Las cosas no ocurren siempre como deseamos. Un mínimo detalle hace que todo cambie desencadenando una serie de sucesos distintos a los que esperábamos. Es por lo que pensar que lad circunstancias para bien y para mal tienen un gran poder. Por ello no esta nada mal relativizar las cosas, entender que no podemos controlarlo todo como forma de ser mas positivos/as y felices.
Un amigo me contó que ese lapso de tiempo es el que tardamos en decidir. Si sobrepasamos ese tiempo es probable, según esta idea, que empecemos a rumiar y, finalmente posterguemos o no hagamos nada.He estado mirando por la red —que lo sabe todo— y hay quien propone un tiempo de lapso más corto, hasta cinco segundos. Ciertamente nuestras decisiones a veces se postergan indefinidamente, la decisión es estar siempre indecisos y así se nos va la vida ¡Decídete! En 20 o en 5 segundos, pero haz algo… no procrastines.
Es un mensaje que debiéramos darnos cada mañana. Mirarnos al espejo y decirnos con una amplia sonrisa: “Hoy es un gran día, hoy va a ser un gran día”. La razón es muy sencilla: Somos lo que hacemos, lo que nos decimos. Si cada día nos levantamos por la mañana arrastrándonos hasta la ducha, tomamos un desayuno a toda prisa, sin ni siquiera saborear, preocupados/as por todo lo que tenemos que hacer, agobiados por tantas ocupaciones diarias, difícilmente puede ser un gran día. Con todas esas premisas, como mucho será un día mediocre.
Vivimos muy deprisa, no cabe duda. Los días pasan rápido, las semanas y los meses. Ya estamos en Navidad y parece que fue ayer cuando estábamos tumbados en la playa tomando sol. Sin embargo, no quería compartir una reflexión sobre lo rápido que transcurre todo, aunque sea cierto, sino de querer ir más rápido que el tiempo. Me viene todo esto a la cabeza porque escuché decir a una persona que para ver las series más rápidamente, las reproduce a 1,5 de velocidad. Las voces se oyen un poco “apitufadas” pero veo más capítulos.
Esa era una de las frases simpáticas que nos decían de pequeños. Con la intención, imagino de contestar de manera sarcástica o para quitar importancia a las posibles dolencias de cualquier enano. Algo que, obviamente, enfadaba a cualquiera. Por si fuera poco, el repertorio con este tipo de respuestas es amplio: me duele la barriga, pues tira de ell para arriba, Me duele el… (aquí cualquier parte del cuerpo) pues duélele tu a él y así el repertorio puede ser larguísimo. Sin embargo, ahora un poco más en serio, leí hace unos días algo relacionado con nuestras sensaciones y cómo nos afectan ¿Podemos controlarlas? ¿Estamos a merced de lo que dicta arbitrariamente nuestro organismo y no podemos hacer nada para cambiarlo? O, lo que nos interesa más, ¿si me encuentro mal puedo cambiarlo y empezar a sentirme bien?
No es un aprendizaje nuevo. Seguro que ya lo sabemos. Todo en demasía se vuelve cansino y aburrido. Escuché decir, me imagino que con razón que entre las personas más poderosas y adineradas, el aburrimiento campa a sus anchas. Parece lógico porque cuando se tiene mucho, cuando hay demasiado ¿Qué más vas a buscar? Lo tienes todo, puedes adquirir, conseguir, tener todo lo que tu dinero te proporciona. Entonces ¿Qué más? El hastío y el aburrimiento, es por eso que todo cansa.
¿Hay quien quiere ser lo peor a posta o quien quiere hacer todas las cosas mal adrede? Seguramente y, de forma unánime, la respuesta será no. A nadie le gusta hacer las cosas mal ni tampoco quiere ser su peor versión. Es por eso que generalmente todos buscamos el éxito. Entendiendo el éxito como la mejor versión de nosotros, como hacer las cosas lo mejor posible o alcanzar la mayores cotas de bienestar. Obtener todos aquellos logros que nos proponemos.
Sin embargo, en esa búsqueda, es posible que nos perdamos. Queremos y deseamos tanto ese éxito que nos perdemos en esa selva complicada de proyectos, metas, deseos, puntos de llegada. Por tanto quizá sería conveniente no perder de vista nunca la meta, pero especialmente disfrutar también del viaje.
Escuché esta frase hace tiempo, para motivar, animar a seguir adelante a quien, por distintos motivos, se puede quedar paralizado ante los inconvenientes de la vida. Cuando se nos presenta algún imprevisto, a veces nos quedamos plantados, como árboles. Nos quedamos aturdidos ante los aprietos que nos pone la vida, que no son pocos. La cuestión es, sobre todo, seguir adelante. No debemos quedarnos parados, sino seguir adelante, luchar hasta conseguir nuestras metas y sueños.
Impresionantes deportistas en los paralímpicos(más…)
El siempre controvertido tema de la felicidad no tiene fin, ni tampoco lo tendrá a corto plazo. La razón es muy sencilla: No hay una definición global para la felicidad. El Diccionario dice de la felicidad que es el estado de gata satisfacción espiritual y física. Me gusta esa definición, pero no todo entendemos lo mismo por felicidad. Además, si damos un paso más no todos/as obtenemos la felicidad de la misma manera, de ahí que no se entienda lo mismo por felicidad.
Lo quiero ahora, lo quiero ya. Todo era para ayer. El nivel de exigencia es máximo hoy en día, vivimos en la sociedad de la inmediatez. Todo es urgente, todo es inmediato. Esa forma de vida se convierte en una locura, donde apenas disfrutamos de lo que se nos presenta día a día. Tal vez, debiéramos pensarlo bien, poner pausa en la vida y recomenzar a vivir de otra manera, tomarnos la vida con más tranquilidad, con paciencia, dejando que lo inmediato pase de largo, sin importarnos demasiado.