Le estado dando vueltas a este planeta durante esta semana. Realmente no existe un planeta así, pero sí que se me ocurrió que algunos viven en ese espacio porque cada vez parece que hay menos solidaridad, menos perdón, menos empatía, menos consideración hacia los demás, menos cooperación y petición de ayuda. El individualismo en el que nos encontramos nos hace considerarnos autosuficientes, sin necesidad de pedir ayuda… “ya lo hago yo”, “yo lo sé y si no, busco un tutorial” Pero ¿hay algo más maravilloso que pedir ayuda? ¿Hay algunas sensación más increíble que ayudar a quien nos pide esa ayuda?
No cabe ninguna duda que las palabras tienen un poder inmenso. Las palabras son un vehículo de comunicación enorme y, a veces casi el exclusivo entre personas, de ahí las interpretaciones, malos entendidos, lo que queremos decir y que no nos salen las palabras, lo que no dijimos y alguien interpretó como dicho por nuestra boca. Pero ante todo, tiene especial importancia las palabras que usamos y que decimos, porque nos constituyen como persona.
Seguramente todo lo que estás pasando te lo mereces. Hay quien por cualquier circunstancia vive con miedo. Es como si no se mereciera aquello que tiene. Es una sensación extraña, como de excesiva humildad, como s no fuésemos dignos/as de aquello que tenemos y que nos brinda la vida. Por eso sería bueno disfrutar, saborear, paladear todo aquello que vivimos, porque lo que tenemos es lo que nos merecemos.
Te lo mereces
Lo mismo pudiera suceder desde el punto de vista negativo. Si las cosas no van bien, si no todo es tan perfecto o no sale como deseamos, es probable que algo no esté bien. No creo en la famosa ley de la atracción, pero sí que me parece lógico y normal —hay quien dirá que es el karma—, que si hacemos las cosas bien, seguramente en nuestro entorno todo irá bien. Mientras que si lo que damos es maldad, negatividad y mal rollo, es normal que la vida nos devuelva lo mismo. Es lo que merecemos.
No me gusta hablar del karma, porque hay expresiones nuestras que dicen lo mismo. Recoges lo que siembras o quien planta tormentas recoge tempestades. Sí que es posible la ley del espejo, que viene a decir más o menos lo que estos dos refranes. Aunque, obviamente me surge una duda: ¿El bien el mal, lo que está bien o no, lo justo y lo injusto no es una cuestión arbitraria? Es decir, lo que para algunos está bien, puede que para otras personas esté mal o no sea del todo correcto.
De cualquier modo prefiero pensar en lo positivo. En la extraña sensación en la que cuando las cosas nos van bien, no las disfrutamos porque parece que no nos la merecemos, cosa que no debe ser así. Lo mismo cuando estamos en un viaje o en un buen momento. Existe esa extraña de considerar que no nos lo merecemos y, a veces, esa sensación nos hace pensar que en cualquier momento de ese disfrute algo malo va a suceder, porque no nos lo merecemos. No tenemos derecho, no nos lo merecemos, cosa totalmente errónea. Sí que nos merecemos lo que tenemos, por lo que luchamos y lo que vivimos. Si que te mereces todo aquello que tienes y que vives y, desde luego, espero y deseo que sean muchas cosas buenas y positivas.
Te mereces todo aquello que reflejas. Te mereces lo que llevas en tu corazón, todo lo bueno y bello que tienes dentro. Mereces una vida justo a tu medida, a lo que haces, a lo que eres a lo que sientes. No digas que no te lo mereces, no pienses que la vida te da más de lo que debería. Te mereces lo que tienes. Te lo mereces.
No es un aprendizaje nuevo. Seguro que ya lo sabemos. Todo en demasía se vuelve cansino y aburrido. Escuché decir, me imagino que con razón que entre las personas más poderosas y adineradas, el aburrimiento campa a sus anchas. Parece lógico porque cuando se tiene mucho, cuando hay demasiado ¿Qué más vas a buscar? Lo tienes todo, puedes adquirir, conseguir, tener todo lo que tu dinero te proporciona. Entonces ¿Qué más? El hastío y el aburrimiento, es por eso que todo cansa.
Volví a escuchar esta propuesta muchos años después de haber presenciado la escenificación de este cuento. Afilar el hacha supone estar preparado, no se trata de hacer, hacer y hacer sin parar, sino dedicar tiempo a prepararnos para el trabajo, para la actividad. El atleta necesita pensar en cómo está respondiendo su cuerpo ante los estímulos y trabajo diario para mejorar. Necesita, además, periodos de descanso. El creativo necesita espacios en blanco para simplemente pensar. Todos necesitamos tiempo para afilar el hacha, para ver desde otra perspectiva, para reflexionar y preparar el trabajo que hacemos.
La búsqueda de la felicidad es un reto constante. Mucho se ha dicho en este blog, una cantidad mayor se vierte en otros tantos lugares. Sin embargo hay una duda reciente sobre la cuestión de la felicidad. ¿Somos felices comparados con quién? Es probable que nuestra sensación de felicidad venga originada por la comparación, cuestión que en principio es un error notable, porque esa misma comparación invita a la infelicidad. Me explico…
Cada día tomamos cientos de decisiones. La mayoría de ellas son generadas por automatismos que apenas valoramos, tales como lo que desayunamos, la ropa con la que nos vestimos, el camino por el que vamos a nuestros quehaceres diarios. Son una especie de piloto automático en el que nuestra mente trabaja casi sin prestar atención a lo que hacemos. Pero no estaría mal estar más presente en las decisiones que tomamos, de cada cosa que hacemos, en definitiva tomar decisiones conscientes. Vamos a verlo…
El siempre controvertido tema de la felicidad no tiene fin, ni tampoco lo tendrá a corto plazo. La razón es muy sencilla: No hay una definición global para la felicidad. El Diccionario dice de la felicidad que es el estado de gata satisfacción espiritual y física. Me gusta esa definición, pero no todo entendemos lo mismo por felicidad. Además, si damos un paso más no todos/as obtenemos la felicidad de la misma manera, de ahí que no se entienda lo mismo por felicidad.
Estamos demasiado enganchados a la tecnología. Cada día pasamos más de dos horas conectados a algún dispositivo digital, lo cual es mucho tiempo. Es probable que la mayor parte de nuestro tiempo de ocio lo invirtamos en estar conectados al móvil. Sin embargo, lejos de proporcionarnos felicidad, el móvil nos hace más dependientes. No propongo que renunciemos a los beneficios de esos dispositivos, sino que no dejemos de hacer otras cosas para estar conectados.
Desconectar algún tiempo al día nos hace más felices (más…)
Con frecuencia abrimos muchas ventanas. Como solemos decir por aquí, nos gusta tener muchos calderos al fuego. Empezamos una cosa, seguimos con otra y así sucesivamente. Como se suele decir, somos multitarea. Sin embargo, este modo de trabajo no es nada bueno ni positivo para nosotros porque al final, lo que sucede es que terminamos la jornada o la semana con una sensación de agobio y de no haber terminado nada realmente, sino que todo lo hemos dejado a la mitad.
Debemos terminar una cosa para empezar otra (más…)