No cabe duda que nuestra vivencia personal nos condiciona. No es lo mismo nacer y vivir en una familia acomodada, que en un barrio periférico o marginal. Sin embargo, tanto, naciendo en un lugar como en otro, nuestra felicidad depende de lo que hagamos con todo lo que tenemos en la cabeza.
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El terrible mundo de la queja continua
Oigo a algunas personas quejarse. Unos del trabajo, de lo mal que va el país, de las elecciones sin solución, del consumismo, de lo caro que están los precios y lo poco que suben los salarios…asi, conviene preguntarse ¿tiene sentido quejarse? Unos afirman que tiene sentido la queja, porque al menos, de esa manera, se quedan aliviados. Sin embrago, en ocasiones, tras la queja, subyace una actitud negativa y catastrófica, con cierta inclinación a verlo todo mal y sin solución. En ese caso la queja si que no tiene sentido, no soluciona nada.
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Dos claves más para felicidad: Ser ecologista y no ser consumista
Parece que, cada día, nos dan más claves para ser felices. Va a resultar que, al final, tendremos que hacer tantas cosas para ser felices, que no tendremos tiempo para nada. Lo cierto es que hace unos días leía un informe de Young Consumer en el que se aseguraba que no ser tan consumista y ecologista nos hace más felices. Así que manos a la obra.
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Pero cuando te falta esa persona que te hace super feliz…
Hace unos días en uno de los perfiles de «Ser Positivo», a la frase “y de pronto te das cuenta que todo lo que necesitas para ser feliz está dentro de ti”, alguien respondía que “cuando te falta esa persona que te hace feliz es difícil serlo”. Obviamente, ante una pérdida, ante una ruptura o cualquier otra situación, debe ser complicado. Si esa separación es reciente, más complicado aún. Pero, si perdura en el tiempo, no cabe duda que la felicidad está mal enfocada. La felicidad siempre está dentro de nosotros/as, tal como propone la frase que ponía en aquella: “Todo lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros”.
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Cuando damos las gracias…
Todo un mundo se confabula para crear algo positivo a nuestro alrededor. Cuando mostramos una actitud agradecida como forma de vida, todo cambia. Esa misma situación nos viene de vuelta. La generosidad y el agradecimiento desde el corazón hacen sentirnos bien con nosotros y con los demás, de forma que desarrollamos en el entorno una halo de positividad que contagia a quienes nos rodean.
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¿no puedo vivir sin ti?
Si buscamos en la red esta frase nos aparecen algunas canciones. No pocos artistas han cantado a los amores y desamores utilizando esta sentencia «No puedo vivir sin ti». Pero de verdad ¿no puedes vivir sin alguien? Creer que no puedes vivir sin alguna persona es el primer error de cualquier relación. Pensar así, idealiza de tal manera a la otra parte de la pareja que nos anula completamente. Por tanto, la afirmación correcta sería a mi juicio: No puedo vivir si mi.
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El egoísmo de la infelicidad
Se nos ha vendido la idea que para ser feliz primero debo ser yo, luego yo y para finalizar yo. Probablemente sea una deformación de una propuesta que nos invita a que para ser felices, hemos de tener buena autoestima y estar bien con nosotros/as mismos. Obviamente, nadie puede transmitir ni hallar felicidad si interiormente no se encuentra bien. Sin embargo, desde el punto de vista del consumismo, esta idea se pervierte para invitarnos a ser felices únicamente haciendo lo que nos place: Si te hace feliz algo, cómpratelo, para ser feliz tienes que tener muchas cosas nuevas y modernas, olvidando a los demás, la relación con los otros/as.
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El arte de amargarse la vida
Parece que algunas personas tienen verdaderas cualidades para amargarse solas. ¡Con lo fácil que es ser felices! Hay personas que están enfadadas con otras, amigos o conocidos que, por alguna situación dejan de hablarse, lo cual genera un estado interior de infelicidad que podemos llamar “amargarse” o “ser un amargado/a”. Hace más de un año escribía una entrada sobre este aspecto en la que proponía que nadie te puede amargar la vida si no quieres. Sin embargo, hay personas que se complican la vida en su relación con los demás, por rencillas y problemas que acaban amargados.
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¿Se acabó lo bueno?
Realmente ¿se acabó lo bueno? Empezar o volver al trabajo, terminar las vacaciones con esa mentalidad no nos ayuda absolutamente en nada. Considerar que los tiempos de descanso, los fines de semana, cuando salimos del trabajo, o las vacaciones, son los mejores momentos es un grave error. Especialmente porque un tercio de nuestra vida lo pasamos generalmente en ese ambiente. Trabajando, estudiando, cosas que, según una errónea creencia social, hemos de odiar.