Son muchos los rituales que realizamos en la despedida del año y comienzo del nuevo. El más conocido, sin duda, es el de «las uvas de la suerte». Las tiendas lucen este fin de semana todo tipo de artículos de ropa interior de color rojo. Dicen que también atrae la buena suerte. Por si fuera poco, además, hay otras cosas que se suelen hacer por tradición en ortos países y que algunos también realizan, tales como beber con los anillos dentro de la copa, abrir las ventanas para que entre la buena suerte, escribir en un papel lo malo y quemarlo al terminar el año, lanzar un zapato al aire y muchas cosas más… Pero ¿qué podemos hacer para comenzar bien el año?
Hay cierta tendencia, imagino que empujada por el consumo, a celebrar las coas antes de tiempo. Sin empezar diciembre ya había quien felicitaba por la Navidad. Sin comenzar ese bonito mes, las luces navideñas ya estaban encendidas, las ofertas para estas fechas ya instaladas en las tiendas, por eso tengo la impresión que vivimos alocadamente rápido…. ¿no creen que estamos inmersos en una loca carrera sin disfrutar del momento presente? ¿no nos estamos agobiando al querer celebrar todo tan rápido, tan pronto?
Algo se ha hablado esta semana de la felicidad y del placer. Algún estudio ha tratado de analizar la las diferencias que existen entre estas sensaciones y de la tendencia a confundir una cosa con otra. Obviamente, no tienen casi nada en común y, sin embargo, las confundimos. Especialmente, desde el punto de vista comercial se tiende a hacernos creer que la felicidad está en el placer. De esa manera, algunas personas se pasan la vida buscando placer como sinónimo de felicidad, algo que conduce a una callejón sin salida.
Que si los tatuados somos buenas personas, los animalistas son mejores, que si los homosexuales, que si los de derechas o de izquierdas. Dejemos las etiquetas que no nos sirven para nada.Las etiquetas clasifican, encasillan, limitan y no dejan crecer a las personas. Evitemos las etiquetas. Abogo por utilizar una única etiqueta: PERSONA. Ninguna otra más.
En principio de bastante poco. Especialmente cuando nos quejamos de nosotros mismos y con las personas equivocadas. «Es que tengo un dolor dorsolumbar en la quinta vértebra» —Bien ¿y como puedo ayudarte?— Seguramente de ninguna manera a no ser que seas médico o se tengan amplios conocimientos en medicina. Por lo tanto quejarnos por quejarnos con las personas equivocadas no sirve de nada.
No. Nadie te amarga la vida. Te la amargas tu solito/a. El título de este post suele escucharse a menudo a muchas personas: «Es que mi compañero-a me tiene la vida amargada…», «Me lo hace adrede… es que no para de fastidiarme» Pero hay malas noticias: Nadie te amarga la vida. O al menos, no deberías permitir que nadie te amargue la vida.
Nuestra vida a veces se convierte a veces, en una carrera alocada sin destino visible, donde cada día emprendemos decenas de actividades en el hogar y fuera de él, con abundantes compromisos, actividades, trabajos, deporte… Se acerca la Semana Santa que quizá sea un tiempo propicio para detenernos, parar y reflexionar si es que no lo hacemos diariamente.
En ocasiones, cada dificultad que surge en el camino la enfrentamos como si fuera un problema a resolver. ¡Una cosa menos!, ¡Por fin he terminado esto!, ¡Menos mal ya lo he pasado! y frases así se instalan en nuestro vocabulario y nuestro pensamiento. Afirmaciones que no son inocuas porque cualquier cosa que nos digamos a nosotros mismos tiene una carga emocional importante.
En ocasiones en la vida hay momentos que deseamos que pasen rápidamente. En cambio, cuando estamos a gusto, nos gustaría que ese instante no termine nunca. Es probable que nos preguntemos si el reloj camina más rápido en unas ocaciones que en otras. Sin embargo, es sólo una percepción personal que nos hace disfrutar más o menos de la vida dependiendo de cómo estemos en cada momento.
No es nada fácil hoy en día llevar una vida positiva. Basta con escuchar un noticiario o leer un periódico para caer en la cuenta que nos rodea un mundo bastante pesimista y, lo que es peor, parece que estamos abocados a seguir siendo así. Lo que no se comprende fácilmente es ¿si no nos gusta ser así porque no lo cambiamos? ¿nos conformamos con lo que nos toca vivir resignadamente? ¿que podemos hacer para vivir una vida positiva?