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  • Aquello a lo que te resistes, persiste 

    Seguramente que en alguna ocasión nos ha sucedido pensar: que no me pregunte, que no me pregunte, que no me pregunte… y automáticamente sale tu nombre. También está otra: voy a ir a tal sitio y espero no encontrarme con Fulanito. Pero resulta que, en la misma puerta, te está esperando. Cuando estoy en el punto de mira por alguna situación, por ejemplo voy a recoger un título, una entrega de una distinción, cualquier cosa. Toda la tarde pensando: «espero no tropezar, espero no tropezar, espero no tropezar…» y según das el primer paso, a la vista de todo el mundo ¡cataplof! tropezón y al suelo. ¿Por qué sucede esto?

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    Precisamente por lo que nos propone el título: aquello a lo que te resistes es lo que persiste, aquello a lo que le das importancia, es lo que se hace presente en tu cerebro, aquello en lo que piensas, se hace más grande y luego, se materializa, sin duda, puesto que es a lo que le damos importancia. Por lo tanto, el gran error de algunas de las cosas que nos suceden, que atraemos, es por la importancia que le damos. Se trata de un entrenamiento cerebral.  Es como el deportista que quiere lograr batir un récord y se entrena cada día para lograrlo, trabaja cada día en ello y seguramente, si no logra batir esa marca, se quedará cerca, si persiste, si lo trabaja.  De algún modo, nuestra cabeza funciona igual, de manera que aquello en lo que pensamos es lo que acaba estando más presente en nosotros. 

    Pero claro, algunos dirán con razón: «es que a veces no puedo controlar esos pensamientos, aparecen solos». Bien, vale, el primer paso es aceptarlo. Es un pensamiento que está ahí, que me viene, pero no tengo por qué alimentarlo. Hay dos fórmulas que funcionan: la primera es mirarlos, observarlos, como en tercera persona y dejarlo ir (más o menos eso es la meditación) y la otra opción es enfrentarlo. Decirle a tu cabezota: «vete de aquí, no te necesito ahora», por ejemplo. A cada persona le funcionan diferentes técnicas, pero más o menos se puede solucionar de esa manera. Por tanto, lo primero es aceptar ese pensamiento, evitando rumiarlo. Lo malo es seguirle dando vueltas, porque entonces se hará realidad y, lo curioso, es que generalmente se hace realidad con mayor frecuencia las cosas negativas. Lo bueno parece que cuesta mucho más trabajo, que no por pensar que nos vamos a sacar la lotería, no sucede, con tanta facilidad, como tratar de evitar una situación. 

    Lo que no debe ocurrir nunca es dejarnos machacar por esos pensamientos o rumiarlos en exceso.  Hemos de hacer algo, tenemos que actuar, tenemos que tratar de salir de ese círculo vicioso, bien enfrentándonos o cambiando esos pensamientos por otros o de cualquier manera, porque, si adoptamos esa forma de vivir, no acabaremos nada bien. No nos resistamos a los pensamientos negativos, que siempre aparecen y, muchas veces, cuando menos nos hacen falta. Basta que tengamos un mal día para que todo se ponga cuesta arriba.  Así que no nos resistamos, enfrentemos o dejemos ir esos pensamientos que persisten.