Esta semana, por distintas circunstancias, me ha venido a la cabeza esta idea. Sucede que, muchas veces, nos centramos profundamente en un problemay no somos capaces de ver la solución. Por ejemplo, cuando nos duele algo, nos centramos en el dolor y no tratamos de pensar en cuál sería la forma de arreglarlo. Me gusta hacer deporte y, a veces, tengo algunas molestias. Precisamente iba subido en mi bici, cuando sentí alguno de esos dolores no muy fuerte, pero molesto. Pensé, no sé si equivocadamente, que la solución sería pedalear más rápido, dar «un poco más caña» por si acaso el problema fuera falta de uso… y así fue: la molestia desapareció. El resto del camino lo pasé pensando en esta frase: si te centras en el problema, nunca verás la solución, si me hubiera centrado en mi dolor, seguramente no habría terminado la ruta.
La Semana Santa me parece un espacio privilegiado para desconectar, para detenernos, mirar con otra perspectiva todo aquello que nos rodea. Tanto si somos religiosos como si no, hay que aprovechar los espacios libres para poner el freno, parar, reflexionar y dedicarnos algo de tiempo. Todos necesitamos tener espacios de paz y tranquilidad durante unos días al año.
Nos fiamos muchos en los objetivos, en los lugares a dónde queremos llegar, queremos ser, queremos tener, queremos, queremos y queremos… mientras tanto la vida pasa junto a nosotros sin darnos cuenta. No podemos estar pendiente sólo de lo que queremos conseguir sin disfrutar del momento. Es, sin duda, una clave fundamental para una vida feliz, plena y positiva.
Frecuentemente usamos esa forma de saludos a otras personas. También otra bastante frecuente ¿Cómo estás… bien, no? Son tipos de saldos que me llaman muchísimo la atención porque son absolutamente incorrectos y van en contra de la comunicación. Acostumbraba a saludar así a quien me encontraba, pero en estos días he reflexionado sobre este grupo de palabras y me ha parecido de lo más elocuentes y disparatadas.
He escrito mucho sobre la felicidad de las personas. Sin embargo, no pierdo la capacidad de asombro cuando doy un repaso a las informaciones diarias y encuentro entre mis suscripciones titulares opuestos. «La felicidad está en el matrimonio», unos titulares más abajo: «Lo mejor que te puede pasar es estar soltero», ¿Entonces en qué quedamos? También desde hace algún tiempo hay una corriente contraria a la psicología positiva. Afirman algunos que tratar de estar positivo o ser positivo, como escribía hace unas semanas, no sirve de nada. Entonces, ¿Dónde está la felicidad?
Es una pregunta que ha rondado mi cabeza desde siempre. ¿Cómo es posible que sabiendo lo que nos hace felices nos empeñamos en amargarnos? No hay más que mirar a nuestro alrededor para ver personas enfadadas, negativas, tristes que no disfrutan de la vida, es algo incomprensible, cuando sabemos, o nos dicen por activa y pasiva lo que hemos de hacer para tener una vida feliz y plena. Podría ser una actitud como de Kamikaze o como quien conoce el remedio para curar su enfermedad pero no se lo toma. ¿Realmente las personas no quieren ser felices?
Otra vez, otro nuevo estudio que nos invita a dejar las redes sociales. En este caso se trata de un estudio de Standford, quien ha trabajado con un grupo de más de 2400 personas a los que dividió en dos grupos, uno siguió utilizando la red y a otros se les desactivó su perfil durante un mes. Las conclusiones arrojan que los que estuvieron sin red social fueron más felices.
La alegría es uno de los sentimientos o emociones básicas. Reconocemos su forma visible en forma de sonrisa y felicidad en el rostro. El diccionario de la lengua, define alegría como «Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores«. Sin embargo, la alegría no es fácil de encontrar. Normalmente solemos ver más personas contagiada de otros sentimientos más negativos como la tristeza, el enfado o la ira. Por tanto, la búsqueda de la alegría, como también de la felicidad, se ha convertido para muchos en un desafío para sus vidas.
Con el mal tiempo, también las preocupaciones. Tengo la impresión que vivimos muy atormentados, tanto en el sentido meteorológico como personal. Nos preocupamos demasiado por las situaciones de alerta, prealerta, alerta verde, naranja, naranja nivel, cinco, tres… ¿nos atormentan las tormentas? Apenas se detecta por el servicio meteorológico algún sistema poco adecuado, nos atormentamos con envío masivo de mensajes, publicaciones poniéndonos en alerta. ¿es bueno atormentarse por esas cosas o mejor dejar que todo fluya?
Estoy convencido que una de las cosas que nos hacen felices, ser positivos y optimistas es la ayuda a los demás. Por eso, no como receta para obtener esas cosas, sino como algo que llevo interiorizado desde muy joven, presto mi colaboración y solidaridad hacia otras personas de manera individual y también en Organizaciones estructuradas. Sin embargo, en los últimos años detecto que ese tipo de ayuda y cooperación ha descendido. Las asociaciones vecinales cierran sus puertas, las agrupaciones apenas cuentan con voluntarios, ¿existe una crisis de lo humano?