Estamos encerrados y hay muchas cosas de las que podemos disfrutar. Sobre todo, lo que prefiero es celebrar cada día la vida, lo mínimo, lo sencillo. Cuando pregunto sobre lo bueno de estar en casa durante tanto tiempo, algunas grandes personas me dicen que se recrean en lo mínimo ¡esa es la actitud! Antes nunca fue tan maravilloso ir a buscar el pan, llevar la basura o limpiar la casa, sobre todo en equipo, con nuestros seres queridos ¡que maravilla estar en casa!
Parece una tontería, pero no lo es. Vivir una vida en la que no tengamos todo atado y bien atado, produce bienestar. La razón es sencilla, si todo está controlado, si tenemos todo pautado, preparado y previsto, vamos a vivir entre el aburrimiento y la rutina. Para evitarlo hay que soltar las riendas a la improvisación y al cambio. No tenemos, ni debemos tenerlo todo controlado.
Si buscamos en la red esta frase nos aparecen algunas canciones. No pocos artistas han cantado a los amores y desamores utilizando esta sentencia «No puedo vivir sin ti». Pero de verdad ¿no puedes vivir sin alguien? Creer que no puedes vivir sin alguna persona es el primer error de cualquier relación. Pensar así, idealiza de tal manera a la otra parte de la pareja que nos anula completamente. Por tanto, la afirmación correcta sería a mi juicio: No puedo vivir si mi.
He leído algunas cosas esta semana a favor y en contra de la felicidad. En el lado negativo me encontré con algún artículo en el que propone que la felicidad es una utopía. Algo que perseguimos siempre y que nunca conseguimos ¿será cierto? ¿No somos felices, solo es un anhelo, que se disimula en forma de sonrisa? La felicidad, decía el texto, es como la zanahoria que se pone delante del caballo para que camine y que nunca la consigue. Me da mucho que pensar. En el otro lado, leía hace unos minutos varios artículos que nos daban razones para le felicidad. Así que, desde el punto de vista positivo, me interesa más este aspecto y me pregunto ¿Existen razones para ser feliz?
Aquí tirando, me dijo una persona hace unos días, cuando le pregunté ¿Cómo estás? Algunas personas no sólo tienen ese tipo de contestaciones, sino que además lo sienten así. No soy quien para juzgar, pero me parece que “ir tirando” no es una forma de vivir la vida. Por eso lo de ¿vives o sobrevives? ¿Cómo es tu vida?
Desde muchos círculos se nos propone como forma de ser feliz: vivir el presente, nada más. Sin embargo, hay quien cuestiona este idea porque no podemos deshacernos de nuestro pasado, porque nos constituye, nos forma y nos hace llegar hasta donde estamos hoy. Tampoco es demasiado viable no mirar hacia el futuro porque debemos marcarnos metas y objetivos en nuestra vida. Además,, normalmente asumimos compromisos a largo plazo: una compra, un contrato, que nos obligan en un largo periodo de tiempo.
En ocasiones en la vida hay momentos que deseamos que pasen rápidamente. En cambio, cuando estamos a gusto, nos gustaría que ese instante no termine nunca. Es probable que nos preguntemos si el reloj camina más rápido en unas ocaciones que en otras. Sin embargo, es sólo una percepción personal que nos hace disfrutar más o menos de la vida dependiendo de cómo estemos en cada momento.
Con este título llamativo suelen empezar muchos artículos y páginas que quieren llamar la atención «superar una crisis», «para superar las vacaciones» «superar un desencuentro»… A mi, personalmente no me gusta esta forma de enfocar las cosas. No hay nada que superar. Lo ideal es, bajo mi punto de vista, crecer y aprender con esas dificultades.
Muchas personas se afanan en ocupar un lugar privilegiado. Hay quienes ven en los puestos destacados un sentido a su vida. De esta manera hay quienes aspiran a ser famosos, directivos una organización o presidentes de una comunidad con el objetivo puesto en que de esa forma serán valorados. Lo que generalmente desconocen es que para lograr ese éxito, primero hemos de valorarnos nosotros mismos.
A veces pasamos por la vida sin prestar atención. Actuamos de manera automática, rutinaria y así, parece que todo pasa volando. ¿Recuerdas que hiciste esta mañana al levantarte? ¿La ropa que llevabas ayer? ¿De que hablaste en el almuerzo? Si no recuerdas la mayoría de estas cosas, quizá no estés prestando demasiada atención y no estés viviendo plenamente. (más…)