Hablamos de tener fe, esperanza, de saber que pronto terminará todo y, sin embargo, el encierre se alarga. Tenía la esperanza de poder celebrar pronto un abrazo con compañeros, amigos y familia, reunirnos como lo hacíamos antes, pero todo se demora. Confiaba en poder celebrar la fiesta de mi cumpleaños, la onomástica o cualquier otra que tenía lugar en estas semanas de estancia en casa, pero la realidad me dice que no será posible. Así, cuando la realidad rompe las expectativas, no queda otra que aceptar la realidad.
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Deja de pensar en lo que te falta
Seguimos encerrados y abundan mensajes de personas que echan de menos estar en la playa, salir a hacer deporte, acudir a un bar o cafetería. ¿Las frases del estilo “cuánto daría por...” en que nos ayudan, sirven de algo? Seguramente no, por tanto, sería muy bueno dejar de pensar en lo que no tenemos y centrarnos en aquellas cosas que sí poseemos.
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La importancia de las palabras
En alguna ocasión he comentado la importancia del lenguaje que utilizamos. Especialmente interesante las palabras que nos decimos a nosotros/as mismos/as. Nuestro diálogo interno puede ayudar a estar mejor o peor. No es igual que continuamente nos digamos que somos un desastre, que todo nos sale mal, que no damos una a decirnos que lo estamos intentando, la próxima vez saldrá mejor, tampoco está tan mal… esa forma de hablarnos nos constituye y nos hace ser de una manera o de otra
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Ser agradecidos y recrearnos en lo pequeño, claves para seguir adelante
Estamos encerrados y hay muchas cosas de las que podemos disfrutar. Sobre todo, lo que prefiero es celebrar cada día la vida, lo mínimo, lo sencillo. Cuando pregunto sobre lo bueno de estar en casa durante tanto tiempo, algunas grandes personas me dicen que se recrean en lo mínimo ¡esa es la actitud! Antes nunca fue tan maravilloso ir a buscar el pan, llevar la basura o limpiar la casa, sobre todo en equipo, con nuestros seres queridos ¡que maravilla estar en casa!
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¿En qué lado te sitúas?
Estamos viviendo una periodo muy complicado. No me gusta, si quiera, nombrar ese maldito virus que nos tiene encerrados en casa. Considero que la libertad es uno de los bienes más preciados de la humanidad. Sin embargo, reconozco que dentro de las limitaciones que tenemos para salir y movernos, podemos situarnos en un lugar u otro. Podemos elegir el lado optimista o pesimista de la situación. Podemos deprimirnos o tratar de seguir adelante. Podemos llorar o buscar razones para ser felices en medio de esta situación ¿Qué eliges? ¿En qué lado te sitúas?
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Celebrar lo inesperado
Nos encontramos ante una situación inusual. Una enfermedad que se propaga y siembra el pánico, estado de alarma, clases suspendidas, calles vacías, aplausos en las calles, compras compulsivas en los supermercados. Ante toda esta situación surge la angustia, el miedo a lo que puede suceder, pero ante todo, no debemos perder la positividad y las ganas de seguir adelante, celebrando las dificultades.
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¿Se abusa del pensamiento positivo?
Vuelve nuevamente la eterna pregunta ¿estamos obligados a ser felices? ¿por qué ese movimiento de quien considera que ser feliz debe ser casi una obligación? ¿Debemos ser positivos siempre? Creo que todas las preguntas se contestan con un NO, rotundo. Se critica desde muchos sectores la imposición del pensamiento positivo y de una vida optimista y feliz, porque lo consideran como una utopía. Y, en cierto modo, tienen razón. No se puede estar feliz, positivo y alegre siempre. Parece que asistimos a una dictadura de la felicidad: Es obligado ser feliz, pero no, no es así.
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El equilibrio de la felicidad
Hay quien confunde la felicidad con el placer. Hay quien cree que la felicidad es una sonrisa pintada en la cara, otros ponen una sonrisa fingida para aparentar ser felices. Sin embargo la felicidad no es un instante de alegría o placer por un disfrute muy intenso, sino que la felicidad es cuestión de equilibrio.
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Dejar de hacer cosas que valoramos
Normalmente esperamos a que suceda algo extraordinario para valorar lo realmente importante. Cuando sufrimos una ruptura, al despedirnos de alguien o cuando se nos estropea el móvil o el electrodoméstico que tanto usamos, todo se nos viene abajo. Por eso hay quien invita a “ayunar” de esas cosas necesarias para valorarlas antes de perderlas.
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La tristeza de la costumbre
Cada día recorremos los mismos lugares, hacemos los mismos caminos, comemos casi las mismas cosas y nos acostumbramos, perdiendo la ilusión que teníamos al principio. A veces, perdemos ese brillo de la alegría “porque siempre ha sido así” o “porque soy así”. La costumbre, hacer lo mismo, nos enclaustra, nos ata y nos impide ser más felices y alegres. Hay que evitar acostumbrarse a lo de siempre y, para eso, nada mejor que ver todo con ojos nuevos.