Etiqueta: amar

  • El amor se aprende

     ¿Por qué hay personas que duran toda la vida y otras rompen sus relaciones? ¿Por qué hay quien tiene una pareja estable durante bastante tiempo y a mí no me duran ni una semana? Se trata sin duda de preguntas razonables que podemos hacernos y que, probablemente, en alguna ocasión te hayas formulado. No en vano, es frecuente que, cuando salen en televisión algún matrimonio longevo que le pregunten sobre los ingredientes de su felicidad.  

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    Como ya hemos dicho en otras ocasiones: no hay fórmula mágica para que el amor dure toda la vida.  Por mucho que ese matrimonio que sale en televisión dando la lista de motivos por los que llevan cien años juntos, no es válido para todos.  Es obvio que lo que a unas personas les funciona, a otras no.  Lo que sí está claro, o al menos tengo claro, es el título de este post: «El amor se aprende».   Tiene que haber una disposición para amar si queremos que la relación se mantenga con el tiempo.  

    Hoy en día estamos bastante acostumbrados a cosificar, a usar todo como si fueran cosas. El caso del amor y las relaciones no es menos.  Ya no me interesa esta relación, pues la dejo; ya no me interesa esta persona, no hablo con ella, no le contesto a los mensajes, le hago —utilizando el argot digital— ghosting y dejo sin previo aviso a cualquiera como si fuera un electrodoméstico viejo, una silla rota o una servilleta usada.  

    Pero abramos paréntesis para excluir situaciones insostenibles: maltrato, cualquier tipo de falta de respeto, cualquier conducta inapropiada verbal o no. En esos casos, sin ningún tipo de miramiento ni arrepentimiento, hemos de poner tierra de por medio. En esta propuesta hablo de situaciones normales, relaciones normales. Si nos sentimos mal, agredidos o agredidas de forma sostenida con el tiempo, es absolutamente adecuado romper. 

    En situaciones normales hay momentos en los que la monotonía se hace presente, en los que no sentimos las mariposas en el estómago, que parece «que se acaba el amor» y algunos, en esa tesitura, deciden poner fin a la relación. Es por eso por lo que propongo que el amor se aprende.  Se aprende porque tenemos que seguir luchando si creemos que merece la pena. Porque a veces dejamos que ese lunar tan bonito que tenías antes se convierta en una verruga.  Porque esa forma simpática que tenías de colocar el cepillo de dientes es ahora una tortura, porque te hacía gracia cómo colocabas los víveres en la despensa —por orden alfabético— y ahora eso es una tortura. Son las pequeñas cosas del día a día las que hacen que la relación se deteriore.  Y donde antes había simpatía y amor, ahora parece que hay incomprensión.   ¿Qué pasó entonces?

    Nada. Absolutamente nada.  Simplemente cambiamos, crecimos, nuestro punto de vista fue cambiando y ahora no me parece bien que la escobilla del baño esté en el lado derecho del retrete (verídico: una vez me enteré de una discusión de pareja por el lugar de la escobilla del baño). Por eso hemos de aprender cada día que cambiamos, que no somos iguales ni inmutables, que las personas, con la edad, con el tiempo cambian. Y hemos de saber adaptarnos a esos cambios. Por eso el amor se aprende.  No paramos de aprender nunca.  Y cuando dejamos de aprender, de apreciar, de intentar entender a la persona con la que convivimos, todo se complica y termina bastante regular o mal. 

    Por eso, si queremos que una relación dure mucho y llegue a cumplir cien años juntos, un ingrediente puede ser aprender. Aprender el amor cada día. Tener empatía y tratar de valorar cada cambio, cada situación, no como un rechazo hacia nosotros, sino como un paso más en la madurez, en el crecimiento personal y en la vida.  Puesto que la vida es aprendizaje, el amor también se aprende. 

  • Los recuerdos no son reales

    Puede parecer extraño, pero es así. Nuestra mente se adapta a los distintos momentos que vamos viviendo, de modo que lo que recordamos no es tal como creemos, no con total exactitud. Distintos estudios demuestran que nos vamos adaptando a las circunstancias y que, lo que recordamos no es exactamente como pensamos.

    Los recuerdos mienten…
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  • No puedes amar si no te amas primero

    Del amor se ha hablado mucho. Es de los sentimientos más raros que conocemos porque es capaz de transformarlo todo, de hacer irracional todo, que algunos no comprenden como es posible que se cambie y se actúe de tal manera ante ese sentimiento. Hay quien dice que el amor carece de lógica, no tiene sentido que actuemos como lo hacemos cuando nos enamoramos. No es posible demostrar eso que sentimos por esa persona y no por otra. Es por ello que el amor lleva en algunas ocasiones a cometer alguna locura. Entre ellas el olvidarse absolutamente de uno/a mismo/a para dedicarse y, a veces someterse a la otra persona. Así es que no podemos amar, si no nos amamos primero.

    no puedes amar si no te amas primero
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  • La respuesta está en el corazón

    Escuché esta afirmación hoy mismo y me impresionó. No porque sea una frase bonita, no porque sea algo estupendo que podemos decirle a alguien como respuesta a sus dudas, sino porque alberga un aprendizaje potente que todos/as deberíamos asumir. No se trata sólo de amar más y rumiar menos. No es simplemente ser enamoradizo y pasional. No es dar importancia sólo a las emociones olvidando todo lo demás. Es algo con lo que estoy plenamente de acuerdo: Habitualmente no buscamos las respuestas en nosotros mismos, sino que queremos que todo nos venga dado de fuera. O, también, no nos escuchamos todo lo que deberíamos.

    La respuesta está en corazón
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  • Cree en ti

    Nuestra autoestima es clave para un buen desarrollo personal. En ocasiones tenemos depositada todas nuestras expectativas fuera de nosotros/as, en las circunstancias, en tener un buen trabajo, un éxito que nos llegará desde fuera, porque alguien nos da algo y no porque lo merezcamos. Mereces ser feliz. Por tanto, es más que importante creer en cada uno de nosotros/as, cree en ti.

    Cree en ti.. .siempre
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  • ¿La felicidad nace de la comparación?

    La búsqueda de la felicidad es un reto constante. Mucho se ha dicho en este blog, una cantidad mayor se vierte en otros tantos lugares. Sin embargo hay una duda reciente sobre la cuestión de la felicidad. ¿Somos felices comparados con quién? Es probable que nuestra sensación de felicidad venga originada por la comparación, cuestión que en principio es un error notable, porque esa misma comparación invita a la infelicidad. Me explico…

    ¿La felicidad nace de la comparación?
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  • ¿Tienes la obligación de cambiar?

    Algunas personas quieren que cambiemos. Ocurre con cierta frecuencia en las parejas. Alguien nos atrae y empezamos una relación con el deseo de que cambie aquellas cosas que no nos gustan. Hay quien tiene la terrible manía de pretender cambiarnos, moldearnos, hacernos a su medida, cuando por suerte o por desgracia, los verdaderos cambios nacen únicamente del interior.

    No se cambia por imposición
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  • ¿Emoción o decisión?

    ¿Son las emociones controlables o campan a sus anchas? Leía una reflexión sobre el amor. Una persona se mostraba preocupada porque aseguraba había perdido el amor que sentía hacia la otra persona. Un consejero le decía que lo mejor, ante esa situación es amar a la persona que ya no ama. ¿Pero como voy a amar a alguien que ya no amo? —insistía— Amándola, respondió. Entonces surge la pregunta ¿amar es una emoción o una decisión? ¿Puedo elegir amar o es algo instintivo e incontrolable?

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  • Amar siempre

    Hay quien detesta este día. Lo ven como algo forzado, consumista o simplemente, no están enamorados y no les dice nada esta celebración. Sin embargo, siempre me he mostrado partidario de celebrar aquello que se nos propone, para eso están las celebraciones. Cumpleaños, santos, Navidad, carnavales, cualquier fiesta es celebrable sin necesidad de consumir o regalar. Lógicamente, no es en absoluto necesario regalar para celebrar algo tan maravilloso como es el amor. Nadie está obligado a regalar nada a comprar o fingir algo que realmente no se siente. Pero no cabe duda que el amor es esencial para nuestras vidas.

    Amemos siempre
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  • Somos lo que queremos

    Que guapa soy es una peli en la que la protagonista, después de golpearse la cabeza, se ve como siempre ha soñado: guapa. Nosotros somos un poco así: somos como nos vemos ¿Cómo te ves, como te sientes? Tal como pienses que eres, así serás. Si te ves guapa o guapo, seguramente así serás. Si, por el contrario consideras que eres un desastre, tu apariencia y vida será así.

    Tal como te sientes, así serás
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