Somos expertos en dar consejos. Con mucha facilidad opinamos de los demás, decimos lo que tienen que hacer. Mi experiencia me dice que lo mejor para ti es… y así soltamos un montón de consejos gratuitos, con el intento de ayudar a otras personas, que lejos de dar una ayuda, lo que consiguen es empeorar la situación de otros.
A nadie le gusta el fracaso. Seguramente nos programan para el éxito, nunca para las decepciones. Siempre se quiere ganar, ser el primero/a, tener éxito, ser atractivo/a, que nos valoren, ser afortunados. Pero ¿qué pasa si nos va mal? ¿Estamos preparados para fracasar? Diría que no. Lo demuestra que en educación se habla, y mucho, de la resistencia al fracaso, asumir los fracasos, especialmente entre los más jóvenes quienes tienen o han tenido casi todo lo que quieren y, cuando no consiguen algo se frustran.
Hay quien dice que la verdad es dolorosa. Sin embargo, no es así. La verdad que duele es la que no aceptamos o la que no está de acuerdo con lo que cada cual piensa. Lo que sucede es que la verdad, es a veces manipulable, la hacemos “nuestra verdad”. La verdad que duele es la que no nos gusta, la que no es como nosotros esperábamos, la que es diferente a lo que queríamos. Esa verdad suele ser la que duele.
Es una gran pregunta, ¿Qué ves ante la situación que nos rodea un problema o un reto? De lo que respondamos depende nuestra visión de las cosas. Es cierto que estamos ante una situación muy difícil, seguramente no nos terminamos de acostumbrar. Es verdad que algunos hacen chiste del año 2020 como un año catastrófico, que desean que termine ya. Sin embargo una visión catastrófica de la realidad, no nos ayuda en nada a superar los problemas. Más bien lo contrario, nos impide superarlos. Así, por tanto, es conveniente la pregunta, ¿Cómo ves la realidad como un problema o como un reto?
Espero que no tenga que sentarme cerca de… Espero que no me toque leer en clase, Desearía que no tocara de comer hoy… Y resulta que te toca sentarte junto a esa persona que no quieres, te mandan a leer y cuando llegas a casa tienes el plato que no te gusta. ¿Por qué nos ocurren cosas que no queremos? La respuesta es sencilla: Porque lo pensamos. Porque le damos importancia. Así de sencillo. Por tanto, para evitar lo negativo, deberíamos también borrarlo de nuestra mente.
Son estas, sí, sin duda, son las mejores vacaciones de mi vida y espero que de la tuya también ¿Por qué? Pues porque son las que estás viviendo o las que has vivido. Pensar que si hubieras ido o si habrías hecho… sería mejor, es un error que no nos permite ser felices. Por eso las de este año han sido y están siendo las mejores vacaciones de mi vida y, espero que las tuyas también.
Hay un libro, creo, titulado “El arte de no amargase la vida”. Sin embargo, pese a que seguir sus consejos, imagino será muy bueno para no ser un amargado y ser feliz, resulta que cada día nos encontramos con muchas personas amargadas, que no son felices. El diccionario, sobre los amargados/as dice que es alguien que guarda resentimientos por frustraciones o disgustos. Es decir, alguien que, por cosas ocurridas en el pasado se siente maltratada o dolida y por eso paga su frustración con todos y con todo.
¿Qué pasó con ellos? Si, ¿Qué pasó con los ganadores de Got Talent, de la Voz, de Operación Triunfo, de tu si que vales? No me refiero a los de la última edición, sino a los de hace varios concursos, ¿Qué fue de ellos? La felicidad de unos, la tristeza de otros, los minutos de gloria junto a personas de la farándula, estar en lo alto de la cima, para luego pasar al más absoluto olvido. Muy pocos, excepto los protagonistas y algunos allegados se acuerdan años después de su experiencia en un concurso televisivo, de ser importante, de la fama y todo lo demás. Es por eso, que hoy quería reflexionar sobre la importancia de ser famoso. Especialmente para uno mismo/a, y no para los demás.
Seguramente es una de las palabras más buscadas en la red ¿Cómo ser feliz? ¿Dónde encontrar la felicidad? Seguro, son búsquedas muy solicitadas. Habrá quien dice que no existe, habrá quien lo considere una meta que nunca se alcanzará. En un año especialmente complicado, habrá quien diga que la felicidad es una utopía. Es imposible ser felices con tanta complicación.
Muchas personas piden respeto. A sus ideas y convicciones, respeto a sus gustos y a la forma de pensar. Quiero respeto por mis gustos y aficiones, quiero que se me respete mi libertad mi ideología, mis derechos y así, podríamos enumerar una lista interminable de solicitudes de respeto que cada cual pide para sí. Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se pide que se respeten las ideas contrarias, la de los otros/as. Me da la impresión que pedimos respeto con demasiada facilidad, sin ser capaces de respetar las ideas de los demás.