Estamos encerrados y hay muchas cosas de las que podemos disfrutar. Sobre todo, lo que prefiero es celebrar cada día la vida, lo mínimo, lo sencillo. Cuando pregunto sobre lo bueno de estar en casa durante tanto tiempo, algunas grandes personas me dicen que se recrean en lo mínimo ¡esa es la actitud! Antes nunca fue tan maravilloso ir a buscar el pan, llevar la basura o limpiar la casa, sobre todo en equipo, con nuestros seres queridos ¡que maravilla estar en casa!
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¿En qué lado te sitúas?
Estamos viviendo una periodo muy complicado. No me gusta, si quiera, nombrar ese maldito virus que nos tiene encerrados en casa. Considero que la libertad es uno de los bienes más preciados de la humanidad. Sin embargo, reconozco que dentro de las limitaciones que tenemos para salir y movernos, podemos situarnos en un lugar u otro. Podemos elegir el lado optimista o pesimista de la situación. Podemos deprimirnos o tratar de seguir adelante. Podemos llorar o buscar razones para ser felices en medio de esta situación ¿Qué eliges? ¿En qué lado te sitúas?
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Celebrar lo inesperado
Nos encontramos ante una situación inusual. Una enfermedad que se propaga y siembra el pánico, estado de alarma, clases suspendidas, calles vacías, aplausos en las calles, compras compulsivas en los supermercados. Ante toda esta situación surge la angustia, el miedo a lo que puede suceder, pero ante todo, no debemos perder la positividad y las ganas de seguir adelante, celebrando las dificultades.
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¿Se abusa del pensamiento positivo?
Vuelve nuevamente la eterna pregunta ¿estamos obligados a ser felices? ¿por qué ese movimiento de quien considera que ser feliz debe ser casi una obligación? ¿Debemos ser positivos siempre? Creo que todas las preguntas se contestan con un NO, rotundo. Se critica desde muchos sectores la imposición del pensamiento positivo y de una vida optimista y feliz, porque lo consideran como una utopía. Y, en cierto modo, tienen razón. No se puede estar feliz, positivo y alegre siempre. Parece que asistimos a una dictadura de la felicidad: Es obligado ser feliz, pero no, no es así.
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El equilibrio de la felicidad
Hay quien confunde la felicidad con el placer. Hay quien cree que la felicidad es una sonrisa pintada en la cara, otros ponen una sonrisa fingida para aparentar ser felices. Sin embargo la felicidad no es un instante de alegría o placer por un disfrute muy intenso, sino que la felicidad es cuestión de equilibrio.
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La tristeza de la costumbre
Cada día recorremos los mismos lugares, hacemos los mismos caminos, comemos casi las mismas cosas y nos acostumbramos, perdiendo la ilusión que teníamos al principio. A veces, perdemos ese brillo de la alegría “porque siempre ha sido así” o “porque soy así”. La costumbre, hacer lo mismo, nos enclaustra, nos ata y nos impide ser más felices y alegres. Hay que evitar acostumbrarse a lo de siempre y, para eso, nada mejor que ver todo con ojos nuevos.
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El descontrol nos hace más felices
Parece una tontería, pero no lo es. Vivir una vida en la que no tengamos todo atado y bien atado, produce bienestar. La razón es sencilla, si todo está controlado, si tenemos todo pautado, preparado y previsto, vamos a vivir entre el aburrimiento y la rutina. Para evitarlo hay que soltar las riendas a la improvisación y al cambio. No tenemos, ni debemos tenerlo todo controlado.
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¿Ficción o Realidad?
A los niños pequeños les cuesta distinguir al principio de sus vidas entre lo que es real y lo que no. Imaginan y creen que lo que aparece en las pantallas es real. Así, hay que explicarles bien cuando se trata de una película, cuando es una noticia real, para que aprendan que a veces no todo lo que vemos es cierto. En la actualidad parece que ocurre lo mismo, las redes sociales, los medios de comunicación nos plantean un mundo que no sabemos muy bien si es verdadero o falso. ¿La imagen que muestran las personas en sus perfiles es real, siempre están así de felices, siempre lo pasan así de bien… es ficción o realidad?
