mientras que se tiende a la depresión o la tristeza en lugares más fríos. Parece lógico pensar que con menos horas de sol y algo más de frío tendamos a estar menos alegres. Sin embargo, esta propuesta choca con los índices de felicidad que apuntan a países nórdicos como lugares más felices, que supongo están más vinculados al bienestar que a la propia climatología.
El día internacional de la felicidad coincide con la llegada de la primavera, por algo será. Empieza un periodo con más horas de sol, asociado a vacaciones tiempo libre y alegría. Pero en ese sentido sí que soy más crítico con esa imagen de la felicidad.
Mucho se ha hablado de la felicidad y, ya he dicho en alguna ocasión, el principal problema de la felicidad, es la definición que hacemos de ella. No todos tenemos el mismo concepto de felicidad. Mientras para uno la felicidad está en acudir a la fiesta más imponente durante el fin de semana y las vacaciones, para otros la felicidad está en disfrutar de un buen camino en medio de la naturaleza.
La felicidad sobrevalorada
Le damos demasiada importancia a la felicidad. Es probable que no tendríamos que preocuparnos tanto de parecer felices, sino de estar bien. No deberíamos pretender mostrar una falsa apariencia de felicidad, con tal de quedar bien, sino más bien de buscar nuestra felicidad interior. No deberíamos tampoco asociar la felicidad a un lugar, espacio o momento, sino a una forma de ser y estar en el mundo. Habría que eliminar, por tanto, de nuestro vocabulario algunas afirmaciones como: “cuando consiga tal cosa seré feliz, cuando esté de vacaciones seré feliz, cuando llegue el fin de semana seré feliz o tu me haces feliz…” y tantas otras frases que nos decimos en las que vinculamos nuestra felicidad a situaciones externas.
No me cabe ninguna duda que la felicidad es un trabajo personal. Algo que hemos de buscar y desarrollar personalmente y no esperar a que se den las circunstancias necesarias para ser feliz. El gran error de la felicidad nace de esperar a estar en primavera o verano para ser felices, pretender que cuando nos toque la lotería, cuando tengamos ese objeto que añoramos, cuando algo suceda seremos felices.
La felicidad está aquí y ahora.
En este preciso instante. Sin esperar a que algo extraordinario suceda. Con lo que tenemos y, especialmente, con lo que somos. Esperar, desear, pretender que la felicidad llegue en un determinado momento que dependa de las circunstancias es un tremendo error. La felicidad puede ser una decisión personal. Decido ser feliz aquí y ahora. Me da igual que haga sol, que estemos en primavera o en invierno. Soy feliz con lo tengo y con lo que soy. Así de simple. De esa manera no sería necesario que nos recuerden cuando es el día internacional de la felicidad, porque todos los días lo son.
Las cosas no ocurren siempre como deseamos. Un mínimo detalle hace que todo cambie desencadenando una serie de sucesos distintos a los que esperábamos. Es por lo que pensar que lad circunstancias para bien y para mal tienen un gran poder. Por ello no esta nada mal relativizar las cosas, entender que no podemos controlarlo todo como forma de ser mas positivos/as y felices.
Para nuestras acciones tenemos dos opciones, dos puntos de vista desde las que emitir nuestra decisión. Somos bipolares. Sólo podemos elegir situados en un lado de una línea imaginaria que tenemos en cada cual. Podemos elegir desde el lado de la luz o de las sombras; desde el amor o desde el odio. La mayor parte de nuestras acciones, por no decir todas, se basan en un lugar o posición en la que nos encontramos ¿En cuál de ellas te sitúas?
No es lo mismo. Escuché hablar de estos conceptos hace unos días. Me pareció una relación necesaria para la felicidad personal. Si hay disonancia entre las dos cosas, no podemos ser felices. Lo ideal, por tanto es que nuestra reputación e identidad estén lo más unificadas posible ¿será cierto?
El mundo de la psicología positiva no se para de investigar y preguntarse los motivos por los que unas personas son felices y otros no tanto. Un nuevo estudio de Harvard propone seis claves para ser feliz: hacer Deporte, ser agradecido, ser optimista, ser resiliente, evitar la procrastinación y relaciones estables. Estas son las 6 claves para alcanzar la felicidad, según la Universidad de Harvard Lo cual no es una empresa fácil. Son una lista de tareas importantes y de difícil incorporación a la vida cotidiana. Sin embargo, creo que falta un punto fundamental…
Un amigo me contó que ese lapso de tiempo es el que tardamos en decidir. Si sobrepasamos ese tiempo es probable, según esta idea, que empecemos a rumiar y, finalmente posterguemos o no hagamos nada.He estado mirando por la red —que lo sabe todo— y hay quien propone un tiempo de lapso más corto, hasta cinco segundos. Ciertamente nuestras decisiones a veces se postergan indefinidamente, la decisión es estar siempre indecisos y así se nos va la vida ¡Decídete! En 20 o en 5 segundos, pero haz algo… no procrastines.