Supongo que la respuesta será afirmativa. Todos queremos librarnos de los problemas. Ser personas que vivamos felices y sin ningún tipo de complicación. Sin embargo hay dos cuestiones claras: la primera es la misma palabra “problema” ya es un problema y la segunda como abordar aquellas cuestiones que nos preocupan. Hay dos o más sencillas fórmulas para abordarlos, pero me quedo con dos reglas básicas para quitarte todos los problemas de encima.
De todos es sabido la importancia del lenguaje. No cabe ninguna duda que todo aquello que decimos y, por supuestísimo, lo que nos decimos tiene especial importancia en toda nuestra vida personal. Es curioso que, tal como si fuese un niño/a de corta edad, podemos “engañar” a nuestro cerebro para hacer cosas que nos cuestan. Una frase que he descubierto recientemente es la que da título a esta entrada: “Tengo la oportunidad de…” y añadimos lo que queremos, sustituyendo esta frase por “Tengo que, debo, ahora voy a…,” y tantas otras que nos dan la sensación de estar obligados a hacer algo.
Volvemos al tan traído y llevado tema de la felicidad. Se han dado cientos de definiciones, se trata de buscar en los más recónditos lugares, hay quien dice ser feliz y quien asegura que es absolutamente infeliz. Probablemente sea revelador saber que la felicidad no es una finalidad, no es un estado, no es un lugar de llegada, sino que es la consecuencia de tantas otras cosas en la vida. Entender esto nos puede poner en la senda de la felicidad más profunda. No se trata de decir «como soy feliz, me encuentro bien», no es «cuando llegue a tal lugar o tenga tales cosas, seré feliz», no. Porque soy y porque estoy bien, estoy feliz, porque estoy agradecido/a, porque amo, soy feliz.
En una animada conversación entre amigos charlaban, a poco de conocerse sobre sus gustos. Fue curioso cuando intercambiaban ideas sobre deportes y a Marcos le gustaban casi todos los que nombraban. Veía fútbol, practicaba baloncesto, atletismo, senderismo, así que congeniaba muy bien con el grupo. Luego tocó el turno a la gastronomía y, fue más curioso aún, cuando también había degustado de casi todas las comidas y recomendaba lugares donde se elaboraban los platos con gran calidad. Hablaron también de cine y televisión y, otra vez, conocía muchas de las series y películas, dando una crítica interesante de las películas de las que se hablaban… hasta que alguien en tono jocoso dijo: Marcos, es que a ti te gusta todo.
Aceptar, probar, descubrir, una buena forma de ser felices (más…)
Había escuchado hablar de las pequeñas mejoras cotidianas. Aquello que hacemos cada día y que nos mejora en cualquier actividad que realicemos. Es muy probable que no tomemos demasiado en serio los pequeños hábitos diarios, pero lo que no me cabe duda es que todo lo que hacemos, por pequeño que sea nos condiciona para bien o para mal.
Siempre he recomendado la reflexión en este espacio. Estoy totalmente convencido que no prestamos demasiado tiempo a nuestro interior, a nuestro yo. Sin embargo, surge la gran pregunta: ¿Qué diferencia hay entre reflexionar y comerte la cabeza? ¿Dónde está la línea roja que marca la división entre una y otra? No es fácil responder a estas preguntas, pero voy a tratar de hacer esa distinción. No sé que tal quedara…
Presento la versión podcast de la última publicación en el que reflexiono sobre las redes sociales, el postureo en las vacaciones durante esta época estival…
Estaba leyendo una entrevista sobre el “postureo en las redes” que crece exponencialmente durante el verano, todos/as queremos mostrar nuestras vacaciones ideales, la foto idílica en la playa, el lugar extraordinario donde estamos con nuestros familiares y amigos… Pero lo cierto es que rara vez sucede así. Ciertamente fingimos para sacar esa instantánea que luego publicamos en los perfiles. No sonreímos todo el día, no es todo tan maravilloso, porque algún percance hubo en nuestras vacaciones, sin embargo mostramos lo mejor y eso, está bien.
Versión podcast de la última entrada en #SiempreEnPositivo💪👆 en la que de una forma más amplia hago la reflexión sobre aquellas cosas que no nos hacen felices y que deberíamos dejar marchar…