Autor: suso.marrero@gmail.com

  • Nos empeñamos en desear con más fuerza aquello que no tenemos

    Anoche estaba viendo en la tele un documental sobre inventos que ponen en algunos nuevos canales. En el espacio televisivo se mostró como se investigó y se creó una especie de prótesis para que una persona a la que le faltaba una pierna pudiera hacer submarinismo. También apareció el caso de otro hombre al que le faltaba el brazo y se le injertó un brazo artificial para poder boxear.

    Miraba con asombro el programa porque no comprendía que una persona a la que le faltaba una pierna quisiera bucear. Porque no se trataba simplemente de bucear, que podía hacerlo perfectamente con algún propulsor que sujetara con las manos. Tenía que bucear con un sistema de propulsión adaptado a la pierna que le faltaba para proporcionarle la misma sensación que a cualquier otro submarinista.

    El documental me pareció real como la vida misma. No porque nos empeñemos en querer poseer aquello que no tenemos. Algo que parece natural a las personas, donde el apego, especialmente a aquello que no tenemos, es un gran caballo de batalla para la sociedad de hoy. Lo que particularmente llama la atención es que bajo aquellas imágenes se escondía la falta de aceptación de las posibilidades, lo que produce, lógicamente una gran frustración.

    La aceptación, no significa resignación. La aceptación es saber gestionar aquellas cosas que nos suceden de forma que podamos adaptar nuestra realidad a las posibilidades que tenemos. Me parece, por tanto, absurdo, incluso ridículo que una persona que no tiene brazo, se empeñe en ser boxeador. Antes, obviamente, me preocuparía más de una prótesis para poder comer, conducir o realizar actividades de la vida cotidiana. Boxear lo dejaría en un plano secundario. Lo mismo sucede con el otro personaje al que le falta la pierna. Antes de preocuparme por buscar un propulsor para instalármelo en la pierna para nadar, me preocuparía de un sistema que posibilite caminar de la mejor manera posible.

    Sin embargo, como decía al principio, el programa me parece un reflejo de la vida que desarrollamos y en la que nos han adoctrinado. ¿Cuántas casas, por ejemplo, no están terminadas, pero en su interior albergan una enorme pantalla de plasma? ¿No hay acaso personas, que tienen dificultad para llegar a fin de mes y que no reniegan de su viaje en verano?

    Venimos de una sociedad del bienestar, como muchos la han acuñado. Pero, algunos amigos, especialistas en economía, me han comentado que este modelo de sociedad en el que hemos crecido es un fracaso y no lo volveremos a ver. Se trata de un modelo de vida en el que todo es posible. Si no tienes dinero, te lo prestamos, pero tienes que hacer tu sueño realidad, aunque para eso te “hipoteques” el resto de tu vida. Este es un modelo ineficaz y que sólo produce la felicidad momentánea. Seremos felices justo en el momento en el que conseguimos aquello que tanto quisimos, pero luego, como el niño en su cumpleaños, va dejando los juguetes y volviendo a su rutina normal.

    La felicidad, por tanto, no  la produce el querer tener cosas, el poseer mucho, sino que nos la proporciona todo aquello que no podemos comprar con dinero. Las relaciones entre personas, el estar bien con uno mismo, la familia, los amigos… Por eso, si la satisfacción y la felicidad nos la proporcionan cosas inmateriales ¿por qué seguimos empeñándonos en tener cosas y cosas y cosas…?

  • Me hablaron de Warren Buffet

    No es un personaje muy conocido, pero el otro día me llegó un correo con la historia de este hombre. Su vida, no sería importante, si no hubiera donado 31 millones de dólares a los más necesitados. Sin embargo, su vida también destaca porque empezó en los negocios con 11 años, cuando compró su primera acción. Pese a que es muy rico, obviamente, todavía vive en su pequeña casa que compró hace cincuenta años y afirma que no necesita una mansión para vivir mejor. (más…)

  • Los prejuicios que tanto enturbian las relaciones sociales

    En las últimas semanas he perdido algunos amigos en las redes sociales. No es algo que me quite el sueño, pero si que es digno de una reflexión, puesto que esas pérdidas se deben a prejuicios sobre los grupos sociales a los que pertenecemos. Los prejuicios aparecen, fundamentalmente porque el ser humano necesita generalizar, para poder, de esa manera, rentabilizar sus recursos mentales. Es decir, atribuimos a un determinado grupo social una serie de características que generalizamos al resto. Esto supone obviar la diferencia y la peculiaridad de cada uno perjudicando las relaciones sociales.

    Así, es frecuente pensar que todos los jóvenes son unos locos, que cualquier persona con mal aspecto es un delincuente, que todos los políticos son unos corruptos, que todos los que practican alguna religión son unos retrógrados, que todos los deportistas se dopan… y podríamos confeccionar una lista interminable.

    Los prejuicios enturbian las relaciones sociales, porque hemos abusado de esas etiquetas que ponemos a los diferentes grupos. Los amigos, que han dejado de interactuar conmigo, ha sido a raíz de descubrir mis creencias religiosas. Debo ser, a juicio de algunos, un retrógrado anticuado y aburrido por practicar una religión. No he conocido, como me decía un alumno, «un religioso que jugara al fútbol». Los «religiosos» lo que tenemos que hacer es rezar todo el día. No somos personas normales, con nuestras opiniones, con actividades, como cualquier otro, sino que tenemos una determinada etiqueta que pesa como una loza en nuestras espaldas.

    Los prejuicios enturbian las relaciones entre personas porque supone atribuir características que posiblemente no poseen. No todos los jóvenes que salen por las noches, son unos borrachos y drogadictos. Algunos abusarán de determinadas sustancias, pero no podemos generalizarlo. Igualmente, otro sector estigmatizado, aparte del religioso, es el educativo. Todos los profesores viven muy bien, con muchas vacaciones, poco trabajo… Pocos conocen que, en verano, muchos profesores aprovechan las vacaciones para seguir preparándose, que tienen que dedicar gran parte de su «tiempo libre» a preparar clases, sin añadir el nivel de presión del trabajo en el aula. Así podríamos seguir nombrando cada una de las profesiones y encontraríamos muchos prejuicios para cada una de ellas.

    Los prejuicios son negativos, porque limita nuestra capacidad de aprendizaje. Los hombres son machistas… ¿todos? Los agricultores son unos ignorantes ¿Seguro? Estoy convencido que un agricultor nos puede dictar una tesis sobre cultivos, ciclos de la naturaleza, temperaturas. Sin embargo, nuestros prejuicios nos limitan, impiden nuestro desarrollo. ¿por qué no nos dejamos sorprender por lo maravilloso que es cualquier persona? ¿por qué no podemos aprender de nuestros mayores, de los jóvenes o niños? Cada cual dentro de su ámbito, tiene mucho que aportarnos. No somos simplemente un número más dentro de un grupo, sino que somos únicos, especiales y diferentes.

    El día que abandonemos los prejuicios, comenzaremos a ser un poco más felices. ¿Por qué? Pues sencillamente porque seremos capaces de ver a las personas como tal. No diremos ¡este es un friki! ¿por qué? Por cómo viste, por la música que le gusta, ¿qué más da? Detrás de cada vestimenta, de cada grupo social, de cada sector, hay persona. Una persona maravillosa, única y diferente que debe ser respetada y amada, tal como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Por tanto eliminemos prejuicios y ¡dejémonos sorprender por las personas!

  • El brillo de los ojos no se opera

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    Hace unos días asistí a un taller de coaching en el que, en una de las sesiones, me llevé como aprendizaje esa frase. ¿Qué hemos aprendido hasta el momento? -preguntó el entrenador-, «que el brillo de los ojos no se opera», respondí con entusiasmo. ¡tremenda frase!

    «El brillo de los ojos no se opera» es una frase que acuñó Lola Flores. Desconozco el contexto en el que la pronunció, pero viene a ser, a mi juicio, algo así como que por mucho que queramos fingir, nuestros gestos, nuestro rostro, la mirada, los ojos, hablan mucho más que nuestras palabras.

    Hay otro dicho popular en este mismo sentido: «El rostro es el espejo del alma». No podemos ocultar nuestras emociones. Si estamos bien, nuestro rostro reflejará nuestra felicidad, pero si las cosas no van correctamente, nuestros gestos, nuestra cara, nuestros ojos, nos delatan. Podemos fingir durante un rato, pero no eternamente. Lo que muchos desconocen, es que ese brillo, además, se transmite casi de forma involuntaria entre las personas, con diferentes denominaciones.

    No obstante, la frase no concluye de esa forma, sino que podemos revertir esta situación. En el caso de sentir infelicidad, que se delata por nuestras expresiones, podemos cambiarlo. El brillo de los ojos no se opera, significa que nadie desde fuera puede cambiar lo que sentimos en nuestro interior. Nuestro brillo, es propio, es personal, es intransferible, aunque no es definitivo. Podemos cambiarlo.

    No hay nadie que haya nacido con estrella y otros estrellados, como también se afirma popularmente. Los estrellados pueden llegar al cielo y los que están en el firmamento se han desplomado, como atestigua toda nuestra historia reciente. Pero ¿quiénes son los que llegan lejos? Todo aquel que se lo proponga. «es que… Nunca he tenido suerte, todo me ha ido mal en la vida». No creo que exista tal situación. Pero, aunque así fuera, podemos cambiarla en cualquier momento, desde que nos lo propongamos. Lo que sucede es que no podemos cambiar cosas haciendo siempre lo mismo. Si quieres, si crees que algo no va bien, lo normal es, en primer lugar reconocerlo, después cambiar. No se puede obtener un resultado diferente haciendo siempre lo mismo.

    El entrenador, además, completó la frase cuando la mencioné. «pero se opera desde dentro», lo que significa que ningún estado es permanente. Todo cambia, todo pasa, podemos modificar aquello de nuestra forma de ser que no nos guste. No estamos «predeterminados de fabrica», somos cambiantes y mejorables, hasta donde cada cual quiera llegar, hasta donde nos lo propongamos. Tu felicidad depende de ti. Si hay cosas que no te hacen feliz, que te provocan desdicha, cámbialas, pero no continúes con las mismas rutinas y pensando «siempre me ocurre a mi».

    El color de los ojos no se opera, porque las cosas de fuera no cambian nuestro brillo. Tener dinero, una posición social, tener un/a … Esas cosas nos hacen sentir mejor durante un rato, pero no definitivamente. Sólo «lo de dentro» es lo que nos hace sentir bien, lo que da brillo a nuestros ojos, lo que da sentido a nuestra vida.

  • Hoy hace un año

    Muchas cosas cambiaron para siempre hace un año. No sé si para bien o para mal. Seguramente para bien, porque todo lo que nos ocurre, siempre lleva implícito un aprendizaje. Y ocurrió, como pasan estas cosas, en un segundo. En apenas unos instantes, un despiste, un traspié, una tontería que cambia tantas cosas para siempre. (más…)

  • Dicen que cierra hotmail

    Ayer por la tarde en las redes volaba un rumor que parece cierto, Hotmail cierra. Lo gracioso, como alguien apuntaba en sus agudos comentarios, es que tantas cadenas como han circulado por correo electrónico, advirtiendo de su cierre y, ahora que es verdad, nadie nos avisa. Por la información que tengo no es un cierre. Más bien es una mutación hacia otro nombre, Outlook, que además es el programa que gestiona el correo de Microsoft. Por tanto, no se puede considerar un cierre, sino un intento de reflotar un servicio que fue indispensable para muchos hace años. (más…)

  • Cuando las nubes tapan el verano

    A veces nos dejamos llevar por lo accesorio, lo necesario y cambiamos cuando las nubes tapan un espléndido día de verano. Nos olvidamos, con frecuencia, de las cosas realmente importantes y no valoramos todo lo bueno que tenemos a nuestro alrededor. Estar vivos, los niños, poder desplazarnos de un lado a otro con comodidad… Disfrutar de la visión, de escuchar, de sentir… Terminamos por acostumbrarnos a todo aquello que nos rodea, considerándolo normal y, cuando una nube nos estropea el día de verano, nos enfadamos, todo deja de tener sentido, perdemos el humor y nos quedamos sin deseo de vivir. (más…)

  • ¿Por qué suceden las cosas?

    Desde siempre las personas se han esforzado en comprender el motivo de las cosas. ¿Qué hace que todo sea como es? Los que confiamos en Dios sabemos que todo sucede por algo. Sin embargo los que no tienen esa confianza, buscan en adivinadores, cartas, esas explicaciones. O simplemente, no buscan. No les inquieta. Hay quienes cuando están en lo malo culpan al destino. También culpan a los brujos, alguien nos hizo daño, sin saber que muchas veces somos nosotros mismos los culpables de esa situación. (más…)

  • Me voy a poner botox

    Seguramente algunos se sorprenderán, pero he decidido hacer algunas reparaciones. Todos, en algún momento de nuestra vida, caemos en la cuenta que necesitamos algunas mejoras que nos permitan estar mas bellos, más guapos. Vivimos en una sociedad en la que la apariencia lo es todo y por eso he decidido pincharme algunas cosillas con las que mejorar. Dicen que el botox no es muy doloroso y ofrece unos resultados espectaculares. Hay algunas marcas interesantes, que voy a usar y que recomiendo: (más…)

  • Fluir como las olas de mar

    Hoy estando en la playa, me vino a la memoria un consejo que me dieron unos amigos conocedores del mar, durante un verano, cuando era pequeño. Me dijeron, si alguna vez te vez arrastrado por una corriente en la playa, no desgastes tus energías nadando en contra. Déjate llevar un poco y cuando veas que se detiene la presión, entonces aprovecha y nada hacia la orilla. Fue un consejo muy sabio que en alguna ocasión utilicé con éxito al verme arrastrado por el mar. (más…)